José Fernández Alborés: «El gran reto de Compostela ahora es poner en valor el suelo de A Sionlla»

El cofundador de Arteal, que releva a Jesús Chenel después de doce años, apuesta por localizar industrias


santiago / la voz

Socio cofundador de Arteal, amante y patrocinador del deporte local, José Fernández Alborés (Santiago, 1954) ha tomado el relevo de Jesús Chenel en la presidencia de la Asociación Área Empresarial do Tambre, que deja el cargo después de doce años.

-¿Por qué se ha decidido a coger el timón?

-Bueno, yo llevo en la asociación desde hace 20 años. Empecé con Manuel Caeiro, que fue el fundador y que es a día de hoy presidente de honor. Después entró Chenel, y yo con él de vicepresidente. Él ha decidido dejarlo, al entender que ha pasado un tiempo, que estaba cansado, y teníamos muchos proyectos en marcha a los que dar continuidad. Por ejemplo, el de la Mesa de A Sionlla, donde hemos reunido a todos los partidos, la Cámara, la USC, Xestur y el Igape para constituir un centro de innovación, que pivotará sobre la madera y la biotecnología, aprovechando Finsa y la universidad.

-Su objetivo entonces pasa por ayudar a corregir el déficit de tejido industrial...

-Exacto. En Compostela hablamos de reindustrializar, y en realidad lo que hay que hacer es industrializar. Nunca estuvo realmente industrializada. La verdad es que nos encontramos todos muy implicados. El proyecto de A Sionlla es el que puede marcar un antes y un después.

-¿Qué otros proyectos se plantea para su mandato?

-Hay que poner en valor el suelo de A Sionlla, ese es el gran reto; el Tambre está con el cien por cien de edificabilidad realizada; en Costa Vella queda poco y son promociones privadas; en A Sionlla tenemos 1,7 millones de metros cuadrados y es el momento de que vengan empresas tecnológicas, y no comerciales.

-¿A qué se refiere?

-A que está muy bien que vengan Leroy Merlín o Mercadona y otras grandes cadenas, pero aquí necesitamos industrias, generando un valor añadido. Estas empresas son meros comerciantes.

-¿Por qué la ocupación de A Sionlla no ha respondido a las expectativas iniciales?

-Ese suelo estuvo parado durante muchísimos años, y hubo empresas que si quisieron instalarse, pero los precios no eran competitivos. Luego influyó también la parálisis que se produjo con la crisis. Tuvimos compañías que buscaron alternativas en otros lados. Es el caso de Urovesa.

-Ustedes siguen siendo críticos con todo lo relacionado con las infraestructuras de comunicación, a pesar de la variante de Aradas...

-El ferrocarril es muy importante para el transporte de mercancías. No podemos estar moviéndolo todo en camión. Hay que pensar en los pasajeros, por supuesto, pero también en las empresas y sus necesidades. Finsa mueve miles de toneladas al año, y todo se mete en camiones. Una vez que se active A Sionlla, tendremos un problema de colapso en toda la zona de Costa Vella, que es su salida natural, de ahí la necesidad de construir el Orbital.

«Es el momento de que vengan a Santiago empresas tecnológicas, y no comerciales»

«El ferrocarril es muy importante para el transporte de mercancías; todo va en camiones»

«Viví ya tres crisis económicas, pero ninguna como esta»

La gran pasión de Fernández Alborés es el tenis de mesa, actividad que patrocina con éxito en Compostela, y que empezó a practicar de joven. Es una de sus grandes aficiones, junto al atletismo.

-Usted vivió de cerca la crisis, ¿cómo ve la situación económica en general y de la ciudad, en particular?

-Yo ya viví tres crisis económicas, pero como esta ninguna. Ni en duración ni en intensidad. Yo viví los ochenta, los noventa.

-¿Cómo sobrevivieron en Arteal, que es una empresa dedicada a las ventanas, y que estaba tan expuesta?

-Tuvimos la suerte de pensar con antelación que iba a producirse un problema muy grave. Llegamos a esa conclusión en el 2007, básicamente, porque teníamos una experiencia en el sector, lo conocíamos bien, y sabíamos que no se podía aguantarse tanto tiempo ese vertiginoso ritmo de construcción de viviendas. España estaba ejecutando 700.000 viviendas al año, más que Alemania, Francia, Italia e Inglaterra juntas. Entonces, nadie lo quiso ver, porque todos corríamos hacia adelante.

-¿Y qué hicieron ustedes?

-Tomamos una decisión en un consejo. Y fue no hacer ninguna inversión y esperar a ver qué es lo que pasaba. Esto fue en el 2007. Y tuvimos la suerte de acertar. Cuando vino la tormenta, nos pilló a resguardo, sin deuda. En nuestro sector, las empresas que no tenían una tesorería muy saneada acabaron cayendo todas. Y cayeron las pequeñas y las grandes. En las anteriores crisis desaparecían las empresas malas, las que no habían hecho bien los deberos, pero esta última también se llevó por delante a las buenas.

-¿Por qué motivo?

-Por los impagos. Nosotros tuvimos impagos gordísimos. Pero teníamos capacidad para aguantarlos. La suerte es que perdimos dinero, estuvimos recogidos, pero la banca sabía cómo estábamos y confió en nosotros. Poco a poco, fuimos remontando. Nosotros tuvimos que hacer ajustes de personal, pero a la mayoría los reincorporamos después. Ahora nos falta mano de obra cualificada.

-¿Cree entonces que la situación económica invita a ser ahora optimistas?

-Si se analiza la situación de Santiago, puede concluirse que la cosa va bien: tenemos construcción, un sector que estuvo totalmente parado diez años. Si se analiza todo de una forma global, fuera de la perspectiva local, el horizonte es más sombrío: es una cosa intuitiva. No veo certidumbre, hay desconfianza y eso retrae el ahorro.

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