El día después de la Festa Fareleira en el Toural

Un operario limpió la plaza, mientras la fuente seguía llenándose de una pasta de engrudo

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Festa Fareleira en Santiago Festa Fareleira en Santiago

santiago / La Voz

El día después de la Festa Fareleira en el Toural trajo las consecuencias que anunciaron los comerciantes y vecinos de la plaza durante la jornada del lunes. La harina se coló por todos los rincones, y su presencia llegó al fondo de los locales comerciales que, desde primera hora de la mañana, se afanaban por barrer la que había llegado hasta el almacén. Uno de los restauradores de la calle pedía al único operario desplazado, por la mañana, para limpiar la plaza que le retirara la harina de la puerta de su comercio para que los clientes no siguieran manchando su local. En Riande, este martes cerrado por ser festivo, se veían los restos de la fiesta. Su escaparate aún tenía harina, y la fachada del Pazo de Bendaña presentaba un color blanquecido y una capa blanca cubría parte del hall de entrada a la Fundación Granell. En el establecimiento de venta de chocolate tuvieron la previsión de bloquear las puertas de cristal con papeles para que la harina no entrara en el establecimiento, y los cristales de la perfumería estaban sucios por la masa de harina y agua, así como las puertas de acceso a las viviendas. La lluvia contribuyó a que la masa de harina y agua llegara hasta la entrada de la Rúa do Vilar y el inicio de los soportales de la misma calle. 

Todo el suelo de la plaza tenía una capa de engrudo, que empezó a ser retirada por el operario de Urbaser poco antes de la diez de la mañana. La manguera con agua a presión se usó también para limpiar las fachadas de los edificios y los escaparates de los comercios, pero lo más delicado era la fuente. A la capa de harina, más bien engrudo, depositado en la parte superior del sillar se unió la gran cantidad de harina que cayó en el vaso y que taponó el hueco por donde sale el agua hacia el alcantarillado. El mal estado de las piedras del vaso de la fuente permitía que parte del agua acumulada, que sigue saliendo por los cuatro caños, saliera por entre las piedras, aunque con un caudal inferior al que llega a la fuente. A las ocho de la mañana, en el vaso de la fuente solo había unos pocos centímetros de agua y harina, pero a las diez, el nivel estaba por la mitad del vaso. El operario reconoció no saber cómo cortar el agua de la fuente ni cómo desatascar el orificio de salida. 

Los comerciantes de la praza do Toural hicieron público su malestar por la elección del lugar para la fiesta. Aseguraron que algunos de los empresarios tuvieron que cerrar sus negocios para evitar que la harina se colara en el comercio y dañara sus artículos; otros vieron como las ventas se reducían al mínimo, porque no pasaba nadie por la plaza. «Existen otros emplazamientos que son más idóneos para este tipo de fiestas, como puede ser A Quintana o la Alameda», explicaron. Los comerciantes lamentan que no se les pidiera su opinión para realizar una fiesta que «alteraría el normal desarrollo de la actividad comercial». Se muestran a favor de esta fiesta, pero plantean que la Praza do Toural «no es el lugar idóneo». 

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Marga Mosteiro

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El Carnaval no es la fiesta más seguida por los compostelanos, pero desde el Concello se intentó introducir novedades para atraer el interés de los vecinos. La novedad de este año fue la de incluir en el programa una cita obligada en los entroidos de Verín y Laza, el lunes fareleiro. Por la mañana, los invitados estrella fueron los más pequeños de la casa, y se lo pasaron en grande. El lugar de la cita, la plaza de O Toural, que en pocos minutos quedó cubierta por una fina capa de harina. La suerte estuvo de parte de los organizadores, y sin lluvia, la fiesta lució todavía más. En dos extremos de la plaza se instalaron cubos con harina, donde los pequeños, con y sin disfraz, iban rellenando sus cucuruchos para participar en el juego. Aunque en la tradición de Verín, los que terminan enfariñados son los que asisten a la fiesta sin disfraz, en Santiago, al menos por la mañana, se hizo la petición de que no se tirará harina a quién se alejara de la fiesta. Los fareleiros no dejaron de animar ni de bailar un segundo. La fiesta se repitió por la tarde, con un público adulto, y también más niños.

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