Reencuentro, tras medio siglo, en la Facultade de Medicina

La promoción del 69 de la USC celebró sus bodas de oro recordando anécdotas y vivencias


La añada de 1969 que salió de las aulas de Medicina de la Universidade de Santiago se reencontró hoy de nuevo en su antigua facultad para conmemorar sus bodas de oro. Tras celebrar una misa en San Pelayo en memoria de los compañeros y familiares fallecidos, celebrada por el canónico de la Catedral José Fernández Lago, volvieron a recorrer los pasillos en los que pasaron sus años universitarios.

Fue un día de agradecimientos, recuerdos y cierta nostalgia, en el mismo edificio del casco histórico al que llegaron un día con la ilusión de vestir la bata blanca. José Gándara Rey, del comité organizador del reencuentro, recordó los nombres de los compañeros fallecidos. Más de una docena y media. Con una mención especial, a Carmiña Novo y su marido, una pareja que ya se profesaba amor hace 50 años y que «además del carisma que tenían, eran aglutinadores de esta promoción», la cual ha seguido manteniendo el contacto a través de reuniones anuales.

El doctor Javier Jorge Barreiro, profesor de la llamada «promoción de la erótica», señaló que empezaron en 1963 sus estudios unos 125 nuevos alumnos, el 16 % mujeres, (ahora son el 80 %), algunos llegados de otras ciudades e incluso de otros países, cuando la vida universitaria en Santiago era como la de La Casa de la Troya de Pérez Lugín. El catedrático de Anatomía retrocedió medio siglo para recordar las aquellas cristaleras rotas de la facultad, los exámenes de educación física o religión que había que pasar en Medicina o las revuelta estudiantil del 68, junto a otras imágenes que despertaron la memoria de más de 50 exalumnos. Entre ellos, 14 mujeres (incluidas dos hermanas, las Barreiro Daviña). Otros llegaron a ejercer en Canadá o en otras partes de España, como Ramón Monasterio, llegado desde Bilbao para el reencuentro. 

Y es que, como dijo otro de sus profesores, Sánchez Salorio, una eminencia en oftalmología que se estrenó como catedrático también en el 63, «el tiempo huye y solo tenemos un recurso, la memoria». Y, pasada la barrera de la jubilación, subrayó, ya no caben distinciones entre profesores y alumnos, «somos supervivientes»; aunque sí se animó a dar una última lección e instó a la promoción del 69 a «cuidar esta última etapa como la primera», con la ventaja de que «en los atardeceres pueden verse cosas que antes no se veían».

El neurólogo Gómez Noya, padrino de la promoción a la que pertenece su propia esposa, destacó la capacidad de adaptación de esta generación, que asistió a las primeras cirugías cardíacas o los primeros trasplantes de órganos, y a la que considera «mentora de la medicina contemporánea». O, dicho en otras palabras, las de Álvarez Escudero, pasaron «del fonendo a la genómica» y, de este salto mortal, cayeron de pie. El actual decano aseguró que para él «es un honor personal e institucional que hayan decidido reunirse en esta, su casa».

Tras repartir un libro entre los asistentes, a los que fue llamando otra de las exalumnas que más trabajado por hacer piña (Rita Luaña Outerelo), se descubrió una placa conmemorativa a la entrada del decanato dedicada por la promoción del 69 «a sus profesores y personal de servicio con motivo de las bodas de oro». Los actos se cerraron a solo unos metros de la facultad de Medicina, en el Hostal dos Reis Católicos, donde tuvo lugar una comida oficial entre exprofesores y exalumnos. En algún caso también, exjefes, como en el de la oftalmóloga de Ribeira Joaquina Ferrer, que estudió con Salorio y luego trabajó para él.

Entre los momentos más emotivos, el aplauso que le rindieron cuando fue a recoger el libro de recuerdo de la promoción la viuda del doctor Manuel Fuster, quien fue jefe de Cardiología Pediátrica del CHUS.

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