Las cabañas turísticas triunfan hasta en el verano de la pandemia

La demanda se ha disparado para pasar las vacaciones en estos refugios entre árboles que evitan el contacto con otros huéspedes


Santiago / La Voz

La moda del glamping, y más concretamente la de las cabañas de madera construidas sobre y entre los árboles, arrasan desde hace años en Galicia. Muy cerca de Santiago, en concellos vecinos como Boqueixón, Teo, O Pino y Touro, han nacido en los últimos tiempos varios proyectos relacionados con este tipo de turismo, vinculado a la naturaleza. Y, en contra de lo que sucede con el modelo hotelero tradicional, siguen triunfando en el verano de la pandemia. La demanda se ha disparado en la zona y han cubierto prácticamente todas las plazas este mes. ¿El secreto del éxito? Sus propietarios explican que, tras el confinamiento, «la gente no quiere verse encerrada otra vez en una habitación». Muchos consideran las cabañas como una alternativas seguras, un refugio en el que evitan el contacto con otros huéspedes.

«Ahora mismo estamos completos todo el mes de agosto. Solo nos queda una fecha disponible. Y los fines de semana los tenemos llenos hasta octubre», confirma Adriana Rodríguez Millán, de Enoturismo María Manuela. En noviembre del año pasado ponían en marcha este proyecto familiar en Boqueixón, donde ofrecen seis cabañas (una de ellas con acceso para personas con movilidad reducida) integradas en una carballeira que linda con una plantación de vino. La idea inicial era que los clientes pudieran conocer en vivo cómo se produce el vino y hasta crear una marca propia de la D. O. Rías Baixas. Sin embargo, el covid «retrasó la construcción de la bodega», lamenta. Lo que va viento en popa son las cabañas.

Enoturismo María Manuela:  Son seis cabañas con 24 plazas integradas en una hermosa carballeira, en el lugar do Pazo. Cuentan con bañera de hidromasaje, aire acondicionado, WiFi gratuita y aparcamiento privado.

«Es cierto que muchas personas que llegan de diferentes puntos de España (Madrid, Cataluña, Valencia) nos comentan que están buscando un alojamiento en el que no tengan contacto con otras personas y nadie acceda a su habitación. Además buscan un lugar en el que quedarse y no tanto una simple habitación para dormir y pasar el día haciendo turismo. Y, por otro lado, estamos viendo que muchas familias eligen esta opción para disminuir el riesgo para los niños, fundamentalmente», destacan desde María Manuela.

Fórmulas para el contacto cero

En enero abrían sus puertas las cabañas de Vila sen vento, en O Pino, dentro de un complejo rural vacacional ubicado junto al Camino Francés que cuenta también con dos villas, además de una casa rural rústica a dos minutos en coche. Tras un arranque interrumpido por el estado de alarma, reanudaban la actividad a comienzos de junio. «Este mes, como mucho, quedará libre una noche suelta por cabaña». En este negocio familiar, en el que están implicados Ana Pardina, Javier Suárez-Vence y sus hijas Paula y Ari, emplearon los meses de parón para trabajar. «Queríamos dar seguridad y tranquilidad a los huéspedes, sin dejar de lado el trato cercano que solemos tener con ellos. Por eso durante la cuarentena hicimos unos vídeos que les mandamos el día anterior a su llegada, en los que le enseñamos cómo llegar a su cabaña dentro de la finca, cómo funciona el jacuzzi, las luces... Contamos todo lo que hacíamos antes en persona, pero en un check-in no presencial», explica Paula.

Vila sen vento: Hay cinco cabañas. Tres de ellas tienen capacidad para 4 personas y las otras dos para 6. Todas, con una decoración sofisticada y cuidada al detalle; con jacuzzi y fusionadas con el paisaje. La finca cuenta con numerosos extras (piscina exterior, zonas chill out, chiringuito, pistas deportivas, zona de barbacoa, parques infantiles y camas elásticas para los menores).

«Tenemos un terreno muy amplio, de 40.000 m2, y tener zonas tan amplias y súper verdes hace que la gente venga. Incluso han puesto en la piscina hamacas y mesitas de uso individual para cada cabaña. Su madre, decoradora de interiores, ha conseguido crear un ambiente moderno y acogedor en ellas. Solo una existía antes que el resto y era de uso familiar, por lo tiene un toque más rústico y en esta sí aceptan mascotas. Además, ofrecen la opción de desayuno y cena. Lo dejan en una cesta en la puerta: «El restaurante lo tenemos cerrado para evitar aglomeraciones pero, bajo petición, sí se lo llevamos a la cabaña».

