Vuelven las costureras a domicilio para dar otra oportunidad a la ropa en O Milladoiro

Fran Sánchez dejó la decoración de interiores para abrir Con Tijeras y Dedal


Santiago

Cuentan las abuelas que en tiempos había unas mujeres que iban de casa en casa cargando con sus costureros para remendar la ropa y hacer prendas nuevas a las familias que tenían más recursos. Aún hoy, aunque en menor número que entonces, las modistas siguen confeccionando trajes a medida. Esta actividad fue cayendo en el olvido al llegar los comercios de ropa fabricada en serie a precios asequibles. Pero la crisis económica y el creciente interés por el consumo responsable y sostenible están contribuyendo al resurgir de negocios abandonados, y muchas personas se apuntan a cursos para aprender a coser y hacer pequeños arreglos. «Todo lo que estamos viviendo me hizo pensar en la necesidad de cambiar los hábitos, y poner mi grano de arena para que nuestros hijos reciban un mundo mejor», explica Fran Sánchez, que puso en marcha en O Milladoiro Con Tijeras y Dedal, un taller de costura. «Nosotros vamos a los domicilios. Recogemos la prenda, tomamos medidas y sugerimos cambios para aprovechar una pieza de ropa. O hacemos el arreglo que quiere el cliente», destaca. Fran reconoce que «durante el confinamiento, y también ahora, la gente tiene miedo, y no va de tiendas por temor a un contagio. Nosotros vamos con todas las medidas de seguridad», insiste. Con su propuesta, Fran quiere dar una segunda oportunidad «a toda la ropa que acumulamos en los armarios. Con el confinamiento, se limpiaron los armarios y aparecieron muchas cosas de calidad que con un arreglo quedan nuevas. No hay que tirar la ropa. No hay que comprar por comprar, a lo loco». Fran quiere que la gente vea su propuesta como una forma de reforzar la idea del «consumo sostenible. Se trata de reutilizar, reaprovechar. La gente no puede ni imaginar las opciones que hay para un abrigo o un vestido aparentemente pasado de moda». Lo mejor de su propuesta, en sus palabras, es que «no cobramos por recoger y entregar, solo el arreglo. Y hay cosas que por 10 o 15 euros pueden sorprender». Hace años, Fran se dedicaba a la creación de bolsos de piel, pero ahora piensa de otro modo: «Creo que debemos frenar este tipo de consumo, y apostar por lo sostenible». Su idea, que incluye también la ropa nueva hecha a medida, da trabajo a cuatro talleres, «con el nuestro, cinco. Unas 40 personas. Precisamente, ampliar el negocio hacia las visitas a domicilio permitirá seguir manteniendo todo activo», resalta. 

Cáncer infantil

Las familias de la Asociación de Ayuda a Niños Oncológicos de Galicia (Asanog) no pudo celebrar este año su tradicional fiesta coincidiendo con el Día del Cáncer Infantil, por el riesgo que entraña la pandemia. Para sustituir esta celebración, organizaron una pequeña exposición en la sede de la avenida de Barcelona con murales que las familias utilizaron para decorar sus casas. La entidad que preside Catalina Cadaya Cadavid agrupa a unas 170 familias de toda Galicia. La muestra quiere ser un pequeño homenaje a los niños que sufren esa enfermedad. Además de prestar apoyo psicológico, la entidad habilitó espacios para que las familias puedan esperar bajo cobijo los resultados de las pruebas médicas que hacen en el Clínico.

Carnaval en Amarai

No hay pandemia que con el entroido pueda, aunque obligue a esconder la sonrisa detrás de la mascarilla. En el centro que la asociación de personas con diversidad funcional de Arzúa y de Melide (Amarai) gestiona en Boimorto lo celebraron con comparsas relacionadas con el mundo animal: mamíferos, aves, crustáceos, reptiles e insectos fueron los disfraces, de confección propia, de los usuarios.

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