Una familia puede presumir de tener vivas cinco generaciones de mujeres

Residen en Santiago, Padrón y Rois y hay 85 años entre la de más edad y la menor


rois / la voz

María Asunción (86 años), Conchita (67 años), Flor (49 años), Beatriz (30 años), Noelia (28 años), Iara (4 años), Icía (2 años) y Lola (9 meses) son las mujeres de cinco generaciones distintas de una misma familia, que residen en Santiago, Rois y Padrón. Entre la tatarabuela María Asunción Fernández y la tataranieta más joven, Lola Rodríguez, hay más de 85 años de diferencia. No muchas familias tienen la oportunidad de vivir esta situación. Y de disfrutarla, como hacen ellas.

María Asunción tuvo a su hija Conchita Albor con 19 años; esta tuvo a su hija Flor Espiño a una semana de cumplir los 18 y Flor tuvo a su primera hija, Beatriz Osorio, con 18 años, por lo que Conchita fue abuela con 36 años, edad a la que muchas mujeres tienen hoy en día su primer o segundo hijo.

Beatriz y su hermana Noelia fueron madres más tarde, con 29 y 24 años, respectivamente. En una conversación con esta saga familiar de mujeres, la pregunta obligada es si no echan de menos un varón y la respuesta la da con rapidez la bisabuela Conchita: «Yo no, nunca lo eché de menos porque me gustan mucho las niñas», asegura.

Pero Noelia precisa que a su padre y abuelo de Iara, Icía y Lola, Javier Osorio, sí le gustaría que hubiera un hombre en la familia, algo que él mismo reconoce. «Quiere un heredero para las escopetas», dice entre bromas Noelia en alusión a la afición a la caza del padre mientras que este añade, también entre risas, que está como un rey entre tantas mujeres.

Cinco generaciones de mujeres y cuatro de ellas aprendieron juntas a hacer encaje de bolillos con la misma profesora y tres son auxiliares de enfermería. Conchita está jubilada, pero trabajó durante 46 años en el Hospital Psiquiátrico de Conxo; Flor lo hace en el Hospital Clínico Universitario y Noelia alterna entre este último y el Provincial.

En este relato sobre cinco generaciones de mujeres, las bisnietas quieren darle protagonismo a la historia vital de María Asunción. Es natural de León, concretamente, del pueblo de Cistierna. Desde los 10 a los 14 años trabajó en el carbón, de modo que separaba este material de la pizarra, según explica Noelia. De los 15 años a los 22 trabajó limpiando casas en León. Allí conoció a su primer novio, Antonio, y padre de su hija Conchita, que era amigo de sus hermanos en la mina, pero se marchó al cuartel cuando ella estaba embarazada.

Por esta razón, Conchita y Antonio perdieron el contacto ya que entonces no había medios para comunicarse y, además, él no sabía leer y escribir, según recuerda Noelia. Años más tarde, tras nacer Conchita, María Asunción empezó a trabajar con su madre en la barca que cruzaba el río Esla a los obreros que iban al carbón y allí conoció a su futuro marido, que era de Santiago y estaba trabajando en la mina. Con él se vino a vivir a Galicia y él reconoció a Conchita como su hija. El matrimonio tuvo otros cuatro hijos más.

Persona activa

En la actualidad, María Asunción tiene 86 años, vive sola y asiste a clases de manualidades, de modo que borda, calceta y hasta pinta en tela. También hace bicicleta estática. Reconoce que siempre fue una mujer muy activa y trabajadora. De hecho, además de criar a sus hijos cuidó de Flor y de otro nieto como si lo fueran también, sin contar que ayudó con el resto de nietos.

En esa vida activa, relata que en una ocasión fue atropellada por un autobús, resultando herida de consideración. Y todo porque «llegaba tarde a trabajar en una casa» después de quedarse viendo una telenovela en la televisión. De sus orígenes aún guarda el acento y, aunque entiende perfectamente el gallego, confiesa que nunca lo habló.

La familia cuenta que «nos vemos a menudo» y, salvo la tata, como llaman a Asunción, tienen un grupo de wasap que se llama El viaje de las locas, en alusión a uno que iban a hacer pero que nunca hicieron. También tienen una peña familiar y echan la quiniela, aunque dicen que nunca les toca. Ya tienen la suerte de poder disfrutar en vida de cinco generaciones de la familia y, en este caso, todas mujeres.

La bisabuela Conchita buscó a su padre a los 33 años y lo localizó en Francia

Conchita es hija de madre soltera y, desde que era pequeña, siempre quiso conocer a su padre. Lo hizo con 33 años, tras localizarlo en Francia, donde el hombre vivía con su nueva familia. Padre e hija tuvieron una buena relación hasta el punto de que Antonio se vino en 1998 a vivir a Santiago con su hija y murió estando con ella en el año 2014, cuando ya había nacido su primera tataranieta, Iara, que tenía un mes de vida. Conchita cuenta que su padre no sabía leer y que ella le enseñó y asegura que se siente «satisfecha» por haberlo buscado y haber entablado una relación con él. El padre tenía una familia en Francia y, a día de hoy, Conchita mantiene relación con sus hermanos de padre, de modo que ellos vienen de visita aquí y sus nietas Beatriz y Noelia han viajado al país galo.

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