Destrozan un piso turístico en Santiago en una fiesta ilegal en la que calculan que había veinte personas

Los participantes robaron la tele y el rúter y dejaron la vivienda llena de botellas, suciedad y hasta un reguero de sangre que recorre varias habitaciones y las escaleras


Santiago

Con el turismo a cero por la pandemia del coronavirus, cada reserva es un pequeño triunfo para los hoteles, pensiones y pisos turísticos de una ciudad como Santiago que vive en gran medida de los peregrinos y visitantes. Eso pensó Inés Boyero cuando en la tarde del viernes le alquilaron uno de los apartamentos de los que dispone en la zona vieja, concretamente el de la calle Campás de San Xoán. Fue a través de Booking, por lo que no les vio la cara a los clientes en ningún momento. Dijeron ser una pareja y que solo estarían una noche. Les dio la clave del local de enfrente, en el que tienen la oficina, para que pudieran entrar a recoger la llave y se fue a casa despreocupada hasta que el sábado por la mañana recibió la llamada de una vecina alertando de que los inquilinos habían organizado una fiesta por todo lo alto y que incluso había tenido que acudir la Policía Local.

Inés acudió rápido al apartamento y cuando abrió la puerta se le cayó el alma a los pies. Además de una ruidosa fiesta y de molestar a los vecinos, la coqueta vivienda, rehabilitada con gusto, estaba destrozada. El sofá cama roto, botellas de whisky, vodka y otros licores por todas partes, botellines y alguna lata de cerveza, cristales rotos y hasta un rastro de gotas de sangre que recorre varias habitaciones, las escaleras y un cuarto de baño y que ha dejado inservibles varios colchones. «Además, nos han robado la televisión y el rúter», se lamenta la propietaria.

Una vecina les explicó que la Policía Local acudió a las cinco de la madrugada, por lo que, cuando los identifiquen, a los inquilinos les corresponderá una multa de 700 euros por exceso de ruidos. Además, también han presentado denuncia ante la Policía Nacional por los destrozos y el robo. «El lunes vendrá el perito para calcular los daños, que no van a ser pocos porque va a haber que limpiar todo a fondo, pintar y reponer lo que se han llevado o roto. Solamente el sofá cama me costó mil euros», señala.

Al margen de los daños, está además el flagrante incumplimiento de las restricciones decretadas por el covid, que impiden reuniones de más de cuatro personas no convivientes en interiores. Por el nivel de botellas consumidas y de destrozos, el grupo superó con mucho esa cifra. «Debían ser unos 20», calcula Inés.

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