El traumatólogo que sacude cabezas bailando sobre tacones

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

Pablo Martínez se define como un «hombre cis, pero me gusta romper con las etiquetas», y combate los estereotipos de género con la danza y fotografía

17 feb 2020 . Actualizado a las 15:37 h.

A Pablo Martínez Manso no le importa salirse de la norma. Este ferrolano de 32 años vive en Compostela desde que estudiaba Medicina, es traumatólogo en el hospital de Montecelo (Pontevedra) y es quién de plantarse contra los roles que le impone la sociedad. En el colegio lo insultaban por practicar gimnasia deportiva. Pero las etiquetas nunca le detuvieron, sino que ha sabido reírse de ellas, y ahora descompone caras y sacude cabezas bailando sobre tacones. Es su forma de combatir los estereotipos de género, demostrando que un hombre puede adoptar poses supuestamente femeninas, sin que eso menoscabe su masculinidad. Para ejemplo, el de este jueves. Por la mañana, Pablo operó una prótesis de hombro y tuvo una cirugía artroscópica; y por la tarde se calzó un par de taconazos para protagonizar un espectáculo de danza en la Casa do Cabido. Tenía su razón de ser. La performance formaba parte de la exposición Des_facendo o xénero (a través da arte), una muestra colectiva e interdisciplinar coordinada y comisariada por Begoña Álvarez, miembro del grupo de investigación Iacobus de la USC; Ana Castro, directora de Galantiqua Arte y Antigüedades; y María Eiras, directora de Mareiras Espacio de Arte.

El traumatólogo es, además, uno de los diez autores que participan en ella con su obra plástica, en este caso con fotografías, su otra arma para derrumbar estereotipos. «Bailo desde hace 10 o 12 años, aunque contaba con la formación de la gimnasia deportiva en suelo, potro y barra fija», explica este hombre con formación en ballet clásico y danza contemporánea. Hace un año pasó a formar parte una nueva compañía, Kintsugi, que surgió al amparo de la escuela de danza que dirige su mujer, Mandala Compostela, y en la que «buscamos aportar otro referente artístico. Todas las obras que hacemos son en el contexto del feminismo y en la conversación de género. Yo en la academia también doy clases de baile en tacones y, cuando me propusieron preparar algo para la inauguración de la exposición, pensé que era una buena ocasión para mostrar esto en público. Se trata de hacer todo lo que un macho no haría, provocar la polémica y el debate sobre cómo chicos y chicas tienen atribuidos una serie de movimientos y se les excluye de otros». Reconoce Pablo, quien se define como un «hombre cis(género), pero me gusta romper con las etiquetas», que «hacer cosas que eran de niñas lo vivía de pequeñito con un claro rechazo. Sufrí un poco, sobre todo por mis compañeros de clase. A mí no me gustaba el fútbol ni jugar a las peleas».

«Siempre fui más afín a lo que hacían ellas. Era el mariquita, pero mi familia siempre me apoyó para que hiciese lo que me gustaba y, a medida que vas creciendo, vas eligiendo tus círculos».

Curiosamente, las mismas aficiones que lo convirtieron en un paria en el recreo entre el resto de chavales le sirvieron después para desarrollar un cuerpo más atlético que los otros envidiaban. «Pasé a ser una competencia para los machitos, pero seguía siendo el mismo», repara. Todas estas paradojas le sirvieron para reflexionar sobre las barreras de género, un tema que tratan también sus fotografías de la Casa do Cabildo. En ellas utiliza colores asociados a lo femenino y masculino en contextos impropios y retrata desnudos masculinos para «mostrar esa versión vulnerable de los hombres fuera del mundo erótico gay». Para muchos, lo que Pablo hace fuera de quirófano genera rechazo. Otros van más allá de la sorpresa inicial y se quedan con el mensaje.