La apertura de la intermodal de Santiago afianza a la SC-11 como acceso desde Os Tilos

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor SANTIAGO

SANTIAGO CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

Es un itinerario más corto y cómodo que por Clara Campoamor o el Hórreo

30 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La inauguración la semana pasada de la nueva estación de autobuses en la calle Clara Campoamor y junto a la de tren, configurando así la primera intermodal que entra en funcionamiento en Galicia, hace necesario replantear el modo en el que se accede y se sale de Santiago en dirección sudeste. Este es uno de los ejes de la ciudad que soporta un mayor flujo diario de vehículos porque aglutina las entradas y salidas desde las muy pobladas urbanizaciones de Os Tilos, Montouto o Cacheiras, así como desde Vedra, Boqueixón, A Estrada y desde la autopista que va a Silleda y Lalín, la AP-53. Es, además, uno de los accesos más utilizados desde la AP-9. Con la nueva infraestructura en funcionamiento cobra un mayor protagonismo la SC-11 —que en un tramo se denomina avenida de Santiago de Cuba—, que de los tres itinerarios posibles entre la rotonda de la avenida de Lugo con Torrente Ballester y la que une O Restollal con la salida a Teo es el más largo en kilómetros, pero mucho más cómodo y corto en tiempo.

La apertura de la pasarela peatonal de la intermodal ha incrementado el paso de viandantes que cruzan Clara Campoamor
La apertura de la pasarela peatonal de la intermodal ha incrementado el paso de viandantes que cruzan Clara Campoamor PACO RODRÍGUEZ

Clara Campoamor, más tráfico y peatones por la pasarela

Clara Campoamor nació como un vial de para desatascar el tráfico de uno de los puntos más conflictivos de Santiago, el cruce de la Galuresa, donde la SC-20 tenía una de sus entradas principales a la ciudad. Por eso se concibió con dos carriles por cada lado, para que fuese una alternativa eficiente, especialmente cuando se llevaron a cabo las obras del túnel del Hórreo. Desde entonces, se convirtió en un vial por el que los vehículos transitaban a altas velocidades y esa era en general la queja de los vecinos. La llegada de la intermodal lo ha cambiado todo, porque esta calle ha sido reformada y ahora solo cuenta con un carril por cada sentido, además de uno reservado para bicis y otro para autobuses y taxis. El tráfico ha aumentado y el flujo de buses, que se calcula en uno por minuto, hace que ahora haya muchos semáforos para facilitar su entrada y salida de la estación, lo que ralentiza el trayecto. Además, la apertura de la pasarela peatonal que ahora conecta los barrios del Ensanche y Pontepedriña ha incrementado de tal modo el tránsito de personas por este punto que obliga a detenerse con frecuencia para que crucen por el paso de cebra habilitado. Después, el itinerario exige pasar por la avenida de O Restollal hasta llegar a la rotonda que la conecta con la SC-11, las autopistas AP-9 y A-53 y las carreteras que van a Teo y A Estrada. En total, hay que recorrer 2,7 kilómetros que, el día que se hizo el estudio —jueves entre las 19.23 y las 19.58 horas—, se cubrieron en cinco minutos y 36 segundos.

El cruce de la Galuresa es un punto conflictivo por la gran densidad de tráfico que soporta
El cruce de la Galuresa es un punto conflictivo por la gran densidad de tráfico que soporta PACO RODRÍGUEZ

El Hórreo, la opción menos aconsejable

Además de ser algo más largo, porque el itinerario cuenta con tres kilómetros, esta es la opción menos recomendable porque, además de incómoda porque obliga a transitar por el centro de Santiago, es la más larga, ya que, el día que se hizo el estudio, fueron necesarios siete minutos y 38 segundos. Hay varios puntos conflictivos. Para empezar, la salida de la SC-20 hacia la calle del Hórreo, que culmina en una rotonda que siempre es complicada. Después continúa por esa misma calle, pasando por delante de la estación de tren y la pasarela de la intermodal. Es fácil acabar deteniéndose en hasta cuatro semáforos en rojo, como fue el caso, y después aún hay que sortear la siempre conflictiva rotonda de la Galuresa. El recorrido continúa por la calle Amor Ruibal, limitada a 30 kilómetros por hora con las nuevas normas porque en ella está el instituto de Pontepedriña. Aquí hay cojines berlineses para reducir la velocidad y un fotorrojo en un semáforo. Además, la incorporación a la rotonda en la que se une con la avenida de O Restollal es complicada porque casi siempre hay circulación intensa.