Patricia Pardo: «Fuera me conocen por Ana Rosa; aquí aún soy Patricia A Peiteada»

Olalla Sánchez Pintos,O. Sánchez
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO CIUDAD

La santiaguesa Patricia Pardo, colaboradora de «El programa de Ana Rosa», regresó estos días a su ciudad tras un año de pandemia. «Lo bonito de Santiago es que la zona vieja no pierde su esencia. Está igual que cuando yo tenía 4 años», destaca en el Obradoiro. «Mi abuelo era organista en la Catedral», añade con orgullo
La santiaguesa Patricia Pardo, colaboradora de «El programa de Ana Rosa», regresó estos días a su ciudad tras un año de pandemia. «Lo bonito de Santiago es que la zona vieja no pierde su esencia. Está igual que cuando yo tenía 4 años», destaca en el Obradoiro. «Mi abuelo era organista en la Catedral», añade con orgullo XOAN A. SOLER

La conocida presentadora, que sustituirá de nuevo a Ana Rosa durante el verano, revela su lado más personal y compostelano: «La gente aún se acuerda de las tiendas de ropa de mis padres por sus nombres de bailes, como Mambo o Charleston»

09 jun 2021 . Actualizado a las 00:17 h.

Fue estos días, y tras un año alejada de Galicia, cuando Patricia Pardo, la conocida presentadora y suplente habitual de Ana Rosa Quintana en el matinal de Telecinco, pudo saciar, aunque brevemente, su «morriña compostelana». «Mis padres ya están vacunados y yo pasé este año el covid. Al fin pude venir y verlos», acentúa con alegría desde el casco histórico mientras enfatiza que esta es aún «su casa». «Llevo dos décadas en Madrid, viví allí más tiempo que en Santiago, de donde me fui con 18, pero esto lo tengo muy presente», remarca al recordar sus orígenes. «La gente aún se acuerda de las tiendas de ropa de mujer que abrieron aquí mis padres, y que mantuvieron hasta la crisis del 2008, por tener nombres de bailes, como Charleston, Mambo, Sonata o Can-can. Ellos se conocieron en una sala de fiestas de Rianxo y aún les gusta mucho bailar», explica con cariño. «De mi padre, además del carácter, heredé la altura. Cuando tenía 13 años yo ya medía 1,83 metros. De mi madre dicen que somos iguales», comenta. «Mi infancia la recuerdo ligada a la moda y al trasiego de gente en el comercio de Xeneral Pardiñas donde estaba ella. También, al ático de la Senra donde vivíamos y desde donde veía Praterías, o a As Orfas, donde estudié junto a amigas que conservo. De una monja de ese colegio adopté mi lema "pasiño a pasiño faise o camiño"», recuerda. «Mi mejor etapa en Santiago, y la última, fue la del instituto Rosalía. No olvido cómo celebrábamos el fin de curso en la fuente de la Alameda», evoca riendo.

Ya en Madrid, donde cursó Periodismo, inició una exitosa carrera televisiva en canales como ONO, Antena 3 o Telecinco y en formatos como corazón o magacines hasta que en el 2010 se asienta con naturalidad y voz propia en el programa de Ana Rosa. «Soy vehemente, de mecha corta, pero eso a ella le gusta. Empatamos bien. También soy muy perfeccionista. Esa es mi virtud y mi defecto», confiesa sobre una exigencia mostrada en casos como el de Asunta, por el que muchos aún la recuerdan. «Pocos sucesos me van a estremecer más por su crueldad, por tocarme en mi tierra y por conocer a la víctima. Lo viví a flor de piel. Los abuelos de la niña eran clientes de la tienda de mi madre. Vivían en la misma calle», resalta mientras rebate cualquier recelo por sensacionalismo. «Creo sinceramente que si alguien nos califica así es porque no ve el programa. Allí llevas al límite el cuidado con los sucesos. También interiorizas el convivir con comentarios negativos. Ya no me afectan lo más mínimo», defiende. «Yo antes era capaz de poner distancia con los temas, pero desde que soy madre, y con niños por el medio, me cuesta no empatizar», añade al encadenar más coberturas que le marcaron. «Durante un reportaje en Bulgaria sobre la venta de mujeres me llegaron a ofrecer a un bebé que se llamaba Sofía. Le puse ese nombre a mi segunda hija», subraya. «Tampoco olvido el día del Alvia. Entraba en el Obradoiro para vivir los fuegos como compostelana cuando me llamaron del programa. Bajé a Angrois con lo puesto y me quedé una semana. Estaba de vacaciones. Había venido en ese mismo tren una jornada antes», apunta. «En Galicia no hay muchos temas que haya podido cubrir con una sonrisa», lamenta antes de rememorar su anécdota más sonada. «Fue en una lotería de Navidad cuando, camino a Sort, me quedé atrapada de noche con un taxista en una nevada. Su mujer no le creía y al día siguiente lo sacamos en directo para que viera que no estaba con otra mujer», aclara. «Hay quien también que me recuerda que soy comellona. Lo dicen porque mientras hacíamos guardia en la casa de Rosario Porto llegué a pedir una pizza. Llevábamos horas esperando y nadie comía, y yo lo necesito», recalca divertida.

De cara al futuro, y mientras ya piensa en un nuevo verano en el que sustituirá a Ana Rosa -«jamás me comparo con ella»-, se alegra de poder regresar a Galicia. «El San Juan me gusta disfrutarlo en Taragoña, de donde es mi familia materna. Allí nuestro apodo, por un apellido antiguo, es Os Peiteados. Fuera me conocen por Ana Rosa; aquí aún soy Patricia A Peiteada», desliza con ilusión. «Otra parada obligatoria es Santiago, donde ya pude retomar tradiciones como la de ir a cenar con mi hermana a la crepería de A Quintana. Al vernos los dueños dijeron "aí veñen as chicas altas"», sostiene. «Cuando vives fuera emociona que aún se acuerden de ti», concluye.