«A los 18 años tuve que aprender de nuevo a respirar, a comer y a caminar»

María Romero se recupera de un ictus que le atacó en el instituto hace año y medio


Santiago / LA VOZ

En enero, María Romero Vázquez espera conseguir el carné de conducir, en junio aprobar la selectividad, y el próximo curso estudiar educación infantil en la USC. Habla de estos proyectos con ilusión en el centro de rehabilitación de la asociación de daño cerebral Sarela, donde se recupera de las secuelas de un ictus. Porque esas tres aspiraciones ya debían ser realidad: tenía previsto aprobar la selectividad en junio del 2019, matricularse después en la USC, y obtener el carné de conducir ese verano. Pero el ataque cerebral frustró sus expectativas: ocurrió el 29 de abril del 2019, mientras asistía por la mañana a la clase de Cultura Audiovisual en el IES Praia Barraña de Boiro: «Me dolía mucho la cabeza y le dije a una amiga si me podía acompañar fuera, porque me estaba doliendo mucho. Ella me agarró, porque yo empezaba a andar mal, sin equilibrio; otros compañeros que estaban fuera se reían al vernos, pensaban que todo era una broma, pero no. Después me vieron sentada y vomitando», recuerda.

Ahí empezó lo que fue un antes y un después, pero de verdad. «Me llevaron al ambulatorio de Boiro. Allí le dijeron a mi madre si yo podía estar borracha. Cuando vieron que no, me llevaron al hospital de Ribeira, me recuerdo de la ambulancia, y después vine al Clínico a Santiago».

Empezó entonces un futuro muy diferente al planificado: «Estuve ingresada en Santiago tres largos meses. Después estuve en rehabilitación en el hospital Quirón, de Pontevedra. Y después empecé en Santiago, en Sarela, donde estuve en logopedia, terapia ocupacional, ahora tratamiento psicológico», explica.

Continúa en Sarela, la trae su padre todas las semanas y «ahora estoy muy recuperada», admite. Tiene muy presente por todo lo que ha pasado estos 18 meses: «Nunca me había imaginado antes que podría tener daño cerebral, y menos con esta edad. A los 18 años tuve que aprender de nuevo a comer, a respirar y a caminar», refiere.

A pesar de la enorme mejoría que ha experimentado «mi vida ahora es muy diferente a antes, la noto diferente. Estoy estudiando por mi cuenta, preparo la selectividad pues quiero presentarme. Me cuesta mucho estudiar, tengo menos memoria. Además, no veo bien de un ojo, veo doble si me quito la gafa. Mi voz tampoco es igual que antes. Y al agacharme me duele mucho por junto a la cicatriz que me quedó del tratamiento del ictus».

Su dificultad para estudiar es uno de los aspectos que trabaja especialmente en el centro de la asociación de daño cerebral Sarela. Además de las consecuencias que se ven, el gran reto del tratamiento de un ictus son las secuelas que no se ven, dice; y lo corrobora la psicóloga que la trata.

María afirma que «con los amigos sigo igual que antes». Pero no ha vuelto por el instituto ni se lo plantea, por el mal recuerdo de «un profesor que pasó de mí absolutamente cuando tuve el ictus; no sé por qué lo hizo, pero me cabreó mucho». Lo que más echa de menos de lo perdido en este tiempo es «no haber podido venir estudiar a Santiago, quería y no he podido», sostiene.

Esta conversación transcurre en una sala amplia del centro Sarela, con todas las medidas de seguridad exigidas por la pandemia del covid-19 y una mampara a mayores. María es una joven muy tranquila, madura y con actitud positiva. Habla pausadamente, a veces le cuesta encontrar las palabras. Preparó unas notas, que consulta. Muy próxima está la psicóloga, con quien ha acudido a terapia previamente.

De todas las preguntas, hay una que le cuesta especialmente responder, esta: «¿Qué le dirías a una persona joven que deba enfrentar un problema como el tuyo?». María queda muy pensativa, tarda, parece que no le van a salir las palabras, hasta que dice: «Que puede pensar que es una pesadilla, pero que no lo es; y lo típico: que sea fuerte, que se sale de esto». Ella demuestra fortaleza cada día.

El gran cambio: acostarse feliz y levantarse ya dependiente

El martes, a las 19.00, en San Roque, Concha Otero, vicepresidenta de la asociación Sarela, presenta el libro A noite en que todo cambiou. A vida con DCA [Daño cerebral adquirido]. Relata la historia de su marido, Juan, un hombre autosuficiente, quien el 2 de agosto del 2005 se acostó feliz, pues empezaba al día siguiente las vacaciones, y a causa de esta enfermedad, desde que se levantó pasó a ser dependiente, cambiando su vida y la de su familia, explica la autora. 

La pandemia interrumpió el proyecto de ampliar el centro de la asociación Sarela

La asociación de daño cerebral Sarela, de Santiago, declinó conmemorar su vigésimo aniversario e interrumpió el proyecto de ampliación de su centro de rehabilitación, en Tras Restollal, a causa de la pandemia del covid-21. José Balboa, quien preside la entidad desde que se fundó, el 19 de diciembre del 2000, explica que la ampliación pretende aumentar su oferta de servicios y actividades para ayudar a más personas que padecen esta grave enfermedad. «A ver se o podemos retomar o próximo ano, cando se estabilice a situación que estamos a vivir. Agora mesmo o que máis nos preocupa é manter o que temos, e acabar o ano a poder ser atendendo a máis persoas que o necesitan, pois temos restricións por causa da covid», afirma. 

Día del Daño Cerebral

La pandemia ensombrece, mañana, el Día del Daño Cerebral Adquirido. La efeméride la aprobó el Consejo de Ministros en agosto del 2007, cuando designó el 26 de octubre para sensibilizar sobre este grave problema de salud. Se estima que afecta a unas 35.000 personas en Galicia. Las celebraciones de este año serán a través de Internet y de las redes sociales. Contemplan la lectura de un manifiesto, entre otras; y en Santiago las Torres Hejduk, del Gaiás, se teñirán de azul mañana por la tarde y al anochecer.

Sarela atiende a personas con daño cerebral en Santiago desde el 9 de enero del 2003, cuando inauguró un centro en la rúa do Ceo; lo cerró en el 2016, al abrir el centro de rehabilitación actual, donde dispone de plazas concertadas con la Xunta. Además ofrece un programa ocupacional y terapia acuática.

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