Nicolás Casal: «Tener al lado a un compositor como Morricone o a Lady Gaga impresiona»

El músico criado en el Paxonal que logró un Oscar sigue apreciando la cercanía de la gente


Santiago / la voz

Sería fácil endiosarse después de poner música a las campañas publicitarias de Estrella Galicia, Gas Natural o Adidas, de ganar un Oscar, publicar un disco en solitario y emprender una gira internacional. Pero Nico Casal no es así. Nada más lejos de la realidad. Él habla con voz pausada. Sorprende por su corrección y cercanía, aunque no parece de los que se esfuerzan por agradar.

El pianista y compositor de 33 años se crio en el Paxonal, en una calle antes sin salida que fue como un patio de juegos para él, junto al del colegio La Salle, donde aún da clase su padre, Cándido. Cuenta que quería ser arquitecto. Aún conserva una carpeta llena con los bocetos de edificios que dibujó en su infancia. Tan convencido estaba, que hizo ciencias puras aunque las matemáticas no le gustaban. Pero, en selectividad, «decidí que quería hacer la carrera musical al darme cuenta que lo más probable es que tuviera que dejar el piano», indica. Ya se habían quedado por el camino otras cosas que le gustaban. Llegó a compaginar la escuela, con la natación, la pintura y sus estudios en el conservatorio histórico. «Tuve que ir renunciando», dice, pero no fue capaz de dejar el teclado, hasta entonces solo una afición más.

Su pasión por la música se fue alimentando desde muy pequeño, explica Nico: «En casa había un montón de instrumentos. Mi padre tenía guitarras, flautas, hasta un violín y un teclado pequeño y barato con el que yo me pasaba horas». Pudo trastear con ellos cuanto quiso. Como su hermano pequeño, Xabier, saxofonista de trayectoria internacional.

«Tenía que hacer la prueba de acceso al grado superior de piano. Pasé un año en Santiago preparándola», explica. La superó y se fue a Vigo. Iban a ser cuatro años y se quedó siete, alternando su faceta de compositor con la de profesor. Aunque tenía hambre de más: «Me apetecía probar cine y bandas sonoras y también la experiencia de vivir fuera». Así fue como acabó en Londres, en el 2011. Sin beca, con unos pocos ahorros, para hacer un máster. «No conocía a nadie y nadie me conocía a mí. Lo tuve que pelear y trabajar en cafeterías, tiendas de ropa, pubs... para mantenerme», dice.

Esos casi seis años le hicieron madurar. Es ahora menos tímido e inseguro y valora más la «cercanía de la gente», de las cosas que más aprecia de Santiago. En Londres empezó a ganarse la vida escribiendo partituras para películas, incluida la del corto ganador del Oscar en 2016, Stutterer. Lo hicieron entre los amigos del barrio, «por aprender», y nunca pensaron que acabarían en Los Ángeles.

«Fue todo muy surrealista», resume, incluida la noche después de la victoria, agitando la estatuilla para entrar en la fiesta que daba Leonardo Di Caprio, aunque no lo consiguió. Se queda «con el cariño de la gente, sobre todo en Galicia», más que con el momento de la alfombra roja, aunque reconoce que «tener al lado a un compositor como Morricone o a Lady Gaga impresiona».

Tres años después recuerda que «pasó todo tan rápido que no tuve tiempo para asimilarlo». De repente, capitalizó la atención de los medios, incluso en el plató de Buenafuente. Vio entonces la oportunidad de sacar su primer disco en solitario. No fue sencillo. Tuvo que superar momentos de bloqueo y el miedo a escribir la banda sonora de su vida, Alone, un trabajo que habla de la soledad que sintió en Londres y que hizo de forma casi terapéutica, sin la intención de darla a conocer. «Si lo escribiera hora sería mucho más alegre», asegura el pianista, afincado en Madrid desde hace un par de años. Inmerso ya en la gira, repara en lo especial del concierto que acaba de dar en el Principal: «Con unos 8 años toqué allí, no me acuerdo exactamente por qué, pero ha sido bonito volver a hacerlo ahora».

«Echo en falta que en Santiago se dé aún más prioridad al peatón y al transporte público»

 

 

La mañana antes de la presentación de Alone en Santiago fue vertiginosa: atender a la prensa, entrar en la radio, recados para el concierto, ir a recoger al aeropuerto a su mánager, un inglés que no habla pizca de español... «Después del Oscar aprendí que necesitaba a alguien que me aconsejara qué firmar y qué vía seguir», comenta el pianista. Nico Casal disfruta pasando el poco tiempo que tiene en su ciudad con su círculo de siempre y en los lugares de siempre. Si tuviera que escoger uno, se queda con la Praza de Abastos. Recuerda que cuando volvía del colegio andando hacia su casa pasaba a veces por allí y le llamaban la atención esas mujeres de piel curtida con el cesto a la cabeza. «Llevo bastantes años fuera y el mercado ha cambiado mucho, pero a la vez sigue igual que siempre. Mezcla tradición con modernidad y ha logrado conectar con los más jóvenes. Solo hay que ver el ambiente que hay para el vermú los días de sol», indica el compositor.

Si pudiera cambiar algo de Compostela, sería para hacerla más transitable: «Echo en falta que se dé aún más prioridad al peatón y al transporte público». Él, defensor del uso de la bicicleta, reivindica que «el mal tiempo no es excusa. En Londres llueve mucho más y yo la usaba todos los días. Te mojabas, claro, pero no hay ningún problema».

Aunque Nico fue un niño más bien tímido, asegura que nunca sintió vergüenza por tocar en público. Eso no quita que aún le tiemblen de vez en cuando las piernas, «como con este disco». Y, de los conciertos que dio en su ciudad, recuerda con especial cariño uno en el Paraninfo dentro de unas jornadas para jóvenes intérpretes y los que daba, a puerta cerrada, en casa con su hermano.

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