Menos preguntas y los mismos nervios en el examen mir

Más de 2.000 personas estaban convocadas en Santiago para unas pruebas que reducen su duración y cambian el baremo de las notas de la carrera


Santiago / La Voz

Es sábado, pero por inusual de la fotografía podría haber sido martes. O viernes. Al filo de la tres de la tarde, cientos de personas paseaban de un lado al otro del campus de Santiago y se iban agolpando en las entradas de la Facultad de Ciencias Políticas, en la de Dereito, en Matemáticas... esperando a que se abriesen las puertas para que comenzase el primer día del resto de sus vidas. Más de 2.000 personas están convocadas para las pruebas de formación sanitaria especializada, un examen que da acceso a especialidades médicas, de farmacia, de psicología, de química, de biología de enfermería... ¿Nervios? «Sí, mucho». Andrea llega de Vigo con el estómago encogido por la tensión, el cerebro ensanchado por las horas de estudio y el apoyo incondicional de su familia. Quiere ser médico de atención primaria, que con más de 130 plazas es una de las especialidades más reforzadas, junto a pediatría (27 vacantes) en Galicia, que en total oferta un 13 % más de plazas. «Me gusta más el centro de salud que el hospital, me gusta conocer a los pacientes, no que lo veas un día y nunca más».

«Le ha tocado el año de los cambios», dice su madre. Es cierto. Este año hay menos preguntas, 175 frente a las 225. «Por una parte es bueno, porque tienes una hora menos de examen». Pablo, que mira el móvil en un banco en medio de una espera tensa, cree que lo importante es saber dónde se ha metido la tijera. «Hay asignaturas que tienen mayor prioridad en el examen, con más preguntas, como cardiología, digestivo o estadística». Puede que todas pierdan al mismo nivel o que unas sí y otras no.

«Estaba pensando entre psiquiatría o endocrino». ¿Cuáles son las especialidades más disputadas? «Para Dermatología tienes que estar en lo mejor de lo mejor». También es la primera vez que Pablo se presenta. «Empecé en la academia en octubre del 2018 pero no empezamos la fase intensiva hasta que terminamos la carrera». Allí les enseñan cosas tan nimias como asegurarse al principio de que tienen todas las hojas. Nimio sí, pero importantísimo «Es que si te das cuenta a medio examen de que te falta algo, te dan el modelo cero y tienes que volver a empezar», dice Andrea, que ya ha hecho muchos simulacros de examen. «Al principio solo te ponen más nerviosa, porque no sabes hacerlo» pero sirven, sobre todo, para hacerse con la dinámica. Eso sí, este año no pueden llevarse las preguntas a casa.

«Antes las notas de la carrera era de uno a cuatro, y ahora de uno a nueve», explica Andrea. Si antes el baremo era suficiente, bien, notable, sobresaliente y matrícula de honor, ahora se tiene en cuenta la nota numérica. «Sí, es más justo» reconoce la viguesa.

Las puertas se abren con una puntualidad exquisita y entre abrazos en familia, reencuentros, saludos afectuosos y muchos suerte lanzados al aire, van acercándose a las aulas. Silencio sepulcral en el llamamiento y algunas sorpresas de última hora. Alguien que ha llegado a la facultad equivocada, otros que no saben cuál es su mesa... «Chego algo tarde porque tivemos un problema co coche e....». Y corriendo a buscar su lugar en el aula. Cuando la prensa abandona la facultad, se cierran las puertas. Cuatro horas por delante, muchos nervios, suficiente agua, bolis de repuesto y provisiones para mantener la fuerza para un examen al que hoy estaban convocados más de 35.000 aspirantes en toda España.

«Tuve claro que quería ser uróloga, es una especialidad muy amplia»

Elisa Álvarez
Sara Martínez Breijo es uróloga en el Chuac
Sara Martínez Breijo es uróloga en el Chuac

Paula Román Pena, neurocirujana, y Sara Martínez Breijo, uróloga, aún son minoría en sus áreas

Cuando Sara Martínez comenzó la residencia de urología en el Chuac, hace quince años, solo había tres mujeres en el servicio: ella, otra residente, y una facultativa que ya se jubiló, pionera entre las urólogas españolas. Ahora la mitad de las residentes ya son chicas, y aunque sigue siendo la especialidad médica menos feminizada, cada año va aumentando el porcentaje.

Sara no tuvo dudas desde que hizo prácticas y preparó el mir, «tuve claro que quería ser uróloga, es una especialidad muy amplia y desconocida para la población en general, e incluso para algún sanitario». En su familia hubo sorpresa cuando eligió la especialidad, «al principio llamó la atención, ahora en absoluto, porque se dan cuenta de que efectivamente es una especialidad bonita y muy interesante». Y es que a veces, apunta, hay quien cree que solo se trata a varones, cuando en urología se abordan numerosas patologías como el tumor de riñón o la litiasis. Sí recuerda que cuando acudía a los primeros congresos «apenas había mujeres y casi nos conocíamos de vista, ahora es imposible». Sobre los pacientes, dice, «ellos buscan una buena atención, y si esta es ofrecida por parte del profesional no tienen ningún problema».

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