Limpian el 80 % de parcelas junto a casas en parroquias de Santiago con riesgo de incendios

Olimpio Pelayo Arca Camba
olimpio p. arca SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Sandra Alonso

Son 127 hectáreas de fajas secundarias en Figueiras y Fecha, áreas castigadas por fuegos forestales

30 jun 2021 . Actualizado a las 13:39 h.

El 80 % de las parcelas situadas en un margen de 50 metros desde los núcleos rurales de Figueiras y Fecha, en Santiago, están limpias en la actualidad. Así lo indica la Consellería de Medio Rural, que explica que esas llamadas fajas secundarias suman en las dos parroquias algo más de 127 hectáreas. Ese 80 % acondicionado se gestionó a través de contratos con Seaga, dentro del convenio suscrito por empresa con Fegamp y al que está acogido el Concello compostelano, o bien con limpiezas realizadas por los particulares. Los técnicos proceden en la actualidad a la revisión de esas tareas, claves para intentar evitar que en caso de incendios forestales el fuego llegue a destruir viviendas. El convenio se aplica en parroquias priorizadas, esto es, las que registraron en los últimos años un alto número de incendios. El coste para los vecinos de la gestión de fajas secundarias por parte de Seaga es de 350 euros por hectárea.

Una de las parroquias priorizadas, Figueiras, fue ya este año noticia por ver arder su monte: en marzo se calcinaron 40 hectáreas, en una parroquia con 36 incendios en la última década.

¿Por qué arde el monte? José Quintáns, presidente de la asociación de vecinos, lo tiene claro: «Porque está abandonado, en estado salvaxe. Medran silvas, xestas e toxos sen control, e esa gran masa combustible debaixo dos eucaliptos provoca que o incendio sexa moi difícil de apagar. A auga dos helicópteros faise vapor en contacto coa maleza a esas altas temperaturas. O lume apágase nos últimos 50 anos sempre no mesmo punto: ao chegar á estrada».

Quintáns considera que el remate de la concentración parcelaria de montes de Figueiras y Villestro, iniciada en 1991 y con bases definitivas aprobadas en el 2009, es la solución a este problema recurrente. Son 1.523 hectáreas de superficie, con 1.219 propietarios de las 14.072 parcelas actuales. Pero señala que no hay visos de que prospere, pese al interés vecinal por ver finalizado el proceso, traducido en iniciativas ante distintas administraciones. La última de ellas, el traslado a todos los grupos del Parlamento de Galicia en enero del 2020 de una solicitud formal para que la Xunta concluya la parcelaria. Pese al apoyo por unanimidad, Quintáns señala que desconoce ningún avance, pese a asegurar que es el camino para reducir incendios: «Vese no sucedido en marzo. A franxiña na que un veciño ten un establo con dous cabalos que pacen alí salvouse do lume. Eso evidencia que se no monte hai actividade, non se queima», además de posibilitar un uso forestal que complementaría la economía de los vecinos de este entorno rural.

«A xente ve o lume e ten medo de perder a súa vida. Somos traballadores, a nosa vida é a casa»

José Quintáns sabe en primera persona lo que es vivir pendiente del monte y de las consecuencias que puede tener un incendio forestal que se descontrole: «Pola mañá, o primeiro que fas é mirar pola ventá. Sobre todo en días con 30 graos e vento norte por riba de 30 por hora». En jornadas como la del 20 de marzo, cuando el fuego en el monte de Folgoso se hizo realidad en el horizonte próximo, los vecinos se reuniron en el centro del lugar para decidir cómo ayudar: «Un deles ten un tractor con cisterna, e miramos onde ir con el para protexer as vivendas con maior risco». Días en que orientan a las brigadas sobre los mejores accesos al monte, «aínda que eles coñéceño bastante ben». Después, esperar y vigilar el viento. Horas de angustia: «A xente ve o lume e ten medo de perder a súa vida. Somos traballadores, a nosa casa é a nosa vida». Por fortuna, por el momento sin lamentar pérdidas humanas pero el riesgo está, dice.

El riesgo al lado de casa

Una experiencia vital que explica la preocupación de Quintáns cada vez que observa una maleza de mayor altura que él mismo en una finca separada de su propiedad por apenas un camino. Él, que vio arder ya en el 2006 su garaje en la desoladora plaga de fuegos de aquel año.

Por eso en junio del 2017 empezó a reivindicar ante el Concello de Santiago la toma de medidas para el desbroce de la parcela. Una inspección municipal al mes siguiente constató que el predio presentaba una incorrecta gestión de la biomasa forestal. Pero por ausencia de identificación veraz del titular, se acordó la suspensión provisional del procedimiento. Siguieron nuevos escritos y nuevas respuestas, mientras la maleza seguía creciendo.

Quintáns acusa al Concello de abandono e incapacidad: «Eu mesmo lle argumentei ao técnico que podía consultar o Catastro, o rexistro da propiedade ... E hai outros fórmulas, como desbrozar de oficio, e cando os custos superen o valor catastral da parcela, pasa a propiedade municipal». En todo caso, afirma que lo inaceptable es que no se actúe. Baraja por eso llevar el caso al Valedor do Pobo, mientras califica los bandos municipales ordenando la limpieza de fincas como «un quedabén, facer que fas. Se o Concello non controla se cumpres ... Que poñan xente a traballar neso», reclama.