Los camioneros gallegos: «Con una pala que nos regalaron, nos abrimos paso entre la nieve y el hielo»

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO

SANTIAGO CIUDAD

José Faraldo y José Asorey regresaron a casa de madrugada después de conducir toda la noche

11 ene 2021 . Actualizado a las 18:39 h.

Ya están en casa. José Asorey, de Arzúa; y José Faraldo, de Cerceda, llegaron a A Coruña de madrugada, después de conducir toda la noche. Faraldo ya está preparando el petate para volver a la carretera, «esta vez llevo cerveza a Extremadura. Llegué a cargar y a las 4 de la mañana estaba en casa. Ahora salgo otra vez a las dos y media. Es mi trabajo». Asorey llegó a las dos de la madrugada y descansará unos pocos días antes de volver al trabajo. José Faraldo, desde el calor del hogar, asegura que «de esta experiencia quiero quedarme con la gente buena que hay», pero también sigue muy enfadado con «el trato recibido por algunas personas. Paró una pareja de la Guardia Civil, amables, y nos dijeron que entendían la situación, pero de llevarnos a comer algo caliente, nada. Dijeron que mandarían a la Cruz Roja, aún estamos esperando». Con los dos conductores gallegos fue apartado de la carretera otro camión, conducido por Drago, un «conductor rumano, que iba para León. Sacó el queso y el embutido que llevaba y aguantamos, pero no podía pensar que se alargara tanto. Faraldo relata que, en condiciones normales, «habríamos llegado el sábado a mediodía a casa, y por eso llevas para comer un día, pero el viernes nos dejaron tirados».

La odisea que les mantuvo «atrapados en medio de la nada» terminó con final feliz, pero «gracias a la gente particular, porque las autoridades se olvidaron de nosotros». En la tarde del domingo, «les pedimos a varios conductores de quitanieves, que nos abrieran un paso para poder salir con los camiones, cuando fuera posible. Ni caso». Faraldo mostró su indignación al enterarse de que «tres quitanieves escoltaron el autobús del Real Madrid para ir al aeropuerto, «y el avión salió sin problema. ¿Estamos locos? Es una vergüenza».

La ayuda llegó de manos de un «marroquí que nos regaló una pala, y con ella nosotros mismos abrimos tres caminos para sacar los camiones. Lo dimos todo, entre las tres de la tarde y las cinco de la tarde apartamos nieve y hielo». El regalo se completó con un cable, «que necesitábamos para mover el camión del compañero de León, Drago, una excelente persona. De diez. Su camión estaba muy mal, rodeado de hielo, y había que moverlo antes de arrancar o no salía». Todo tuvieron que hacerlo ellos, «no vino nadie a echar una mano. Si no fuera por la ayuda de la gente de a pie, seguíamos allí».

Alrededor de las seis de la tarde, se acercó a la explanada una pareja de la Guardia Civil que «nos preguntaron a dónde íbamos. Al asegurar que nuestra destino no era Madrid, nos dejaron seguir ruta». Faraldo y Asorey creyeron que la pesadilla se había acabado, pero aún les quedaban unas horas de conducción en medio de la noche y con la carretera en mal estado hasta pasar Madrid. «Mas o menos una hora antes de que llegará la Guardia Civil se veía movimiento de camiones. A las 18.15 minutos arrancamos. La ruta fue una auténtica «odisea. Había turismos abandonados en el medio de la calzada hasta pasar Madrid. En la M50, los turismos están en el medio de la carretera. No en el arcén, sino en los carriles, y tuvimos que ir muy despacio, zigzagueando cada poco con el camión articulado para seguir la marcha». Los puntos en peor estado se los encontraron en la cuesta del Reina, Valdemoro y Las Rozas. Recuerda que había «coches atravesados. La gente dejó el coche y se fue como pudo». Ahora que ya están en casa, Faraldo lamenta el abandono de los transportistas, «se veían compañeros totalmente trincados en los polígonos, sin poder moverse. Sacando el hielo y la nieve con sus propios medios, en realidad sin medios». 

Faraldo reconoce que fue una «gran nevada», pero lamenta que a los transportistas «se nos olvide. Ya pasó en el confinamiento, y otra vez se olvidaron de nosotros».