María Garrido Grille: «Soy como el vino, muy social, yo quiero gente»

La compostelana, directora de márketing de las bodegas Martín Códax, repasa su exitosa trayectoria en un mundo en el que cuando comenzó aún era «muy masculino». Reconoce divertida que «muchas amigas mías aún empezaron a tomar vino con Alma Atlántica»


Santiago / La Voz

En un verano atípico, también para las bodegas Martín Códax, uno de los referentes de la Denominación de Origen Rías Baixas y del enoturismo gallego, con citas estivales ineludibles a las que solo el covid frenó, conversamos con María Garrido Grille, su directora de márketing y comercial. La compostelana, de 43 años, no esconde su sonrisa al hablar de la firma de Cambados en la que aterrizó hace 17 años. «Soy lo que soy porque he crecido dentro y por todos los proyectos de equipo que llevamos adelante», enfatiza con orgullo. No oculta tampoco su alegría al hablar de Santiago, ciudad en la que vivió hasta hace cinco años cuando se trasladó a la vecina Cacheiras (Teo), o al echar la vista atrás para recordar a su familia, con la que, incluso, comparte pasión por las finanzas. «Somos seis hermanos que crecimos en el Ensanche y todos estudiamos Empresariales», relata divertida sobre unos inicios que la llevaron primero a Oxford para perfeccionar idiomas y, un año después, de regreso a Compostela, donde entró en la banca privada. «Fue una etapa difícil. Trabajas con capitales por encima de los 300.000 euros. En ese momento tenía solo 24 años y quise cambiar», revive.

La oportunidad surgió de forma casi inmediata y la condujo hasta las bodegas Martín Códax, donde accedió al departamento comercial nacional. «Apostaron por mí para que recorriese España introduciendo el albariño en un momento en el que el mundo del vino era aún muy masculino y en el que no se concebía que una mujer joven fuese la responsable de ventas de una bodega. Llegaba a los sitios y preguntaban por mi padre, que qué tal el señor Códax o reservaban mesas a su nombre, al desconocer que aludía a un trovador. Aún así, fue una experiencia increíble», rememora agradecida a una empresa de «visión moderna» y clara orientación hacia la potenciación de marca, lo que le permitió desarrollarse internamente y crear su departamento de márketing. «Los viticultores idearon una historia detrás del vino que lo anclaba al origen, a las cantigas. Todo eso me vino dado», evoca.

Ya en el presente confiesa que «los desarrollos de nuevos productos me apasionan» y pone en valor la posibilidad de estar en constante creación. Interrogada por los nombres de los vinos, revela que el de Marieta, un albariño, hace mención a cómo la llamaban algunos de sus distribuidores. «Me encantaba», apunta nostálgica. «El nombre es una de las cosas más difíciles porque hay que crear un personaje detrás, que vaya en sintonía con el producto. Con Mara, un godello con un punto de amargor, tenía claro, por ejemplo, cómo vestía la chica que lo representaba, con jerséis arena. Lo dibujamos todo», ilustra con un entusiasmo que se aviva a la hora de hablar del enfoque cultural de la bodega. «Es una de las cosas con las que más disfruto. Soy muy disfrutona», acentúa. En clave compostelana cita el patrocinio del Outono Códax, el festival de música negra por excelencia. «Es imposible no enamorarse de esta cita», ensalza aclarando que en su caso, y con una niña de 9 años, no puede asistir tanto como le gustaría.

No hay mucha gente de Santiago que me vincule con Roberto Vilar

En su lado más íntimo revela que no hay mucha gente de Santiago que la vincule con Roberto Vilar, el popular presentador de la TVG al que conoció hace 17 años en Blaster -«era así, en los pubs, cómo se conocía antes la gente; en nuestro caso fue un flechazo»- y con el que se casó hace 9, el mismo día en el que bautizaron a su hija. «A nivel profesional lo tenemos separado. Él no me suele acompañar a eventos ni yo tampoco», explica antes de anotar con una sonrisa que sí salió «mil veces sin autorización en Land Rober», programa que ve siempre y que le divierte mucho con sketchs de los que sabe su origen.

Sin dejar su lado más personal -«soy como el vino, muy social, yo quiero gente»-, la charla se encamina de nuevo a la enología y a una de las grandes apuestas de la bodega, la de diversificarse y llegar también a los no bebedores de vino. «Muchas amigas mías aún empezaron a tomarlo hace poco con Alma Atlántica», subraya jovial sobre un proyecto de elegante botella que incluye espumosos, sangría o rosados. «Es gratificante ver cómo crecen, comprobar que no te has equivocado», concluye emotiva.

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