Guanyar: «Mi madre, al ver que me ganaba bien la vida, aceptó que podía vivir de Twitch»

Olalla Sánchez Pintos,O. Sánchez
Olalla Sánchez SANTIAGO

SANTIAGO CIUDAD

El popular «streamer» Diego Iglesias (Guanyar) aclara que, a pesar de vivir fuera, guarda un estrecho vínculo con Santiago y con el colegio La Salle, que se aprecia al fondo. «Ahí quiero grabar dos vídeos. En uno intentaré que profesores hablen sobre mí. En un segundo probaré si soy capaz de aprobar un examen de sexto de primaria», avanza animado
El popular «streamer» Diego Iglesias (Guanyar) aclara que, a pesar de vivir fuera, guarda un estrecho vínculo con Santiago y con el colegio La Salle, que se aprecia al fondo. «Ahí quiero grabar dos vídeos. En uno intentaré que profesores hablen sobre mí. En un segundo probaré si soy capaz de aprobar un examen de sexto de primaria», avanza animado Sandra Alonso

El «streamer» santiagués, que suma popularidad desde la pandemia, relata cómo es vivir en una mansión para creadores de contenido. No obvia la controversia actual: «Yo me iba a ir a Andorra hasta que llegó en Madrid la oportunidad con la que siempre soñé. No descarto mudarme el próximo año»

26 abr 2021 . Actualizado a las 23:46 h.

Habla en singular porque tiene claro que su trayectoria, aún incipiente, no es habitual. «De cada millón de usuarios que tratan de ganarse la vida grabándose en Internet, pocos lo logran. En mi caso se juntaron años de trabajo y suerte. Yo exploté como streamer durante el covid», encadena con cautela y orgullo Diego Iglesias, un santiagués de 23 años que, a tiempo completo, se dedica a crear contenido para su legión de seguidores en Twitch, la plataforma que domina las retransmisiones en directo entre los jóvenes. Ellos lo conocen como Guanyar, un apodo que le devuelve a sus años de infancia, ligados al fútbol. «Quería un nombre que juntase al Barça, el equipo que amo, y al en ese momento Autos Lobelle, el club en el que jugaba con 15 años. Usé la traducción catalana de ganar en ‘‘guanyalobe'', pero como nadie lo decía bien, acabó en Guanyar», comenta riendo.

«En esos años mi sueño era ser futbolista, pero por varios motivos tuve un bajón anímico y lo pagué comiendo», rememora este aficionado a los deportes que también practicó atletismo en un club de la ciudad, y, años después, regresó al fútbol como árbitro. «Desde niño me gustaban los videojuegos, pero fue a partir del 2015 cuando empiezo a dedicarle ocho horas al día. Tres años más tarde me meto a competir», recuerda al saltar ya a su profesión. «En el 2020 vivía en Barcelona, donde continué mis estudios universitarios. Con la pandemia, regreso para ayudar en casa. Mi padre sufrió un ictus hace años», explica con cariño. «Hasta ese momento yo hacía directos en Twitch para 100 personas jugando partidas a Call of Duty, pero un día decido ponerme a hablar delante de la cámara y ser yo. Ese fue mi éxito», reconoce. «Empiezo a hacer bromas en directo, muchas dirigidas a estafadores. Creo que tengo un humor picaresco y eso enganchó. También me cuelo en clases online, hago consultorios o, mientras pincho de fondo partidas de Fortnite, comento en el chat. La gente busca entretenerse y lograr reciprocidad», sostiene. «A quien critica el contenido le digo que no todo el mundo puede obtener éxito haciendo ‘‘tonterías''», desliza. «En diez meses sumé casi 300.000 seguidores en la plataforma», detalla antes de reflexionar sobre los recelos que rodean a su afición. «Al principio mi familia protestaba si echaba más de dos horas en la consola o si me ponía a dar gritos a las tres de la madrugada durante un directo, pero cuando vieron que para mí era una responsabilidad y un trabajo, mi madre ya me dejó levantar la voz. Me apoyó y comenzó a querer entenderlo y ahora cuando le sale en el móvil la notificación ‘‘Guanyar está en directo'', entra. Mientras hablo, también me manda wasaps del tipo ‘‘¡pero cómo dices eso!''», precisa divertido. «Al ver que me ganaba bien la vida, aceptó que podía vivir de Twitch», remarca más serio al hablar sobre un negocio del que admite que puede reportarle al mes más de diez veces el salario medio. «Si te va bien, es un sueldo fuerte, pero hay que tener claro que no es querer y poder», insiste al aludir a la falsa creencia de que es una sencilla salida laboral. «El mayor error es dejar los estudios. No siempre se está arriba. Otro fallo es querer vivir de esto, porque te obcecas con las cifras y no disfrutas. Yo me lo paso bien y eso lo convertí en mi trabajo», razona mientras se le dibuja una gran sonrisa al relatar su último paso al frente.

En diez meses sumé casi 300.000 seguidores

Fue este año cuando el reconocido equipo de deportes electrónicos Team Heretics le fichó y le llevó a vivir junto a otros cinco streamers a una mansión con todas las comodidades y gastos pagados en Madrid. «Es como un centro de operaciones. Allí nunca pongo el despertador, pero luego llego a estar 16 horas conectado», defiende feliz. «Mi obligación es realizar las acciones que nos piden, tanto vídeos como publicidad, y trabajar como creador de contenido», aclara.

«Te soy sincero. Yo me iba a ir a Andorra hasta que llegó esta oportunidad con la que siempre soñé. No descarto mudarme el próximo año», desliza sobre una controversia fiscal que, a pesar de cualquier objeción, para él no existe. «Aquí no se ayuda como se debería a los jóvenes emprendedores, que ganan y aportan», defiende. «Otro factor que me frena, por la lejanía, es mi familia», apunta al pensar de nuevo en Santiago, donde afirma que ya hay jóvenes que le «piden fotos». «No me acostumbro, pero me hace sentir orgulloso. Hace un año esto no me pasaba», concluye animado.