La buena mano de Victoria y Soco para una cocina sana y sin gluten

La Cazuela de la Tía Toña, en San Pedro de Mezonzo, prepara comidas caseras para llevar o para tomar en el local


santiago / la voz

A La Cazuela de la Tía Toña hay que ir. Después te gustará, te recordará a lo que comías en casa de la abuela o te hará más o menos gracia, pero hay que ir porque este espacio gastronómico difícil de definir está en uno de los tramos más desoladores de San Pedro de Mezonzo, donde hay más contenedores subterráneos que locales abiertos. Por eso tiene tanto mérito el cuidado y repensado proyecto de Victoria Ledo y Socorro Vedo, que ya acumulan en Compostela algunas iniciativas exitosas entre fogones, cafés y una clientela que suele seguirles la pista.

Ahora profundizan en la comida, pero en vez de sacarla desde una barra la venden desde un mostrador, porque el local, que antiguamente acogió el pub Express y que ahora toma el nombre en memoria de una tía de Soco, tiene una zona de cocina donde trabajan, una tienda y un comedor con microondas incluido para el que prefiera degustar los platos allí mismo.

La idea empresarial no es caprichosa, porque estas dos mujeres que se conocieron en esa misma calle en su etapa colegial tratan de dar respuesta a una circunstancia que vive de forma directa Victoria y tantas otras personas celíacas que ven limitadas sus opciones en su relación con la comida. La Cazuela es «libre de gluten al 100 %», sin rastros ni excepciones, con los condicionantes que conlleva pero también con una apuesta radical por la alimentación sana y variada. Hay platos recurrentes que nunca fallan: ensaladilla, menestra, judías, lasañas y una albóndigas excepcionales que ya tienen incondicionales. Y como los hay que van -o llaman, tienen servicio Just Eat de reparto- más de un día a la semana, siempre se abren a los arroces variados, la pasta con salsas singulares y unos postres que ya cuentan con un superventas: el tiramisú, que es otra de las recetas que clavan, como el arroz con leche, las natillas o la tarta Sacher.

Todos los comienzos son difíciles, pero hasta el momento solo han certificado la decepción de un cliente que admitió que lo que él buscaba era «fritanga». No es su sitio, efectivamente. Ahora bien, un salmón o un brócoli al vapor sí que se puede encontrar, o verduras y guisos.

Además de buena mano, el proyecto de Victoria y Soco tiene poso sociológico, porque ellas mismas, que patearon esas calles como niñas, se dan cuenta de lo envejecido que está el Ensanche. El aumento de la esperanza de vida y la soledad van de la mano en este barrio compostelano, y cada vez son más los mayores que dejan de cocinar, también por dinero, porque pocas salen más caras que guisar para uno solo. Ellas aceptan encargos concretos, encienden sus fogones desde las 8 de la mañana, abren de 11 a 17 horas y solo descansan los lunes. Se lo merecen.

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