La biblioteca pública más antigua de A Coruña necesita ayuda para sobrevivir

Las salas del Consulado se abrieron en 1806, hoy el inmueble tiene humedades y mobiliario desfasado


A Coruña / La Voz

Uno de los tesoros culturales más relevantes de A Coruña es también uno de los más desconocidos. El valor de biblioteca del Consulado -en Panaderas- no tiene solo que ver con sus fondos, sino también con lo que es. Sus salas se abrieron al público en 1806, convirtiéndose en una de las bibliotecas públicas más antiguas de Galicia, quitando las de la Universidade de Santiago.

Desde entonces no se ha movido del sitio -bajó de la planta alta al bajo cuando se instaló allí el Museo de Bellas Artes- pero los años, los siglos, han pasado por ella sin inversiones suficientes para adecentar su estado.

La biblioteca cuenta con muebles del siglo XIX y también con mobiliario donado por Juana de Vega. Hay libros allí que arrancan del siglo XV. Todo se cuida y se mantiene con los escasos recursos disponibles, pero hace falta bastante más para dignificar un espacio único.

Las salas son húmedas, con manchas de humedad visibles y afectan tanto a la piedra como a la pintura. La calefacción la ponen viejos radiadores eléctricos colgados de las paredes, y el exceso de humedad se controla con no menos viejos deshumidificadores. Viejas estanterías metálicas siguen sosteniendo buena parte de los 30.000 volúmenes allí conservados. 

Manuscrito de Quevedo

Lo que hay en la biblioteca del Consulado tiene un valor histórico único. La biblioteca se creó gracias a la donación y a los fondos dejados por Pedro Antonio Sánchez, canónigo y catedrático en Santiago. Natural de Santaia (Curtis), falleció en 1803.

El libro más antiguo conservado data de 1498 y está impreso en Venecia. Allí está también un manuscrito de Francisco de Quevedo datado en 1633 y firmado por el genio del Siglo de Oro español. Hay enciclopedias francesas del siglo XVIII, un Quijote con grabados de Salvador Carmona del mismo siglo y otro, en holandés y también ilustrado, de cien año antes.

Allí se conservan y se pueden ver pergaminos del XVI y el XVII y mapas únicos de José Cornide. El geógrafo y humanista dejó también parte de sus fondos a la biblioteca como parte del pago de una deuda.

Allí están también guardados los documentos del Real Consulado -que le da nombre al edificio-, un organismo fundado en 1785 para impulsar el comercio marítimo en la ciudad tras el fin del monopolio existente. Las actas de ese organismo son un elemento relevante para conocer la evolución de la historia moderna de la ciudad.

Hoy la biblioteca, explica Javier Padín, al frente del patronato que rige la entidad, se mantiene con fondos propios. Poco queda de ese patrimonio del XIX y sin el apoyo de las instituciones el futuro de ese tesoro está en riesgo.

El patronato logró algunas ayudas a la digitalización presentándose a concursos de la Diputación y el Ayuntamiento tiene previsto, por vez primera, ingresar a la biblioteca 15.000 euros en el 2020. Un primer paso, aunque escaso, para recuperar y poner en valor una biblioteca que, si estuviera en otro país europeo, estaría cuidada con mimo y mucho mejor difundida.

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