Los pubs de Santiago quieren dar los buenos días

Locales nocturnos como el Atlántico, el Momo o el Garoa pretenden mantener la sesión vermú cuando terminen las restricciones horarias


santiago / la voz

La hostelería nocturna, más que ningún otro sector zarandeado por la pandemia, sigue entre penumbras a la espera de tiempos mejores, que en esta crisis solo pueden propiciarlos las vacunas y una situación epidemiológica muy favorable que todavía no se da. Con las discotecas y salas de conciertos cerradas desde el mes de agosto, los únicos que han encontrado un poco de oxígeno han sido los pubs que, con muchísimas dificultades y beneficios escuetos, han reorientado sus negocios para adaptarse a las exigencias horarias y a las medidas de seguridad.

Los más veteranos de la noche han hecho de la necesidad virtud y ya han decidido que cuando regrese la normalidad algunas cosas no volverán a ser como antes: «Serán mejores, daremos más servicio a nuestros clientes», afirma Javier Rivera, al frente del pub Momo desde 1984. Tradicionalmente, el local de Virxe da Cerca abría a las cuatro de la tarde y cerraba unas doce horas más tarde, pero la pandemia ha desplazado el tiempo de trabajo hacia la mañana. Ahora abre sus puertas -y el jardín- desde el mediodía, una dinámica que Javier pretende mantener pase lo que pase en los próximos meses. ¿Renunciaría a la noche por el día? «No, no, yo reivindico la hostelería nocturna, es mi negocio y creo que no podemos perder nuestra identidad como pub y como país, esto no es Suiza», advierte.

La misma reflexión hace Pilar Fernández, del Atlántico, una noctámbula devota que incluso encontró en las madrugadas un buen estilo de vida para conciliar y educar a sus hijos, lo que no le impide reconocer su satisfacción por haber empezado a abrir a partir de las 12.30 horas los fines de semana y los festivos. «El horario diurno era una tendencia y ya lo teníamos en mente, la pandemia solo lo ha acelerado», admite esta barmaid orgullosa de ver pasar la vida desde las ocho ventanas de su local de San Miguel. Tampoco tiene dudas entre papá y mamá: «La noche es especial, implica más ocio, es otro estilo», defiende.

A falta de golferío nocturno, el Garoa también ha estirado su horario por donde le permite la ley, por la mañana. Ya era una referencia de las tardes, y ahora ha adelantado su hora de apertura de la una del mediodía, para incorporarse a la creciente oferta de terraceo y vermú de Rodrigo de Padrón, una idea que en el futuro se mantendrá los fines de semana. Por esa misma línea se movía ya el Chocolate, que fue el primero en entender que la fiesta que se monta en torno a la Praza de Abastos cada sábado merecía música en directo y copas en condiciones. Buenos días, y buena suerte.

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