Los vecinos de Mallou denuncian que el barrio está «aislado y abandonado»

Una parte de la calle carece de gas natural, alcantarillado y aceras


Santiago / La Voz

Mallou es uno de los barrios de Santiago que están a caballo entre el mundo urbano y el rural. Pese a encontrarse a unos 500 metros de la sede administrativa de la Xunta, en San Caetano, los vecinos vienen reclamando desde hace años la atención de las autoridades locales sin que sus peticiones obtengan respuesta. «Todos los que pasaron por aquí nos dicen que tenemos razón, pero nadie hace nada», se quejan los residentes de Mallou. No piden grandes infraestructuras, ni tampoco mejoras millonarias. Solo demandan que los servicios básicos de los que disfrutan en una parte de la calle se extiendan al resto, y que la atención dispensada para otras rúas próximas llegue también a la de Mallou.

Los vecinos apuntaban ayer que la canalización del gas natural se hizo solo hasta algo menos de la mitad de la calle, y se dejó sin servicio al resto. Lo mismo pasa con el alcantarillado. Los pisos bajos y sótanos de los edificios de la margen derecha siguen vertiendo a fosas sépticas, ya que, debido al desnivel, no pueden enganchar con el alcantarillado que debía acondicionarse por las traseras de los bloques de viviendas. También el alumbrado público es deficiente, y los focos, que son propios de carreteras, dejan la calle en penumbra. Los vecinos insisten en el diferente tratamiento que hay entre su calle y la paralela de A Queimada, cuyas farolas fueron reemplazadas por focos más modernos de luz led. Precisamente, en la confluencia entre las dos calles se percibe con nitidez el trato diferente de una y otra zona. «Se les terminó la pintura al llegar a la rúa Mallou. Solo está pintado hasta la entrada de la calle y siguieron por A Queimada», señalan. Los pasos de peatones fueron marcados hace años, pero no se retocaron, y la red de R tampoco llega a toda la calle.

El problema de las aceras merece un punto y a parte. No solo no las hay en toda la calle, sino que el tramo existente es, en realidad, una pista de obstáculos que convierte el paseo por Mallou en una actividad de riesgo. El peatón debe estar atento para no tropezar con los bordillos de las entradas a garajes o con los accesos a las casas, que quedan bajo la rasante de la calle. «Son parches sobre parches», explican los residentes . Además, la colocación de bandas para bajar la velocidad de los coches no ha surtido efecto en una calle que muchos usan como «vía de escape».

Otro frente de crítica son las paradas del autobús urbano. La que tiene marquesina carece de acera, y la otra es compartida con los contenedores de la basura, pero sin acera ni marquesina. Los baches se cuentan por decenas en Mallou. «Echan chapapote que salta al llover. Si quieres un titular, estamos abandonados», denuncian. La maleza se come las pistas públicas. «No es normal que tengamos que llamar o mandar mensaje a línea verde continuamente». Los vecinos lamentan que las personas mayores tengan que desplazarse hasta Meixonfrío para ir a un parque, pese a tener espacios que podrían arreglarse. Por si fuera poco, en una explanada próxima se abandonan voluminosos y se hace botellón. Los vecinos llamaron a todas las formaciones políticas representadas en Raxoi, y durante el fin de semana pasado visitó el barrio el presidente del PP de Santiago, Borja Verea.

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