«Es inviable que cada vecino pague 18.000 euros para tener el ascensor»

La mitad de las viviendas de San Ignacio de Loyola están vacías porque los dueños fallecieron o viven con sus hijos


Santiago / la voz

Los pocos vecinos que aún quedan en los edificios del barrio de San Ignacio de Loyola dudan de la viabilidad de la propuesta del Concello para colocar ascensores en los dos bloques de viviendas, modificar las fachadas y unificar los cerramientos. El presupuesto estimado ronda los 18.000 euros por vivienda, una cantidad «inalcanzable para la mayoría de los vecinos; es inviable poner este dinero», explica la hija de un residente que prefiere no dar su nombre. A los cinco vecinos que reciben ayudas sociales se le unen otros que cobran la pensión no contributiva, y solo unos pocos tienen «una pensión después de años de trabajo, pero no es alta; vamos, nada que ver con lo que cobran los que nos vinieron a contar la propuesta urbanística», comenta la mujer.

De las treinta viviendas del barrio repartidas en dos edificios de 18 y 12 pisos, quince están vacías. «Se fueron de aquí, porque no podían bajar y subir las escaleras, en los cuartos pisos del edificio grande no hay nadie». Además de los mayores que se marcharon a vivir con sus hijos, hay otros que ya fallecieron pero sus herederos «ni se molestan en poner las viviendas en venta, porque no las quiere nadie». Una mujer, desde el balcón del primer piso, tiene claro que «el ascensor no lo vamos a poner, eso no se hace», mientras hace señales con la mano en las que deja claro que falta dinero.

En el caso de los bajos de los edificios, la instalación del ascensor ni siquiera haría más accesibles las viviendas, porque no tendrían acceso al elevador, que solo daría servicio al primero y segundo piso. Los residentes en los bajos del edificio de 18 viviendas tendrán que seguir descendiendo las empinadas escaleras que pueden verse desde la avenida Mestre Mateo o saliendo por un camino de tierra hacia la avenida de Barcelona. Los del bloque de 12 viviendas acceden por una larga rampa.

Los vecinos tampoco creen que la cuestión económica pueda resolverse con las ayudas anunciadas por el Concello, ya que es necesario adelantar el dinero, para lo que tendrían que recurrir a un préstamo bancario: «¿Quién va a dar un crédito a personas de 80 años?, ¿pero en qué mundo viven?». Y ni siquiera creen que sería factible que los hijos asumieran el coste. Hace unos años afrontaron una derrama para arreglar los tejados y pintar, y «estuvieron un tiempo pagando cien euros de comunidad, a muchos les costó llegar a ellos».

Los vecinos consideran que el barrio de San Ignacio de Loyola fue castigado durante una década «en la que se hablaba de que iban a tirar los edificios, luego quedó en nada, pero estos diez años fueron un castigo».

El elevador se colocaría a la altura del primer piso y el acceso sería por un pasillo exterior nuevo

La solución arquitectónica aportada por el Concello de Santiago para instalar el ascensor en los dos bloques de San Ignacio de Loyola fue presentado a los vecinos hace algo más de un año. En aquella reunión, celebrada en el local social de Santa Marta, situado a escasos metros de los edificios, los vecinos ya hicieron saber su convicción de que la obra no llegará a ejecutarse nunca. Una mujer aseguró que, cuando se hizo un cálculo aproximado de lo que podría costar, se marcharon de la reunión. Un vecino comentó que «dentro de unos años vendrá un promotor, comprará todo, y hará viviendas de lujo. Hace poco se puso en venta un piso por 45.000 euros y no se vendió; no los quieren ni alquilados».

La idea propuesta, y que acaba de ser aprobada, sitúa el elevador en la fachada trasera de los edificios, la contraria a la de las escaleras de caracol. En el caso del edificio de 18 viviendas, debido al desnivel entre el bajo y el primer piso, el elevador quedaría por encima de la planta baja. En el del edificio más pequeño tampoco se prevé acceso a las viviendas de los bajos. Con el fin de evitar reducir la superficie de los pisos, se coloca un pasillo exterior, lo que implica abrir una puerta a las viviendas por la parte posterior. La propuesta incluye también unificar los cerramientos realizados en los balcones.

En el barrio, los vecinos reclaman la apertura de una calle desde la avenida de Barcelona que les permitiría evitar el fuerte desnivel que hay desde la avenida Mestre Mateo y conseguir así una entrada al barrio óptima, no solo para los vecinos y residentes, sino también para los servicios de emergencia.

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