¿Quién se dedicó a dejar rosas de madrugada por todo O Milladoiro?

Mary Vieites, una florista de Ames, repartió 100 flores pidiendo apoyo para el comercio local


Santiago / La Voz

A la entrada de un portal. En el buzón para la publicidad. En parques. En bancos. En marquesinas de autobuses... O Milladoiro amanecía ayer plagado de rosas: blancas, amarillas, rojas... Los vecinos se las encontraron por la mañana, cuando salieron a la calle, dispuestos a enfrentar un día más en medio de la pandemia. En total, cien flores, desperdigadas con mucho amor, alegraron el día a quienes se encontraron con ellas. Esa era, precisamente, la intención de la persona que las repartió. ¿Quién? Mary Vieites, una florista de Teo que trasladó hace seis años su negocio a Ames, Mil Rosas. La idea surgió, cuenta, «porque la situación de la flores está muy complicada: hay carencia de flor y de clientes también. Queríamos que la gente contara con nosotros para el día de Todos los Santos y hacernos más visibles, al pequeño comercio en general, para que todo el mundo vea que las tiendas de barrio cuidan a sus clientes de una forma que no hacen Amazon ni otras grandes plataformas. Nos parecía una forma bonita de cuidar al pueblo que nos da de comer todos los días, de dar las gracias y recordar que seguimos aquí», dice la teense. Explica que los floristas «arriesgamos mucho en esta campaña», por la de Difuntos, y recuerda que «el sector de la flor está muy machacado. Se nos confinó en vísperas del Día del Padre y hay que tener en cuenta que trabajamos con un elemento no reembolsable. Es decir, lo que no vendes se da por perdido. Y se cerraron los cementerios, con los centros hechos y sin poder entregarlos...».

Es por eso que se le ocurrió a Mary rescatar una campaña que ya había hecho, hace años, por San Valentín. Sus cien rosas, envueltas en celofán individualmente y repartidas por ella misma a las cinco de la mañana —con la complicidad de su marido como conductor—, incluían una etiqueta. En ella invitaba al afortunado que encontrase una flor a guardarla y a visitar su tienda el día 1, así como a «cuidar de los negocios locales». Pasadas las nueve, empezaron a aparecer en las redes sociales las primeras fotos de aquellos a los que el azar cruzó con sus rosa. Otros se acercaron al establecimiento de Rosalía de Castro. «El teléfono no paraba de sonar para darnos las gracias. Fue muy entrañable. La gente necesita cariño, ahora más que nunca», afirma esta empresaria, dispuesta a dar para recibir.

Carlos Sobera, en Xallas

Publicaba hace una semana Carlos Sobera en Instagram que tocaba volar. «Lo mas alto posible, lo mas lejos que se pueda...», añadía, junto a una foto suya en el avión. Este llevó al presentador de Mediaset al norte. El viaje del vasco pasó por Asturias, y también por Negreira coincidiendo con el puente, en el que disfrutó de una «soberbia comida de la mano del chef Rogelio [Rial] en su magnífico restaurante, Casa Barqueiro».

Allí degustaba el domingo unos santiaguiños, calamares de potera, chuletón de vaca y tarta de queso. Y, tras la comida, el propio Rogelio llevó a Sobera y cía a ver sus vacas a Gonte. En estos pastos crían los hermanos Rial las reses de raza gallega que luego preparan en Casa Barqueiro, donde tanto dan de comer al parroquiano como a estrellas Michelin.

El paso de Al Bano por Santiago

Otra cara muy conocida se paseó este puente por Santiago. El cantante Al Bano visitó de nuevo la ciudad por un compromiso laboral. Vino a estrenar, en exclusiva mundial, su versión del Miudiño en el programa Luar (TVG). Y, de paso, se dio un garbeo por la capital gallega. Entre sus paradas estuvo el restaurante italiano L'Incontro. No comió allí. Cuando viene a Galicia aprovecha para pegarse una mariscada, como debe ser. Fue al negocio de Michela a visitarla porque, casualmente, procede de un pueblo de la región de Puglia muy cercano al de ella y se conocen. «Hace dos años mi marido lo conoció. Vino al restaurante, él y dos amigos más», cuenta. Ahí germinó una relación y la hostelera fue incluso a probar el vino que él produce en Italia, donde conoció también a su hija menor, Romina Iolanda. De hecho, le prometió unos percebes cuando tenga la ocasión de viajar a Compostela. Sobre el artista, destaca que es «una persona, per me, meravigliosa, muy humilde y muy cercana». Algo que han constatado muchos otros que han tenido la ocasión de cruzarse por primera vez con el italiano, reconocible aún con mascarilla y siempre dispuesto a una foto, a pesar de las que corren.

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