El proyecto más reciente de todos es el de Cabanas da Ulla, en Touro, donde tuvieron el mejor de los comienzos el mes pasado y en agosto están todas las noches reservadas. «Del 1 al 12 de septiembre estamos prácticamente llenos, así como el resto de fines de semana», señala Susana Álvarez. Sus tres cabañas están también en una extensa finca de 42.000 m2. «Supongo que todo influye. Los clientes están contentos de tener un espacio tan grande. Y, aunque las cabañas están cerca, ellos casi ni se ven. La única zona común es la piscina y hay dos tumbonas por cabaña, separadas entre sí», añade. Para ella, el turismo rural podría estar ganando ahora un poco de terreno a los hoteles. «Mucha gente no le había dado una oportunidad hasta ahora y está siendo un descubrimiento para ellos», añade. 

Cabanas da Ulla. Tres cabañas de colores vibrantes con capacidad para 12 huéspedes (4 en cada una). Están ubicadas en un terreno de 42.000 m2 con piscina exterior en Dioño. Disponen de una cama de 1,35 metros y un sofá-cama con la misma medida, baño privado, cocina completa, estufa de leña, aire acondicionado y televisión.

Las minicasas de madera de Teo con opción a «me la llevo»

Las Moradas no Ulla (MU) cumplen este fin de semana dos años. Al principio, tuvieron una acogida «nun ambiente máis reducido, entre xente interesada pola arquitectura, o deseño e a arqueoloxía», indica el propietario de las cabañas de Teo, Fran Devesa. No había tenido antes un negocio como este. Su experiencia en la hostelería le viene de un bar. «O que máis nos atraía era a construción do proxecto. Estivemos buscando terreos onde levalo a cabo. Tiña que ser un entorno rural, pero que ao mesmo tempo fóra edificable», relata. «O primeiro inverno foi duro, case sen reservas. O verán pasado, por ser o primeiro, xullo foi reguleiro e agosto case completos», continúa. Lo que no contaba, con la pandemia azotando duramente al sector, es que este verano le fuese tan bien: «Estamos case duplicando as cifras do pasado verán, incluso triplicando».

Moradas no Ulla. Son tres exclusivas cabañas. Ocupan cada una 27 m2, con cabida para dos adultos y un niño de hasta 12 años, al lado del río Ulla y cerca del Xirimbao, en Freixeiro (Teo). Destacan por su diseño y un interiorismo de inspiración nórdica. Están provistas de un baño con ducha de chorros de hidromasaje, cama de 150 centímetros, cocina equipada, sofá-cama, aire acondicionado, calefacción, televisión, wifi, libros y juegos.

Si se le hubieran dicho esto hace un par de meses, Fran no se lo hubiera creído, asegura: «Empezouse a anular todo o que tiñamos reservado e quedamos practicamente a cero. Entrounos a angustia, pero abrimos en maio porque tiñamos algún cliente que non cancelara a estancia». Aunque todavía están en el aire muchas camas para septiembre, «confío en que se irán ocupando. A xente está esperando a última hora porque, tal e como está o avance do covid, non se queren arriscar», destaca. Asegura que si el verano pasado entre su público principal había bastantes europeos, norteamericanos y mucho madrileño y portugués; en esta ocasión el turismo es sobre todo nacional y gallego. Le sorprende que no haya huéspedes procedentes del otro lado de la raia, que suponían un 30 % del total todo el año y ni siquiera están consultando, afirma. 

Una de las mayores peculiaridades de MU es que estas minicasas de 9 metros por 3 son transportables. Fabricadas en Padrón con pino ecológico de Rois, el mismo equipo de construcción que las hizo ofrece la opción de comprarlas con todas las instalaciones (incluida la climatización) y el equipamiento tal y como el que tienen las Moradas no Ulla. «Estanse facendo algunhas para terceiros. Se ves e che gusta, podes levala contigo para a túa propiedade. É unha especie de take away. O 50 % dos hóspedes preguntábanos polo custo e onde conseguilas, polo que foi un éxito», indica el empresario. Una ya está en A Baña, dos se irán para Asturias y otra para Valga. ¿El precio? Ronda los 32.000 euros, sin incluir el transporte y la base de cemento, que rondaría los 35.000. En MU prefieren, para ahorrar costes de desplazamiento y por una cuestión de practicidad, que el albañil que el cliente contrate por su cuenta a un albañil de confianza que se encargue de la obra necesaria sobre el terreno para asentar la cabaña.

Eso sí, solo en Teo contarán con los extras del trato cercano y personalizado, así como con la opción a tener listo nada más despertarse un desayuno artesano y natural en bandeja de madera. La fruta, yogur con muesli, zumo de naranja y tostadas... que tanta fama están cogiendo en MU.

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