El radar de O Restollal no multa, pero intimida

El dispositivo no sancionará hasta el día 10, pero ya ha logrado rebajar la velocidad media en la avenida


santiago / la voz

Aún falta una semana para que entre en funcionamiento efectivo el nuevo radar fijo colocado por el Concello de Santiago en la avenida de O Restollal y su presencia ya se ha dejado notar entre los conductores. El dispositivo no empezará a multar hasta el día 10, pero ya ha conseguido reducir sensiblemente la velocidad media en una vía que es el acceso sur de la ciudad y en la que, por tratarse de una gran y amplia recta, siempre se ha pisado el acelerador muy por encima de los 50 kilómetros por hora a los que está limitada la calle.

Tan solo ha hecho falta que el dispositivo esté colocado y que se haya anunciado su existencia para que la gran mayoría de los conductores pase junto a él a velocidades mucho más moderadas de lo habitual. Un efecto positivo tanto en la subida como en la bajada, porque el nuevo radar es de última generación y vigila en ambos sentidos y todos los carriles de la calle.

Ayer a mediodía, cuando el tráfico era fluido por no ser hora punta y se podía correr, los conductores pasaban despacio por el radar y ahora son minoría los que exceden ampliamente el límite de 50, algo que era muy habitual antes de colocarse el radar.

Resulta evidente que los conductores conocen la presencia del nuevo radar y que no se encuentran de bruces con él, porque muy pocos frenan de golpe al verlo. Los que cumplen, ya vienen a velocidad reducida desde que accedieron a la avenida y los que no respetan el límite lo hacen conscientes de que el dispositivo está en fase de pruebas y que todavía no está sancionando.

El poder intimidatorio del radar de O Restollal es más evidente en los carriles de subida, en sentido salida de Santiago, que en los de bajada. Los que van hacia Os Tilos pasan en su gran mayoría respetando la velocidad hasta que superan el dispositivo. Es en ese momento, en el que el conductor ya tiene la certeza de que no está bajo el control del aparato, cuando hay más acelerones.

En la bajada no se produce ese efecto, porque al encontrarse primero el conductor con el tramo no controlado, la gran mayoría ya rebaja la velocidad para no tener que frenar de golpe al llegar al lugar en el que se ha colocado el dispositivo, a la altura de la entrada de El Corte Inglés.

El que el nuevo radar intimide tanto pese a que aún no ha comenzado a multar hace buena la estrategia que siguieron en Vigo contra los excesos de velocidad. Allí optaron por colocar cajas que no siempre cuentan con un dispositivo dentro. Los que hay son itinerantes y así el conductor nunca saben dónde están. Así han logrado controlar más calles sin tener que adquirir más aparatos.

Los otros problemas que quedan por resolver: el móvil y los peatones que cruzan de forma indebida

El radar sin duda ya ha empezado a solucionar el problema de los habituales excesos de velocidad en O Restollal y lo hará definitivamente cuando el dispositivo comience a sancionar a los infractores a partir del día 10. Pero no será útil para resolver dos problemas que también son graves para la seguridad vial en este punto. Uno común a todas las calles y carreteras de España, como es el uso del móvil, y uno específico de la avenida, como es el cruce de peatones.

A mediodía de ayer y en tan solo una hora, fue posible contar nada menos que nueve conductores que iban hablando con su teléfono móvil o manipulándolo mientras conducían en este lugar. Curiosamente, todos iban sin acompañante en el vehículo, como si al estar solos al volante y sin nadie al lado que pueda reprocharles una conducta peligrosa e incívica tuvieran menos reparos para poner en riesgo sus vidas y las de los demás.

El cruce de viandantes por puntos no autorizados o usando los pasos de cebra pero con el disco verde para los conductores son situaciones que también se ven a diario en O Restollal. Ayer, entre las 11.45 y las 12.45 horas, once peatones atravesaron la avenida de forma indebida, pese al riesgo que supone por tratarse de una vía muy ancha y con mucho tráfico, lo que incrementa el riesgo. No en vano, el último accidente mortal de tráfico registrado en Santiago fue un peatón atropellado en este punto el 27 de septiembre del 2016.

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