Celso Barrios: «Llegué a un Santiago espectacular que mis hijos ya no van a vivir»

El conocido arquitecto y presidente del Aeroclub reconoce que «la reforma de la Sala Capitol fue, también en lo personal, algo que nos marcó»

Celso Barrios muestra su querencia por Fonseca.  «Tengo especial cariño a esta plaza porque aquí quedaba con el primer gran grupo con el que movía en Santiago», apunta. «Me gusta estar con gente. En una casa familiar puedo llegar a juntar a 40 personas», explica animado
Celso Barrios muestra su querencia por Fonseca. «Tengo especial cariño a esta plaza porque aquí quedaba con el primer gran grupo con el que movía en Santiago», apunta. «Me gusta estar con gente. En una casa familiar puedo llegar a juntar a 40 personas», explica animado

Santiago de Compostela

Es uno de los arquitectos que marca la pauta en el diseño de viviendas en Santiago. De su estudio, Carbajo Barrios, dependen proyectos como el de Cornes Residencial, que ayudó a mudar el perfil urbano de la ciudad. De trayectoria pública, al presidir también el Aeroclub, charlamos con Celso Barrios para ahondar en su lado más personal. «Soy de Lugo, adonde sigo yendo mucho, sobre todo por mi madre. Aún así, me siento compostelano y ya no me quiero desligar de esta ciudad. Aquí nacieron mi mujer y mis tres hijos», explica con cariño mientras cita a más personas clave en su vida. «Alguien decisivo es Manuel Carbajo, mi socio, un santiagués con el que estudié y compartí habitación durante la universidad en A Coruña. Fue casi al acabar cuando, tras haber hecho algún trabajo para el dueño de la Sala Capitol, nos salió la opción de hacer la reforma del antiguo cine. Por ese proyecto Manuel me convenció para venir a Compostela y montar en el 2000 un estudio», rememora. «Para nosotros fue algo vital, que nos marcó en lo profesional y en lo personal. Hizo que nos pusiésemos las pilas con una experiencia de enorme exigencia. Con el cliente, con el que tenemos muy buena relación, viajamos para conocer salas por toda España. Y ahora la Capitol es una de las mejores. Me acuerdo cómo se llenaba los primeros años. Lo disfruté mucho y aprendí. Me dije: ‘‘esto es lo mío''», bromea con nostalgia a sus 47 años.

«Con 25 llegué a un Santiago espectacular, que mis hijos ya no van a vivir, de gran ambiente universitario y cultural y con un poso reivindicativo», remarca. «Yo residía con mi socio en el estudio que teníamos en Entremuros. Por allí pasaba todo el mundo. Después lo cambiamos para Raxoi y, ya independiente, me fui a un piso encima del Retablo. Siempre fui un poco festivo», evoca divertido sobre los primeros años de una trayectoria ascendente que le permitió, con edificios como los premiados 13 Rosas Residencial, en Santa Marta, o el de Galeras-Entrerríos, «disfrutar de la arquitectura» pero, también, «colaborar a recuperar una ilusión de ciudad». Una responsabilidad a la que no escapa. «La vivienda residencial necesitaba un lavado de cara. Creo que nuestros proyectos aportaron al ver que se pueden hacer cosas diferentes, contribuir a una localidad más moderna, acorde al modo de vida actual, con apuestas por espacios comunes. A mí algo que me llena es que me digan que son edificios vividos», defiende. «También, gusten o no, que expresan y dialogan con el entorno», añade al aludir a los bloques de Cornes, asentados junto a una antigua estación, que destacan por la malla de hormigón coloreado que los rodea. «No me molesta que la gente les ponga nombre, como as grilleiras. Eso es bueno porque los hacen suyos», relativiza. «Hasta ahora no me han hecho grandes críticas, salvo cuestiones menores, y eso es impagable», acentúa.

Sin descanso, salta a su otra pasión. «Desde niño me encantó la vida de club deportivo aunque suene mal decirlo así, sobre todo porque aún hay quien lo asocia a algo elitista. Es un estigma que creo que en el Aeroclub se revirtió», sostiene satisfecho al referirse a una entidad de la que asumió su presidencia hace más de cinco años. «Fue por casualidad. Yo no me veía, sobre todo al ser el arquitecto que acababa de acometer la obra de la nueva ciudad deportiva en Ames, pero un socio me convenció al decirme ‘‘no puedes animar a otro cuando tú no quieres ser''», aporta sobre un comentario que le lleva a otro. «No olvido lo que me dijo mi padre tras una protesta estudiantil. ‘‘Hay una forma fácil de cambiar las cosas que es estudiar y, cuando tengas un puesto de responsabilidad, impulsarlas''. Eso me ha quedado», reconoce de forma ilustrativa sobre su vida. «El Aeroclub requiere dedicación pero es gratificante ver cómo la gente disfruta. Trato de impulsar desde allí campañas en Santiago que ayudan a hacer ciudad aunque no siempre tienen respuesta», admite riendo pero con desazón.

«Cuando me falte esa ocupación, me meteré en otra», apunta con su cabeza siempre en ebullición. Rechaza, eso sí, dar el salto a la política. «Me sorprende porque hay gente que me lo pregunta», afirma. «Lo que yo necesito es tener proyectos y, sobre todo, rodearme de amigos. Aquí me siento muy querido», termina con ilusión.

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