Mercedes Corbillón: «Muchos me conocen por la librería, pero con Corbi llevo 30 años en Santiago»

Olalla Sánchez Pintos,O. Sánchez
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO CIUDAD

La pontevedresa Mercedes Corbillón, fundadora de la librería Cronopios, demuestra en su piso de la zona vieja de Santiago su afición lectora. «Eso me llevó a convertirme en librera», apunta al hablar de un negocio que suma relevancia: «Jamás pensé que tras pocos años podría ser yo la que recomendase libros»
La pontevedresa Mercedes Corbillón, fundadora de la librería Cronopios, demuestra en su piso de la zona vieja de Santiago su afición lectora. «Eso me llevó a convertirme en librera», apunta al hablar de un negocio que suma relevancia: «Jamás pensé que tras pocos años podría ser yo la que recomendase libros» XOAN A. SOLER

La librera que está detrás del fenómeno Cronopios desvela su lado más personal y compostelano: «Hay que ser muy romántica para ir a vivir a la zona vieja por todos sus peajes. Yo lo soy»

12 oct 2021 . Actualizado a las 21:25 h.

En doce años, y gracias al tirón de Cronopios, Mercedes Corbillón se ha convertido en una de las libreras de mayor eco en Galicia, algo que aún la sorprende. «Yo ante todo soy lectora», remarca esta pontevedresa de 52 años que, tras llegar a Compostela con 18 para estudiar graduado social, ya se quedó. «Mi vida está aquí», admite sin negar el equívoco que a veces la sitúa en su ciudad natal. «Muchos me conocen por la librería, pero con la inmobiliaria Corbi llevo 30 años en Santiago», añade al desvelar su lado más personal.

Su padre cogió en los años 80 el traspaso de la inmobiliaria Portela y en la rúa Nova de Abaixo fundó Corbi, un negocio dedicado sobre todo al alquiler de pisos, muchos para estudiantes, y al que ella se incorporó. «En estas tres décadas todo mejoró mucho, también el comportamiento de los jóvenes. En contra de lo que se dice, antes éramos más canallas. Me acuerdo de ir a ver pisos en verano en los que se guardaban las botellas de todo el año encima del armario. Eso ahora nunca pasa», desliza, sin olvidar reflexionar sobre cómo el precio de la vivienda condujo a muchos vecinos a la periferia, algo que en su caso no ocurrió. «Hace tres años me fui a vivir a la zona vieja. Hay que ser muy romántica, o tener una resistencia numantina, para hacerlo por todos sus peajes, pero yo lo soy», aclara risueña. «Mis hijas, que viven una semana conmigo y otra con mi exmarido, siempre se quejan de que en el piso falla Internet. Mi coche está aparcado en la plaza de Vigo. Aún no me saqué la tarjeta de acceso para poder meterlo en el casco histórico. En muchos sentidos soy muy cronopia», resalta divertida al identificarse con un personaje literario con el que el escritor Julio Cortázar representó a unos seres desordenados o soñadores, una idea que también sirvió de base para nombrar al otro gran proyecto familiar. «En el 2009, y ante la crisis, dos hermanos y yo reconvertimos la sede de la inmobiliara que mi padre tenía en Pontevedra en una librería. A todos nos encanta leer. Era un sueño latente que teníamos. Tres años más tarde no dudé en abrir otro local en Santiago, donde vivo», explica al introducir ya un proyecto en la rúa Alfredo Brañas que desde el inicio sorprendió a muchos por su puesta en escena, luminosa, abierta y dinámica. «Mi hermana, que es la única a tiempo completo, hace que todo funcione. Yo soy la librera farandurela, la que organizo eventos y recibo a autores», bromea al hablar de un cometido que le ha llevado a tener relación con muchos. «Gente que entró como público, como Arantza Portabales, conoció aquí a su primer editor de cuentos y, años después, presentó en Cronopios su novela ya publicada. Eso emociona, igual que ver que escritores como Javier Peña, Juan Tallón, Inma López Silva, Alejandro Palomas o Manuel Loureiro siempre nos escogen para dar a conocer sus libros. Pienso que se creó una comunidad. Creo que muchos se van con la sensación de haber vivido algo bonito», encadena, sin olvidar agradecer la respuesta de los clientes. «Un pintor nos contó que nunca había entrado en una librería porque pensaba que no era un lugar para él, pero que al escucharnos hablar de libros por la radio de una manera desenfadada y desacralizada se atrevió. Eso es lo mejor que me han dicho», enfatiza. «Algo que me enorgullece es haber creado un "ilustre club de lectura" donde hemos leído a autores del máximo nivel de una manera cronopia y anárquica o haber montado talleres, como uno sobre el Ulises, en el que se anotaron más de 30 personas, u otros impartidos por profesores de la USC. En Santiago nos hemos reído mucho», recuerda al comparar ambas sedes. «En Pontevedra vendo más, pero aquí tengo una respuesta asegurada de mis habituales. A veces dejo de hacer cosas allí, aunque me lleguen críticas de mi madre», defiende con cariño.

Sin descanso, y mientras avanza que poco a poco se introduce como autora en el mundo editorial, apunta que no descarta crear un premio literario o, incluso, trasladar la tienda a la zona monumental. «Así seguiría mis pasos. A pesar de sus inconvenientes, ahí soy feliz», subraya con una emoción que también traslada al ámbito literario. «En la tienda disfruté lo que nunca hubiese imaginado. Mi vida emocional y social se vincula ahí. Corbi es un trabajo, pero Cronopios es una extensión de mí», acentúa.