Mundaya, la pequeña marca que declaró la guerra a las rebajas

Lara Santomé explica que no crea colecciones de temporada, sino bolsos atemporales y duraderos


Santiago / La Voz

Podría sacar partido como el resto, pero esta diseñadora de bolsos ha decidido nadar a contracorriente —por una cuestión de coherencia— y le ha declarado la guerra las rebajas. Lara Santomé Rodríguez no cree en este tipo de campañas cuando se trata de una marca en la que se hace todo a mano y con una producción pequeña, como la suya. En Mundaya, explica, «ya están los precios súper ajustados porque al no trabajar al por mayor los proveedores tampoco te ofrecen grandes descuentos». Además, no necesita deshacerse del género para dar entrada a la nueva colección, porque ella no trabaja bajo el yugo de la temporada, sino que sus bolsos, mochilas y monederos son «prácticos, atemporales y sencillos». «Están hechos para que duren, con una calidad muy respetable», añade. Cuenta que se desmarcó de las rebajas hace dos años, en el Black Friday del 2018, «porque ya me parecía que se promovía el consumir por consumir». La moañesa de 35 años, que puso en marcha este proyecto en el 2015, acabó en Santiago «por amor» y dice que Mundaya «nace porque yo misma, como consumidora, no encontraba un bolso que me representase. Es decir, parece que hay que tener uno para trabajar, otro para el gimnasio, el del fin de semana... y yo no soy así para nada. A mí me tiene que servir uno para todo». No siempre supo que su destino era convertirse en artesana. De pequeña quería ser bióloga marina, coqueteó con la idea de ser filóloga, hizo informática y diseño de interiores. «Siempre me ha gustado mucho diseñar», indica, por lo que una cosa llevó a la otra. Su pareja, Miguel, le regaló una máquina de coser hace 10 años y la curiosidad le pudo: «Me puse a trastear y me daba curiosidad el proceso de cómo se hacen bolsos, porque no se ven las costuras». Así fue como empezó a meterse de lleno en un mundo que ya había mamado a través de su madre, Chefi, quien estuvo trabajando en una cooperativa cosiendo batas, y de su abuela Lela, la que le enseñó a manejar una máquina de coser. Pero la vida de autónoma no es coser y cantar. «Es bastante duro», afirma Lara, quien últimamente padece algo menos la llamada «soledad del autónomo», ya que en su taller de Aríns la acompaña estos días Sara, con una beca de Artesanía de Galicia. ¿Proyectos a futuro? «Los siguientes pasos de la marca es hacerla crecer más. Ya hay puntos de venta en el País Vasco, Cataluña, Baleares y sobre todo Galicia, claro. El siguiente nivel sería ampliar su implantación en el territorio nacional, incluso fuera de España, pero tampoco tengo especial prisa. Me gusta el concepto de trabajar para vivir y no vivir para trabajar», sostiene.

Siniestro Total

Lleva dando guerra 40 años. Siniestro Total es uno de los grupos más longevos de la escena musical y las ganas de «bailar sobre tu tumba» no desaparecen. La banda gallega, integrada actualmente por Julián Hernández, Javier Soto, Óscar Avendaño, Ángel González y Jorge Beltrán estuvo ayer en Santiago. Se subió al escenario del Salón Teatro para participar en un espectáculo poco habitual. Tocaron algún tema, cómo no, pero la cita giró en torno a una entrevista en directo. Con el patio de butacas lleno y las entradas agotadas desde hace un par de semanas, hicieron un repaso discográfico y vital en En crudo y en directo, el programa de la radio independiente dirigida por Javier Gallego en el que los artistas se enfrentan a un formato distinto, «el más íntimo de la carnicería». A él ya se han sometido desde Xoel López a Nacho Vegas, Kase.O o James Rhodes, entre otros.

Cadaval y su «Edipo»

Ver a Quico Cadaval en el pub Atlántico es como encontrarse en tu salón con bata. Después de tantos años, el ribeirense puede considerar el local de Guille y Pili como su segunda casa. De hecho, ella siempre recuerda que allí hizo sus primeros monólogos, cuando aún soñaba con convertirse en uno de los mejores narradores gallegos. Y Cadaval tendió la noche del miércoles un puente entre el ayer y el hoy. Hizo una versión de uno de sus cuentos más entrañables, Edipo, estrenado hace muchos años en el Atlántico, cuando él comenzaba. Dicho por gente del público: «Una obra maestra». Si a eso le sumas una hora y media sin parar de reír y de emocionarse, hace una noche redonda. ¡Larga vida al Petit Thëâtre!

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