El ilusionista Kiko Pastur inaugura un museo de magia que «ataca a razón»

El espacio se inauguró ayer en Santiago y es el primero de este tipo en Galicia


santiago / la voz

Sin más trucos que la voluntad de ser un punto de encuentro para la magia en Galicia, el Museo de Magia de Kiko Pastur abrió ayer sus puertas en Santiago. Con esa intención arranca en Compostela, frente al monasterio de San Martiño Pinario, el primer espacio de este tipo en territorio gallego. En su interior, el museo acoge reproducciones de algunos de los números más famosos de la historia de la magia -como el escapismo de Houdini en un tanque de agua-, además de una serie de objetos que producen efectos mágicos y con los que los visitantes pueden interactuar. Ese componente activo es uno de los atractivos de la propuesta de Kiko Pastur, que acumula más de 20 años de experiencia como intérprete, divulgador y profesor, y que busca que los asistentes entren en contacto con el mundo de las ilusiones.

«A maxia funciona atacando o intelecto e a razón», señala el mago coruñés cuando describe el funcionamiento y el sentido de algunos de los artilugios que se pueden ver en el museo, como un grifo con agua que pende del aire, una alfombra que abre un agujero en el suelo o flechas que se mueven y apuntan siempre en la misma dirección. Estos efectos, que se crean a partir de principios físicos, comparten espacio con hologramas o figuras que siguen la mirada de la gente, y algunos de ellos están a la venta en la pequeña tienda del museo.

Además, a partir de diciembre se organizarán diversas formaciones, tanto de forma regular como más puntual, para todas las edades. «Daremos algo de teoría, pero sobre todo será un enfoque práctico en base a cuestións mecánicas e psicolóxicas», indica Pastur. Sobre el aprendizaje, el ilusionista destaca la importancia de la psicología y el manejo de la atención para conducir sutilmente al público cuando se realiza algún efecto. «É como abrir unha caixa forte. Non podes deixar que a xente entre onde están os engrenaxes, tes que levala por un camiño que busque a emoción», señala el mago.

No obstante, y en contra de la idea de que ellos nunca comparten sus trucos, Pastur cuenta que enseñar los números a otros compañeros de profesión es algo habitual en el sector. «Ademais, hoxe hai moitísima información nas redes. Aprender maxia cambiou moito nos últimos anos», reflexiona el director del museo.

En su caso, Pastur empezó desde muy niño a interesarse por el mundo del ilusionismo con dos de sus compañeros de clase: su hermano Román, también mago, y el conocido Luis Piedrahita. «Empezamos cos trucos nos colexios e logo encontramos unha sociedade de maxia na Coruña, con xente moito máis adulta ca nós», recuerda el mago, que ha sido alabado por grandes figuras como Juan Tamariz, que declaró que Pastur era «la esencia de la sensibilidad poética en la magia».

Con este proyecto y tras más de dos décadas en la profesión, el ilusionista, ganador de un Premio Mundial de Magia, pone en marcha un centro que busca asentarse en la escena gallega, que a pesar de contar con nombres de prestigio tanto dentro como fuera de España, todavía no acaba de consolidar eventos que se sostengan en el tiempo, salvo por contadas excepciones como el Lugomáxico, que este año celebró su 17.ª edición, o el festival de Ames.

Actuaciones en vivo

El centro también pretende acoger actuaciones y exhibiciones. El propio Kiko Pastur realizará algunas demostraciones en el día a día del museo, que abre en horario de mañana de once a dos y por la tarde de cinco a ocho y media. Junto a ellas se programarán eventos con otros ilusionistas.

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