Premios y ética


El sábado tuvo lugar en el aula formativa de la Praza la final de la especialidad de gastronomía del proyecto Xuventude Crea, vieja iniciativa de la Dirección Xeral de Xuventude. Es el cuarto año que se desarrolla esa especialidad, y los premios son, desde luego, monumentales.

La primera curiosidad es que, aunque pueden presentarse alumnos de escuelas de hostelería o incluso los que ya están trabajando en el sector (y tienen menos de 30 años), la enorme mayoría en estos cuatro años fueron personas que no tienen nada que ver con la profesión, que cocinan por amor al arte, que les gusta estar entre fogones. Por ejemplo, una pareja ganó el primero de esos premios. Él es escultor, ella pintora. Muy jóvenes, están comenzando la vida y se baten el cobre donde pueden. Y uno de esos nichos es la cocina. Desde luego, los regalos de Navidades ya los tienen amortizados.

La segunda curiosidad es que esa muchachada tira por tierra el cartel de egoísmo sin fin que se le cuelga a los jóvenes (y con toda la razón del mundo cuando están en la adolescencia). Eran cuatro aspirantes y todos aspiraban a ganar, faltaría más. ¡Y colaboraban sonrientes y amables entre ellos! Querían colgarse la medalla, pero sin ponerle el pie encima a nadie. Toda una lección de ética para jurado, funcionarios presentes y gente que pasaba por allí.

La tercera curiosidad es que el segundo premio (que se quedó en Santiago) fue para una italiana que no lleva mucho aquí, y el tercero para una colombiana afincada en Lugo. O sea, que la gastronomía es también antídoto contra el racismo y pegamento para la integración de los que no nacieron aquí. Sí, se necesitan más Xuventude Crea.

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