Otro botellón masivo desafía la paciencia de los vecinos del Ensanche

Botellón en las principales calles del Ensanche y el Campus, fiestas en pisos y grupos de jóvenes que aún se estaban retirando a las nueve de la mañana

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Samaín toma Santiago Samaín toma Santiago

Santiago / La Voz

La noche de Samaín puso a prueba a los vecinos de Santiago, que rogaron a la Policía Local para que acudieran a poner fin a las fiestas que se celebraron en decenas de pisos de estudiantes del Ensanche hasta bien entrada la madrugada.

Antes de la medianoche ya se veía venir una noche infernal en la rúa Alfredo Brañas, Santiago de Chile, Nova de Abaixo, Santiago del Estero, Ramón Cabanillas, praza Roza y el entorno de Pérez Constanti. En Alfredo Brañas, a las 23.45 horas la calle estaba llena de jóvenes que se citaron para un macrobotellón, que se prolongó hasta pasadas las seis de la mañana. Los vehículos tenían que circulan muy despacio y abriéndose paso entre una masa de chavalada que, cuando la noche empezaba ya presentaban síntomas de estar pasados de copas.

Los portales de los edificios y los accesos a garajes del Ensanche sirvieron de letrina para los cientos de individuos que vomitaron, defecaron y orinaron por todas las esquinas.

En una de las galerías de la rúa Nova de Abaixo, varias botellas de cerveza, ginebra, ron y algunas de refrescos eran la prueba de que el botellón también fue la opción elegida para alargar las celebraciones. Un vecino, cubo en mano, comentaba que la «noche fue terrible, y lo peor es que sus restos tenemos que limpiarlos nosotros».

Mientras algunos hosteleros y vecinos se dedicaban a dejar impolutas las puertas de sus locales y edificios, los barrederos del servicio municipal de limpieza se afanaban para retirar la basura de los puntos claves de la noche. La primera zona en quedar lista fue la de Gómez Ulla, Pérez Constanti y Curros Enríquez. En Alfredo Brañas se necesitaron algo más de dos horas para retirar la montaña de residuos, y los barrederos trabajaron junto a varios chavales que no parecían tener intención de ir a dormir a sus camas. 

Tampoco en Santiago de Chile, a las ocho de la mañana, tenían ganas de colgar el cartel de «fin de fiesta». Un centenar de jóvenes seguían bebiendo en la calle; y a las nueve, otro grupo se resistía a despedir el Samaín en Xeneral Pardiñas. El Campus, pese a lo desagradable de la noche, no se libró del botellón, del que a las 9.30 horas aún quedan restos de basura. 

Los gritos y los cánticos perturbaron el descanso de los vecinos del Ensanche, y también del casco histórico. Una vecina de la Algalia comentó que, a las siete y media de la mañana cuando salía de su casa para ir a trabajar, no había conseguido dormir más de dos horas, y recordó que «aunque festivo, hay personas que trabajamos». 

Encerrado en un garaje

Una de las anécdotas de la noche se produjo en uno de los garajes de la Praza Roja. Un joven aprovechó la entrada de un vehículo para orinar dentro, pero la puerta se cerró antes de que pudiera salir. Nadie pareció dispuesto a auxiliar al chaval, por lo que finalmente tuvieron que acudir los bomberos en su rescate. Algo similar estuvo a punto de producirse en el piso de unas estudiantes, que llamaron a los bomberos para que abrieran la puerta de su vivienda. Habían perdido las llaves, pero las jóvenes prefirieron buscar otra solución cuando se les informó del coste de la salida de los bomberos. 

Cuando la noche estaba aún empezando se produjeron tres accidentes de tráfico en la ciudad. El primero, a las 21.59 horas, en la rúa Proxecto Vagalume donde el conductor de una moto perdió el control y chocó contrra un bolardo. A las 22.15 horas, en Volta do Castro chocaron dos coches; y a las 23.35 horas, otros dos se vieron implicados en otro accidente. 

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