Santiago

Una cabaña a principios del siglo XIII en el Val do Inferno, una zona fuera de la ciudad «donde se enterraban a los ejecutados y depositaban desperdicios». Ese es el origen del convento de San Francisco después de que los benedictinos les cediesen el terreno para asentarse. Como pago anual, una cesta de peces. El primer testimonio de la presencia de los frailes en Santiago data de 1220, cuando un documento recoge que los benedictinos les prestaron un libro a los frailes de Val de Deus. «La zona cambió de nombre, se ve que les tenían en estima», explica el fraile Miguel de la Mata poniendo de relieve que esto confirma la presencia de miembros de la orden en Compostela en vida de San Francisco. Así comienza un recorrido histórico de ocho siglos que ahora el público puede descubrir en una visita guiada por los frailes, que, además, da acceso a las entrañas del convento. La iniciativa forma parte de las jornadas de cocina conventual de cuaresma organizadas por el Hotel Monumento San Francisco hasta el día 14.

Esa cabaña inicial creció para convertirse en convento. La tradición dice que Cotolay, que acogió en las cercanías del monte Pedroso a San Francisco cuando este peregrinó a Santiago, ayudó a construirlo. Poco se conserva de la edificación original, una iglesia gótica y perpendicular a la actual y un único claustro. En la entrada del hotel, además de la tumba de Cotolay, hay unas ventanas arqueológicas que permiten ver restos del primer templo. «Tenía muchos defectos, así que en el siglo XVIII se construye la actual», explica Miguel de la Mata. Del claustro gótico se mantienen cinco arcos, que dan luz a la sala capitular. «Aquí se celebraron importantes reuniones, como la de Carlos V para recaudar fondos cuando iba a Flandes. No le debió ir muy bien porque después hubo otra en A Coruña», relata Miguel de la Mata, que acompaña el relato histórico y el recorrido por las entrañas de San Francisco con infinidad de anécdotas. Unos arcos ahora con vidrieras modernas que relatan la historia de Santiago.

Con la reforma de ese claustro procesional original, pasó a ser el más antiguo el que se construyó en el siglo XVI, el de Cristal, que se cubrió a principios del siglo XX. «Al parecer, parte de la estructura metálica llegó de los talleres de Eiffel», detalla el fraile.

Hasta 150 frailes

Los actuales comedores del Hotel Monumento San Francisco fueron, en su día, la sala donde los religiosos rezaban el salmo, el comedor y una bodega. «No había mesa central», explica el fraile, apuntando que se comía en los asientos laterales. Eso sí, cuando llegaron a ser 150 viviendo en Santiago ?«ahora somos once»?, sí que se colocó. El refectorio cuenta con un retablo del siglo XVII, donde llaman la atención los grandes pimientos, cebollas o tomates. En la bodega, a finales de los 80, descubrieron una bóveda de gran valor constructivo, «ya que las piedras se sujetan unas a otras».

A partir de ahí, los participantes en estas visitas guiadas que se llevan a cabo el viernes, sábado y domingo, se adentran en espacios utilizados por la comunidad de franciscanos. La segunda planta del claustro de Cristal acoge numerosos cuadros, así como piezas de artesanía de Tierra Santa ?los asistentes a jornadas de cocina conventual también recibirán una entrada para ver el Museo de Tierra Santa aunque está fuera de la visita guiada?. Los franciscanos también muestran durante el recorrido la capilla en la que rezan y la biblioteca, que acoge parte de los 100.000 volúmenes de sus fondos, entre ellos, 90 incunables. «El más antiguo es una biblia holandesa de 1490», detalla Miguel de la Mata, añadiendo que también disponen de varios ejemplares únicos.

El recorrido prosigue por la sacristía del convento, donde destaca el gran relicario. «La más interesante es la de un misionero que fue crucificado en Japón, San Francisco Blanco», explica el fraile. La visita guiada concluye en la iglesia, «que tiene 39 metros de altura y es de las más altas de España». El retablo es del siglo XIX y, entre las tallas del templo, «hay una imagen poco habitual de la muerte de san José». En los altares laterales, santos franciscanos. Ahí, concluye el recorrido por un convento que, tras ser designado colegio de Misioneros Franciscanos para Tierra Santa, fue el punto de partida de la restauración de la orden en España después de la exclaustración en 1835. Un edificio que volvió a manos de los franciscanos en 1864 tras adquirirlo la familia García Pan y restituirlo a la orden.

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San Francisco, de Val do Inferno a Val de Deus