Ella teje las escenas más divertidas y alegra al barrio con su escaparate

Natalia Horyaans lleva tres años sorprendiendo en San Pedro con sus polifacéticos amigurumis


Santiago / La Voz

El escaparate del número 89 de San Pedro nunca deja de sorprender. Las escenas que teje Natalia Horyaans, dueña de la tienda de lanas Fainotí, tiene a muchos niños y vecinos del barrio compostelano en vilo, pendientes de cuál será la siguiente aventura que protagonicen sus dos amigurumis. Tejió estos muñecos a imagen y semejanza de ella misma y de su pareja, Gonzalo. La melena azul y el bigote los delata. Y ya ha perdido la cuenta de cuántas veces les habrá hecho un nuevo vestuario y atrezo en estos tres últimos años. Empezaron saltando una hoguera y comiendo sardinas por San Xoán y desde entonces han nadado con tiburones, han cargado con su abeto en Navidad, se han puesto el paraguas y chubasquero en invierno, de traje de gala en Fin de Año y en bikini bajo la sombrilla en verano. Han celebrado cumpleaños, el Samaín, San Valentín... hasta plantaron su propio huerto en el escaparate y se convirtieron en astronautas, en Peter Pan y Campanilla o en los protagonistas de Juego de Tronos. Confiesa Natalia que va improvisando sobre la marcha, inspirándose en la época del año y dejando total libertad a la imaginación. «Es muy divertido», comenta. Sus amigurumis siempre están dispuestos a la participar en reivindicaciones sociales, como la campaña contra la violencia machista o la celebración del Orgullo LGBT. Su autora explica que todavía se asombra cuando alguien, sea mayor o pequeño, se escandaliza uno de sus montajes. Recuerda, por ejemplo, que este verano tuvo a un náufrago en una isla desierta y, «lógicamente, estaba desnudo. Dependiendo del ángulo, se podían ver sus partes íntimas, y aún hay niños y adultos a los que eso les llamaba la atención».

 
 
 
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¡Cada vez me lo paso mejor pensando los escaparates! Jiji ? #amigurimi #fainotitenda #fainoti #tendasriquiñas #santiagodecompostela #bucear

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Ella se proclama, ante todo, tejedora; algo lleva en el ADN. «Mi abuelo trabajaba en una multinacional holandesa de compraventa de lana y la familia de mi madre tenía campos con ovejas y lavaderos de lana e hilanderías en Uruguay y Argentina», cuenta. Por eso no es de extrañar que Natalia empezase a tejer siendo muy joven, con 7 años. Era una niña inquieta, indica, y fue la fórmula con la que consiguieron tenerla entretenida. Lo de los amigurumis es más reciente. No es una moda que le llamase mucho la atención, señala, porque al principio lo que se hacían eran muffins y sushi, lo que le parecía un tanto cursis, dice esta mujer que dice tener «alma gamberra» y para la que el pelo azul es ya una seña de identidad. Vueltas da la vida y ahora le llueven los encargos de amigurumis (incluidos tres Apalpadores que formaron parte de la decoración navideña del Obradoiro). Lo que más hace son parejas como la de su escaparte y estas réplicas en miniatura de gente real, con su ropa habitual, sirven hasta para coronar tartas nupciales. 

En busca de piso

En los últimos días la Asociación Gallega de Trasplantados de Médula Ósea (Asotrame) se ha movilizado para mejorar la calidad de vida de los pacientes y familiares que son tratados en el CHUS. Sabela Sobrino, Alberto Álvarez, Loli Millán, Nacho Zas, Isa García, Bea Gallego, Cris Per y Mario Álvarez están entre los voluntarios que trabajan para conseguir un piso, a ser posible cerca del hospital, donde se puedan quedar los acompañantes de las personas con trasplantes o ellas mismas cuando se desplazan desde otros concellos (a veces desde otras provincias) y se ven forzados a pasar la noche en la ciudad, lejos de sus casas. Es una situación habitual, al ser el Clínico un centro de referencia para estos trasplantes en Galicia, más desde que estalló la pandemia. En A Coruña, Asotrame ya tiene un piso con estas características desde hace tres años con muy buenos resultados.

Un escarabajo de premio

Un vecino de Teo, Rodrigo Riveiro, está entre los ganadores de los Premios Antonio Fraguas de la Diputación de A Coruña. Fue reconocido en la categoría de artesanía contemporánea por un colgante con forma de ciervo volante, el icónico escarabajo conocido en Galicia como vacaloura o escornabois. La pieza fue realizada en plata, madera y loza, material que se ha convertido en una de las señas distintivas del trabajo que el artesano hace en Ferraxe de Prata.

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