Del mar de Ferrol a Compostela


Ferrol

También a mí me entristece ver sin peregrinos, en pleno Año Santo, el Camino Inglés. Pero estoy convencido de que este triste Tiempo de la Soledad que ahora vivimos pasará, y de que todos los caminos que llevan a Santiago -como el que desde el mar de Ferrol llega hasta Compostela- serán de nuevo un río de gentes del mundo entero. No me cabe duda de que, haciendo de la Vía Láctea su espejo, los peregrinos volverán a visitar el Sepulcro del Apóstol, de Noso Señor Santiago. Un sepulcro que está, como nos enseñan las estrellas del firmamento, donde el Pórtico de la Gloria ilumina la eternidad. Digo esto acordándome del eterno milagro que es Compostela. Y cuando lo digo pienso en Segundo Pérez López, en el deán de la catedral de Santiago, maravilloso templo que hoy resplandece de nuevo tras haber sometido por fin a la magna restauración con la que se soñaba desde los tiempos de López Ferreiro. De Pérez López, que estos días culmina su último mandato como deán, se dice mucho, y con razón, que durante los años que ha pasado al frente de la catedral no solo se rehabilitó el templo, sino que se logró que la peregrinación a Compostela, a través todos los caminos jacobeos, recuperase su verdadera esencia. También se resaltan, de Segundo, su prestigio internacional en el campo de la Teología; y sus aportaciones al campo de la Historia, en especial como investigador del Archivo Secreto Vaticano. Se subrayan mucho, naturalmente, su entrega a la docencia -es catedrático de la Universidad Pontificia- y esa intensa labor pastoral suya que incluso lo lleva a seguir atendiendo él mismo, cuando las circunstancias se lo permiten, la iglesia de su parroquia natal, en ese mágico país que es el Buriz de la Terra Chá. Pero yo, que hasta soy un poco pariente suyo (por el lado de la Chaira, precisamente), no quiero pasar por alto el inquebrantable compromiso de Segundo con los desfavorecidos y con cuantos sufren. Como no quiero dejar de recordar tampoco la profunda huella que ya dejó, en su juventud, en la parroquia de Santa María de Caranza y en Cáritas de Mondoñedo-Ferrol. Y permítanme confesarles, amigos míos, que la más hermosa de sus homilías se la escuché pronunciar en una vieja iglesia rural de la Galicia eterna. Qué cierto es eso de que Europa nació peregrinando, como le gusta recordar, citando a Goethe, al arzobispo Julián Barrio.

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