Los héroes voluntarios de Santiago cumplen 25 años

Protección Civil nació con una mesa, una silla y un chaleco prestado y hoy son un referente como grupo de seguridad y servicio público


Santiago

 Protección Civil de Santiago está de cumpleaños. Hace ya 25 años que el 13 de marzo de 1996 la agrupación de voluntarios echó a andar en el mítico pabellón de madera de la calle Trindade, en el que compartían espacio con el registro municipal y la oficina de relaciones vecinales. «Allí nacimos con una mesa, una silla, un chaleco prestado que habían cogido en algún sitio del Concello y cada uno iba en su coche y poniendo su propia ropa. Muchos de los que empezaron eran radioaficionados y tenían sus propios equipos de comunicación», rememora Begoña del Río, la actual jefa de un grupo que es hoy en día un referente en seguridad no solo en Compostela sino en toda Galicia. Ella recogió esta semana la Medalla al Mérito de Protección Civil en la Delegación del Gobierno de A Coruña.

A los casi nulos medios materiales iniciales se le contrapuso un enorme caudal humano de ilusión que hizo que la agrupación contase al nacer con cerca de 70 miembros. Eran muchos, ya que hoy en día esa cifra es de sesenta. Había mucha ilusión y ganas de servir a la ciudad.

Los fundadores de la agrupación fueron Xosé Sánchez Bugallo, que por aquel entonces era concejal de Seguridade Cidadá, Alejandro Sánchez Brunete, del PP, que estaba en la oposición, José Manuel Traba, que en aquel entonces era sargento de la Policía Local —que luego llegó a dirigir, ahora está jubilado— y Cesáreo Rey, que era el jefe de los Bomberos. Todos ellos, y muchos otros que han formado parte importante de la historia del grupo, participaron el sábado en la única celebración que la pandemia del coronavirus ha permitido: una misa en la Catedral y una foto de grupo en A Quintana. Y, eso sí, muchas batallitas.

El presidente siempre es el alcalde, por lo que el primero fue Xerardo Estévez. Acababan de echar a andar y enseguida tuvieron que ponerse las pilas, porque 1999 fue Xacobeo y les exigió muchísimos operativos. Además, el Compos estaba en primera. El primer jefe de Protección Civil de Santiago, a cuyo frente siempre ha estado un policía local, fue Traba, al que le sucedió en el 2004 Joaquín Souto y desde el 2014 está Begoña del Río. El primer secretario fue otro agente, Manuel Martínez.

En la memoria viva de Protección Civil, además de ese primer año jacobeo en el que todavía prestaban servicio con material y ropa que ponían de su bolsillo los propios voluntarios, figuran otros hitos, como la multitudinaria marcha convocada en 1997 para exigir al grupo terrorista ETA la liberación de Ortega Lara y Cosme Delclaux. Ese mismo año un terremoto sacudió Galicia. «Los voluntarios formaron parte de los equipos que pasaron la noche comprobando que el temblor no había dañado los puentes y otras infraestructuras o si había habido derrumbes», señala Del Río.

El desastre del Prestige, en el 2002, también forma parte de esos acontecimientos reseñables en la vida de la agrupación, que acudió a Camariñas para limpiar el chapapote de las playas. En el 2004, a las exigencias del Xacobeo, se le unió que un Boeing 747 con destino a Holanda tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en Lavacolla y los voluntarios se encargaron de atender al pasaje, que estaba nervioso y asustado y entre el que había muchos niños. Tuvieron la habilidad de, además de mantas o comida, llevar también caramelos con los que se ganaron la confianza de los pequeños.

El 2010 fue el Xacobeo en el que vino el papa Benedicto XVI y también les exigió mucho, pero nada comparable a lo que el destino le tenía reservado a la ciudad, con el accidente del Alvia en el 2013, y a la humanidad, con la actual pandemia.

El Alvia y la pandemia, los dos momentos más duros y exigentes

La cicatriz más profunda marcada en la piel de Santiago es la del accidente de un tren Alvia el 24 de julio del 2013 en Angrois, que le costó la vida a 80 personas y otras 144 resultaron heridas. Los voluntarios de Protección Civil no solo estuvieron en las vías ayudando en el rescate de los supervivientes, sino también los días siguientes en el Cersia, donde se montó el centro en el que se atendía a las familias y acompañándoles y atendiéndoles también en la morgue de Sar, donde se centralizó el reconocimiento de cadáveres. «Los que estuvieron allí no lo olvidarán nunca», asegura la jefa de la agrupación, Begoña del Río.

El grupo también ha mostrado su vocación de servicio, ilusión y altruismo en la actual pandemia del coronavirus, en la que se han multiplicado llevando comida a familias necesitadas en el confinamiento, en los test masivos en Amio o incluso haciendo la compra o sacando la basura a personas confinadas que viven solas.

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