santiago / la voz

Si hubiera una prueba para evaluar el grado de cumplimiento de las medidas sanitarias para protegernos del coronavirus, en general los compostelanos aprobarían con nota. Puede que no lleguen a un sobresaliente, ni siquiera a un notable alto. Porque aún hay muchos que siguen sin incorporar la mascarilla a su atuendo diario al aire libre o en lugares cerrados, y otros se saltan a la torera la distancia de seguridad. Pero, salvo esas excepciones, los compostelanos están dando un ejemplo de civismo. El mayor incumplimiento se concentra en las terrazas y en los locales de hostelería, donde aún predominan las dudas sobre las normas del correcto uso de las mascarillas.

El transporte público es el ámbito donde más se cumplen, posiblemente porque el conductor del autobús o del taxi actúa como fiscalizador. Durante tres días de observación para preparar este reportaje no se advirtió a ninguna persona a bordo de un bus urbano sin mascarilla. Solo hubo un momento en el que una mujer, de avanzada edad, se retiró la mascarilla unos segundos al tiempo que se quejaba del sudor acumulado en su cara. El termómetro marcaba 28 grados.

El comercio, donde los clientes cumplen con el ritual de lavarse las manos con gel antes de entrar, es el segundo ámbito que mejor se comporta en la nueva normalidad. En la praza de Abastos se fijaron aforos en las naves y el comportamiento general es aceptable. Los vendedores, salvo excepciones, mantienen el cubrebocas durante la jornada, aunque algunos optan por dejar la nariz libre, alegando que la distancia entre su puesto y los clientes ya protege lo suficiente. Los clientes suelen acudir con mascarilla, aunque son habituales los casos de confusión que llevan a muchos a situarse delante de la línea amarilla, y no detrás. Una mujer, a la que pidieron que se pusiera detrás de la marca para separarse del mostrador, creía que la línea delimitaba un pasillo central que debía quedar libre.

Los parques, y más concretamente los paseos al aire libre por la Alameda o por cualquiera de las zonas verdes de la ciudad, están entre las zonas donde más personas van sin mascarilla. Esa conducta no siempre supone ahí un riesgo evidente. Las personas que van solas son las que menos llevan la protección. Aunque consideran que no ponen en riesgo a nadie, no perciben como peligro el momento en el que se cruzan con otras personas o se detienen junto a otras para descansar o disfrutar del paisaje. Cuando el paseo se convierte en ejercicio, la mascarilla desaparece y prácticamente ningún deportista lleva tapada la boca, pese al riesgo. La excusa más habitual es que van solos o que son pocas las personas con las que se cruzan.

En los paseos en pareja o en grupo por la ciudad hay de todo. En general, la prueba se supera con nota, pero siempre hay excepciones. La imagen de dos o más personas con mascarilla es frecuente en la calle, pero aún hay casos en los que uno de los dos no la lleva, alegando que conviven y sin caer en la cuenta de que ponen en riesgo a los demás. El uso de la mascarilla entre los turistas parece menor que entre los compostelanos.

La línea amarilla no se respeta en los puestos de la plaza

Los clientes de la praza de Abastos acuden con la mascarilla puesta y, salvo los casos habituales en los que dejan la nariz descubierta, el cumplimiento de la normativa es general. Los vendedores suelen emplearla continuamente, aunque alguno la retira de vez en cuando para «respirar». Lo que no se respeta es la linea amarilla que marca la distancia de seguridad ante los puestos.

Peregrinos sin la protección o que la llevan de pulsera

Los peregrinos y los turistas hacen un uso irregular de la mascarilla. Entre los grupos que descansan en la praza do Obradoiro es frecuente encontrar a personas que van a cara descubierta o que llevan la protección colgada del codo, la muñeca o la mochila. Son más frecuentes las quirúrgicas que las confeccionadas con tela de algodón.

Uso generalizado en el transporte público

A bordo de los taxis y autobuses urbanos no va nadie sin mascarilla. Los conductores las llevan durante todo el recorrido, y los pasajeros están obligados a mantenerla durante su estancia en el interior de los vehículos. Otra cosa es lo que puede verse en las paradas, donde todavía hay personas que esperan el bus a cara descubierta y sin guardar la distancia mínima de seguridad.

Al aire libre se ven menos mascarillas o no se utilizan

Los compostelanos, en general, usan el cubrebocas en las calles y parques de la ciudad, aunque los que hacen deporte suelen prescindir de ese complemento o retirarlo durante el paseo. La excusa más habitual es que no hay nadie cerca, y cuando se cruzan con alguien tapan la boca. En los parques y las calles es frecuente encontrar mascarillas quirúrgicas tiradas en el suelo.

La mascarilla y la limpieza son las dos herramientas básicas

La mascarilla y extremar el cuidado en la limpieza de zonas comunes, así como el uso de gel hidroalcohólico o de agua con jabón para limpiar las manos son las herramientas básicas para evitar el contagio. Pero la normativa que regula las condiciones de la nueva normalidad en Galicia es mucho más extensa y detallada.

La mascarilla es obligatoria en la vía pública o en espacios al aire libre, siempre que no pueda mantenerse la distancia interpersonal de 1,5 metros, que no se consigue, por ejemplo, en las terrazas de los locales de hostelería, por lo que debería llevarse cuando no se está consumiendo.

En los espacios cerrados de uso público la protección facial es obligatoria cuando no se puede mantener la distancia de seguridad. Tal es el caso de los centros comerciales y de los locales de hostelería, excepto durante el consumo de bebidas o comida. En el transporte público siempre hay que llevar mascarilla. La sanción por no observar esta medida es de 100 euros, y son los responsables de los establecimientos quienes tienen que pedir a sus clientes que se pongan máscaras, además de asumir la limpieza y desinfección de las zonas comunes y poner gel a disposición de sus clientes.

La Policía Local notificó 350 incumplimientos en el estado de alarma

m. mosteiro

En el último mes y medio abrió diligencias a cuatro personas por no llevar mascarilla

El uso de mascarilla ya era una obligación para todas las personas mayores de seis años desde el 21 de mayo, si bien Galicia las condiciones se reforzaron a partir del 25 de junio. A simple vista, el cumplimiento de la norma está bastante generalizado en la ciudad, pero el número de sanciones es muy inferior a los incumplimientos que se ven en la calle, especialmente en las terrazas y en los parques. Desde el 21 de mayo, la Policía Local solo propuso a cuatro personas para sanción por incumplir las medidas higiénico sanitarias. Una fue en un local de hostelería en la madrugada del 20 de junio. Otras dos, en el interior de un local hostelero de la rúa Doutor Maceira en la madrugada del 26 de junio. Una tercera persona fue objeto de diligencias en la madrugada del 4 de julio por no llevar la mascarilla y no respetar la distancia. Finalmente, en la madrugada del pasado día 9, un hostelero pidió ayuda a la policía ante la negativa de un cliente a usar la mascarilla en Frei Rosendo Salvado.

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Santiago cumple con las medidas sanitarias