La Audiencia de Santiago condena al desalmado que robó mil kilos de comida a Cáritas

Negó haber entrado en el local de Villestro pese a que devolvió parte del botín al saberse investigado por la Policía Nacional

Alimentos que recuperó la Policía Nacional tras los robos en el local de Cáritas en Villestro
Alimentos que recuperó la Policía Nacional tras los robos en el local de Cáritas en Villestro

Santiago

Dice el refrán que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón pero no hay ningún dicho sobre qué pena merece el desalmado que roba a los pobres, como el vecino de Teo que se llevó más de mil kilos de comida del local de Cáritas en la parroquia de Villestro, en Santiago, y al que la sección compostelana de la Audiencia Provincial le acaba de confirmar una condena de solo seis meses de cárcel, gracias a que se ha beneficiado de la atenuante de dilaciones indebidas porque el proceso estuvo paralizado. Eso sí, también tendrá que indemnizar a la organización dependiente de la Iglesia Católica con 1.493,54 euros por los alimentos y bienes sustraídos y en 449,15 en concepto de reparación de los desperfectos causados en el local.

El tribunal provincial confirma así la sentencia que en primera instancia dictó el Juzgado de lo Penal número 1 de Santiago, contra la que recurrió en apelación el acusado alegando que no había pruebas que demostrasen que él fuese el autor de los dos robos que sufrió el local de Cáritas en Villestro pese a que el sospechoso llegó a devolver una parte del botín cuando supo que la Policía Nacional le seguía la pista. Tampoco dio una explicación racional a por qué estaba en posesión de los alimentos y bienes sustraídos si no los había robado él. Su abogado se limitó a dejar caer en su recurso que podía deberse a «otras razones o por otra conducta delictiva», pero no por estos robos.

A los magistrados de la Audiencia de Santiago estas alegaciones no les han parecido ni lógicas ni razonables y consideran que este teense es el autor material de los dos robos de los que fue víctima Cáritas de Villestro con pocos días de diferencia. Uno de ellos se produjo en la Navidad del 2014, entre el 18 y el 21 de diciembre, y el otro el 20 de enero del 2015.

En el primero de los robos, el ladrón se llevó 300 kilos de arroz, 200 litros de leche, 90 litros de aceite de oliva y otros tantos de aceite de girasol, ocho kilos de cereales, 48 latas de tomate, doce latas de atún, 20 kilos de harina, otros tantos de azúcar, dos kilos de Cola Cao, 59 potitos de bebé, un paquete de pañales, una caja con doce bolsas de chocolatinas, 40 kilos de garbanzos, 24 de judías y 48 de tomate frito.

La segunda vez, el acusado acudió de madrugada, sobre las 2 horas, y volvió a romper una ventana para entrar en el local en el que Cáritas almacena los alimentos que reparte entre los más necesitados. Arrampló con un calefactor, un deshumidificador, 60 litros de leche, 40 kilos de garbanzos, 24 latas de tomates, 42 kilos de lentejas, 15 latas de atún, 24 botes de leche en polvo de continuación para niños, 48 kilos de arroz y 24 paquetes de pasta.

Al pérfido caco capaz de robar a aquellos que peor lo pasan, al que le constan antecedentes por delitos similares, se le vino el mundo encima cuando poco después de su segundo golpe, el 9 de febrero del 2015, un agente de la Policía Nacional que investigaba los hechos le hizo saber que era el principal sospechoso de uno de los dos robos. En ese momento, recoge la sentencia, «se avino a devolver voluntariamente parte del botín de aquella sustracción en la que se sospechaba su participación y de la anterior, que guardaba en su domicilio sito en Teo».

En concreto, entregó en la comisaría de Santiago 29 kilos de arroz, 59 potitos para bebés, 4 kilos de garbanzos, dos botes de judías verdes, un bote de tomate frito, cuatro litros de aceite de girasol, diez litros de aceite de oliva, siete cajas de leche en polvo de continuación para niños, nueve litros de leche y 42 kilos de lentejas.

Los comestibles fueron devueltos a Cáritas para que pudiera continuar con su labor de ayuda a las familias más necesitadas. El acusado se ha beneficiado de una condena menor por las dilaciones indebidas que se produjeron en el juzgado de instrucción, ya que desde el 6 de mayo del 2015, cuando se encargó una pericial para cuantificar el valor de los daños y efectos sustraídos, no se volvió a practicar ninguna diligencia de investigación que le afectara hasta que el 20 de septiembre del 2017 se cerró el caso.

Un taxista vio la furgoneta blanca con la que se llevó los alimentos

Además de que el ya condenado —el fallo puede recurrirse ante el Tribunal Supremo— tenía guardados en su domicilio alimentos procedentes de los dos robos que sufrió Cáritas en su local de Villestro y de que él mismo devolvió a la Policía Nacional los que aún escondía cuando se enteró de que era sospechoso, hay otro hecho que conecta a este vecino de Teo con el repugnante golpe. En la segunda ocasión, un taxista identificó la furgoneta blanca Citroën C-15 que habitualmente conducía el procesado. Él, sin embargo, negó siempre su participación en los hechos, pero se rechazó declarar tanto en la investigación como en el juicio.

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