Ana Cepeda: «Disfruté en Blaster y en el Obradoiro pero mi sueño siempre fue volar»

En un momento crítico para la aviación, la compostelana, jefa de estudios de Air-Hostess, donde se forman auxiliares de vuelo, desvela optimista y con orgullo cómo Ryanair aún fichó este año a cuatro alumnos

Ana Cepeda anda a diario desde O Castiñeiriño hasta la rúa Santiago del Estero, donde está Air-Hostess. En el centro inculca disciplina o normas de uniformidad a futuros tripulantes de cabina, con quienes comparte su pasión: «Mi sueño sería tener base en Santiago y volar desde aquí»
Ana Cepeda anda a diario desde O Castiñeiriño hasta la rúa Santiago del Estero, donde está Air-Hostess. En el centro inculca disciplina o normas de uniformidad a futuros tripulantes de cabina, con quienes comparte su pasión: «Mi sueño sería tener base en Santiago y volar desde aquí»

Santiago de Compostela

Habla con pasión de su trabajo y ni siquiera la crisis del covid, a la que no le resta crudeza -«no se habla tanto de la aviación pero es uno de los sectores más golpeados»-, provoca que a Ana Cepeda deje de iluminársele la cara al recordar todo lo que ha volado. En un momento muy duro para la aeronáutica charlamos con la jefa de estudios del centro de formación Air-Hostess, una compostelana de 48 años que llegó tarde al sector aéreo al creer que con sus 1,65 metros no daba la altura para ser auxiliar de vuelo. Cuando descubrió que sí podía, llevaba años trabajando de camarera en el pub Blaster, una etapa que recuerda con sumo cariño. «Empecé en 1998. Cogí ese momento en el que el local estaba siempre lleno. Alucinábamos al ver cómo a la gente que iba al baño parecía que la llevaban en volandas. Cómo ha cambiado todo», reflexiona. «La clientela, sobre todo la de los fines de semana, era casi fija, de Santiago. Era como una reunión de conocidos. Algunas amigas aún guardan mi número como ‘Ana Blaster'», comparte. «Había un ambiente muy sano entre mis compañeros, que aún forman mi pandilla. A una camarera, que conoció a su marido allí, le regalamos en su boda un trozo de mármol de la barra por lo insistente que había sido él», apunta divertida.

Con casi 30 años, y ya con la seguridad de que sí podía perseguir su vocación, la santiaguesa se decide, con la leal ayuda de su madre, a sacar la licencia de auxiliar de vuelo. Una vez lograda, ingresa en el 2005 en la compañía LTE International Airways, con la que estuvo en su base de Mallorca, Asturias, Arabia y Túnez. «Se me abrió un mundo increíble. En esos años aún cogí los coletazos de la aviación antigua, que te permitía una hora para hacer una escala. Disfrutabas mucho. Ahora todo es más rápido», revive con entusiasmo antes de subrayar cómo de la profesión la sedujeron tanto las horas de vuelo como el contacto con el pasaje y enfatizar que, más allá de falsas creencias o estereotipos físicos -«ahora se prima sobre todo la formación»-, su principal misión es garantizar la seguridad. La santiaguesa relativiza hándicaps como las turbulencias o los incidentes a bordo. «Hay que mantener la calma. Cuando algún pasajero levanta la voz, tienes que ser asertiva y empática», defiende. Las largas estancias fuera de casa tampoco supusieron un problema. «Llevo 22 años con mi pareja y siempre lo llevamos bien. Eso sí, en mis días libres lo primero que hacía era buscar un avión que me trajese a Santiago» sostiene sin negar la morriña que sentía cuando los saudíes lograban situar Compostela. Sobre ese país guarda infinitas anécdotas. «Había que hacer malabares para colocar al pasaje ya que los hombres y las mujeres solo pueden sentarse juntos si son familia», rememora. «Durante el recuento a veces nos faltaban bebés al llevarlos las madres debajo de sus túnicas», evoca sorprendida. «Poco a poco sumé experiencias enriquecedoras y diferentes. Disfruto sobre todo del trabajo en equipo», desliza ya sobre una nueva etapa.

Ana Cepeda, en una fotografía del año 2011, cuando trabajaba en el Obradoiro
Ana Cepeda, en una fotografía del año 2011, cuando trabajaba en el Obradoiro

Tras quebrar la compañía, se recicló de forma temporal. Entró a trabajar como team manager en el Obradoiro en el año en el que el equipo logró en Burgos el ascenso a la ACB. «Mi cometido principal era encargarme de los jugadores y de sus familias pero hacíamos de todo. Recuerdo ir a casa de alguno durante la madrugada porque su hijo había enfermado y tenía que ir al hospital», explica. «Todos hicimos un esfuerzo titánico pero mereció la pena», acentúa con una sonrisa.

«Hace dos años fue un orgullo ver cómo un exalumno mío se convirtió en Nantes en mi jefe»

Aún así, no renovó. Su meta era regresar a la aviación, algo que consiguió hace cinco años en Air-Hostess, donde forma a auxiliares de vuelo, un trabajo que compatibiliza en verano con contratos que le permiten seguir volando. «Es muy gratificante cuando los alumnos te confirman que los fichó una compañía. Aún este año, y a pesar del covid, Ryanair cogió a tres», destaca al mentar a una pandemia que les exigió reducir aforo y ante la que reclama mayor información sobre que volar es seguro. «Hace dos años me encontré con que el jefe de la base de Volotea en Nantes era un exalumno mío, que allí se convirtió en mi jefe. Fue un orgullo», subraya con emoción sobre su último empleo estival. «Disfruté en Blaster y en el Obradoiro, pero mi sueño siempre fue volar. Todos los días lo echo de menos», reconoce con nostalgia.

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Ana Cepeda: «Disfruté en Blaster y en el Obradoiro pero mi sueño siempre fue volar»