Emilio García: «Somos la Panorama del pulpo»

La abuela de los hermanos García ya vendía en la Praza de Abastos y por las casas


santiago / la voz

Un 75 % de los trabajos del futuro no se han creado o, simplemente, todavía no existen. No es el caso de la familia García, cuya abuela ya vendía pulpo en cuatro puestos de la Praza de Abastos, y cuando la jornada acababa con género sin colocar, se iba con sus capachos por las calles. Emilio y sus hermanos siguen haciendo algo parecido, y tiene pinta de que van a continuar muchos años más porque el proyecto no para de crecer.

La familia, natural del barrio de A Choupana, siempre tuvo un ojo puesto en la hostelería. Sus padres, ya jubilados, regentaron el bar Charra, en A Raíña, desde principios de los años 70, y ahora le cedieron las riendas a su hermana, pero todos se foguearon detrás de su barra. A Emilio le picó la curiosidad de la noche y se metió de lleno a gestionar la discoteca Sarela. En esa etapa, con la movida y las copas en decadencia, empezó a darse cuenta de que lo que funcionaba bien de verdad eran las comidas y cenas, que también organizaba. «Pulpo y churrasco, sin complicarse». Compró una carpa y desde entonces, hace unos doce años, no ha parado.

Apostó fuerte y desde hace casi una década se ha convertido en la pulpería de referencia en las fiestas de la Ascensión y en el Apóstol. Ahora gestiona una flotilla de cuatro furgonetas y diez remolques con los que puede atender hasta cuatro fiestas en distintos puntos, como ocurrió este sábado. Las fiestas de Santiago son especiales para él, pero quizás por jugar en casa y por la singularidad del ambiente no termina de relajarse durante los días en los que abren al público, en los que llegan a atender de golpe a ochocientas personas. «Voy con freno. Me gusta el lugar, pero es difícil de trabajar porque está muy inclinado y acabo reventado». Tampoco son las citas más rentables. En los pueblos, explica, «cada uno come su ración de pulpo, su ración de churrasco y su botella de vino», asegura, mientras que en las ciudades «todo el mundo comparte».

Tras varios años atendiendo un teléfono que echa más humo que la pota del pulpo, García ha logrado hacerse un calendario estable de citas: Santiago, Rianxo, Ribeira, Coristanco, A Pobra, Carballo, Malpica, otra vez Santiago... «Mucha gente nos pregunta a qué feria vamos la semana siguiente y después, para nuestra sorpresa, te aparecen allí a comer. Somos la Panorama del pulpo», dice Emilio entre risas para explicar que para muchos gallegos ya son una referencia y que eligen sus traslados de ocio en función de dónde montará su carpa García.

El negocio es aparentemente sencillo. «Sota, caballo y rey», resume el emprendedor, que traducido a su carta sería pulpo, churrasco y vino de Barrantes. Hay más cosas, «pero porque las pide la gente, nosotros no nos complicamos». Bastante difícil es conseguir un grupo profesional estable. Para la Ascensión, por ejemplo, trabajan 35 personas, y siempre ficha a un par de extras más porque es habitual que alguno falle por el motivo que sea. «Hay poca profesionalidad en casi todas los sectores, pero lo de la hostelería empieza a ser preocupante», sostiene. Para soportar el peso de la actividad se apoya en la familia y en los empleados «de la casa», que intenta tratar como «auténticos compañeros que quieren ganar algo de dinero y hacer que todo sea agradable, para el que trabaja y para el cliente, al que no le podemos fallar».

A Emilio lo han tentado con otros negocios como los mercados gastronómicos, pero de momento prefiere llevar todo de su mano e ir creciendo con cierto sentido, porque hay líneas de trabajo que no paran de darle satisfacciones. «Este año ya tengo 80 o 90 bodas», informa, y muchas son fuera de Galicia -sobre todo en Salamanca y León-, plazas en las que no descarta montar algo más estable. «El pulpo está de moda y ahora es un lujo gastronómico», de ahí que esté pensando en extender los tentáculos.

«Los políticos de Santiago son fieles y vienen todos los años, pero lloran un poco por el precio»

 

 

En la carpa de García se podría celebrar un pleno municipal cualquier jueves de la Ascensión. De un tiempo a esta parte, quizás por la coincidencia cada cuatro años con las elecciones locales, los políticos compostelanos, los diputados y otros dirigentes autonómicos hacen una tregua para reunirse y saludarse, al tiempo que dan un baño de masas en Santa Susana. A Emilio le gusta que vengan todos los años. «Son fieles, pero lloran un poco por el precio», comenta otra vez con tono jocoso.

Él tiene un asunto pendiente con el Concello. Lleva dos años peleando con urbanismo para poder reabrir una pulpería familiar en A Raíña, junto al Charra. Está dispuesto a hacer todo lo que le pidan, y aunque los trámites se han dilatado en exceso, no ha perdido la moral. Si lo encontrase, montaría otro local, tal es la confianza que tiene en especializarse en algo tan sencillo como el pulpo. «¿Amenazas? Hombre, a veces el margen que queda es pequeño, pero intentas ganar por otro lado», explica. Lo que tiene claro es que material de primera calidad nunca le va a faltar. Ahora el que está sirviendo viene de Porto do Son, y confía en que se acaben los tiempos en los que llegó a pagar hasta veinte euros por kilo. «Le quitas la cabeza y queda en nada», justifica. Fueron momentos duros, propiciados, a su juicio, por la ambición de algunos intermediarios que acumulan y congelan «para poder manejar los precios». Emilio cree que es un fenómeno similar al que ocurre en el campo, «unos nos deslomamos a trabajar y otros sacan tajada». Su aspiración es intentar disfrutar de lo realizado. Por eso le gusta ir a trabajar a Ribeira. «Porque puedo ir a la playa en los descansos».

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