Ellos se enamoraron de un vermú y compraron la marca en la pandemia para compartirlo con el mundo

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Tres amigos unidos por su afición al mundo gastronómico y enológico, dos de Santiago y uno de Pontevedra, están detrás de la revolución del Sardino

29 ene 2021 . Actualizado a las 08:51 h.

Se enamoraron del vermú Sardino en cuanto lo probaron. Unidos por su afición al mundo de la enología y gastronomía, llevaban tiempo siguiendo la pista de esta marca artesanal, aunque «solo se podía encontrar en la zona de Vigo y en alguna parte de Ourense», cuenta Alfonso Méndez-Benegassi, quien se propuso este verano expandir la fama del Sardino asociado con dos amigos, Carlos Rey y Ramón Costas. Estar en medio de una pandemia no frenó a los dos santiagueses y el pontevedrés, aunque nunca antes se habían dedicado al sector de los espirituosos. En medio año, han conseguido llevar el nombre del vermú «por toda Galicia, León, Asturias y Madrid. También empezamos con el proceso de internacionalización, aunque se vio frenado por la situación sanitaria, y distribuimos a Alemania, Dinamarca o Bélgica», apuntan.

Las claves de su éxito están en mantener la receta «de toda la vida, sin cosas añadidas como las que se ven ahora en el mercado y desvirtúan el sabor de siempre»; además de darle «una imagen un poquito más moderna. En los últimos años se puso de moda tomar el vermú entre la gente joven y queríamos conectar con ellos y dar salida a esa inquietud con un producto no tan rancio y clásico», indica Alfonso. A los dos meses de emprender esta revolución del Sardino, sacaron el vermú blanco y preparan ya un reserva. La producción se realiza entre Pontevedra y Cataluña, siguiendo una tradición vermutera que se remonta a 1943.

Todo comienza en unas tinajas de barro centenarias, explican, donde se prepara la infusión con 24 botánicos macerados en alcohol y agua de manantial. Allí reposa la mezcla 45 días y luego pasa tres meses a barrica de roble, donde se mezcla con el caramelo —lleva el azúcar mínimo para equilibrar el amargor— y vino. «Usamos macabeo, una uva neutra, para que los botánicos sean los protagonistas y garantizar la estabilidad del producto, porque no cambia tanto de sabor de un año para otro», comentan. Para culminar, se realiza un filtrado de 3 micras del que sale limpio y brillante, y va a un depósito de acero inoxidable donde reposa frente al mar otro mes más, antes del embotellado. Por eso llaman al Sardino el vermú marinero.