Elena Rodríguez y Ángel Segade: «La relación entre mujeres y hombres era muy superficial en la época»

irene martín SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

Organizan el 50 º aniversario de la promoción de Medicina 1966-72 en la USC. El sábado se reúnen unos 50 médicos. Tenían gimnasia, religión y política en la carrera

10 may 2022 . Actualizado a las 23:24 h.

Se suceden los reencuentros universitarios con la vuelta a una vida social menos restrictiva. La promoción de Medicina 1966-72 celebra el próximo sábado su quincuagésimo aniversario con la asistencia de medio centenar de personas a un acto académico en la facultad y la correspondiente comida de hermandad en el Hostal dos Reis Católicos. Los organizadores principales son Elena Rodrigo Sáez (Vitoria, 1948), que fue pediatra del Hospital Clínico y catedrática de Enfermería Infantil, y Ángel Segade García (Santiago, 1948), oftalmólogo aún en ejercicio. En conversación con ambos, brotan recuerdos y anécdotas: «La relación entre mujeres y hombres era muy superficial. No se mezclaban en los grupos que surgían. Veníamos de la separación por sexos en el bachiller y persistía esa mentalidad». A pesar de todo, la doctora Rodrigo señala que se sintió «muy integrada», mientras que el doctor Segade apostilla que eran «la cola» del nacional-catolicismo, al tiempo que le dice a ella que venían a clase vestidas «como monjas». (Risas).

«Todo lo que soy se lo debo a Galicia. Profesionalmente llegué a donde no podía ni imaginar. También es cierto que soy muy luchadora y, al principio, me costó entrar, no entendía el gallego… Llegué con 17 años», indica esta vasca que conserva el acento tras toda una vida aquí. Entre chascarrillos, ambos recuerdan que tenían gimnasia, religión y política; o que había tres estudiantes que tenían coche y aparcaban delante de la propia facultad; y cómo corrían para llegar a clase de Anatomía, con el profesor Fontán, a las nueve de la mañana, porque cerraba la puerta a las nueve y un minuto: «Aquello lo bautizamos como las carreras de San Francisco, remedando a una serie televisiva de la época, Las calles de San Francisco». Concluyen que había que estudiar «mucho», pero el ambiente era «muy bonito», aunque aquella vida universitaria «se perdió», afirman.

 Vivieron en segundo curso el cierre de la universidad, de febrero a mayo del 68, siendo destituido el rector Echeverri como consecuencia de la revuelta estudiantil. «Asistíamos a las asambleas, pero sin participar activamente, porque, entre otras cosas, teníamos mucho miedo a las represalias. Yo tenía a mi padre detrás advirtiéndome de que no me metiese en política», precisa él. «Y yo a mi madre diciéndome que, como suspendiese y perdiese las becas, no podría seguir estudiando», advierte ella. «Lo prioritario era acabar la carrera para poder independizarse», tal como indican.