La agresión en Ruta que nadie vio y casi le cuesta un ojo a un joven

El único acusado niega haberse peleado con la víctima, que solo presenta como prueba el contradictorio testimonio de su expareja


Santiago

El 29 de octubre del 2016, poco antes de las seis de la madrugada, José Ignacio V. T. fue víctima de una agresión en la discoteca Ruta de Santiago que casi le cuesta un ojo. Ese es el único hecho incontestable que ha quedado claro tras celebrarse el juicio en la sección compostelana de la Audiencia Provincial contra el único acusado por este incidente, Adrián L. C., al que la Fiscalía pide tres años de cárcel, una multa de 300 euros y nada menos que 13.693,59 euros por haber presuntamente propinado patadas en la cara y en el pecho al denunciante y a la que por aquel entonces era su pareja, Nerea A. A., que asegura que a ella también la agarró del pelo y la arrastró por el suelo. El problema es que el único testimonio contra el encausado es el de la chica, ya que nadie más ha testificado en la vista oral haber visto una pelea pese a que en el local había mucha más gente presente. ¿Qué pasó? La respuesta no está nada clara.

Como bien señaló el fiscal, «aquí la prueba de cargo se llama Nerea». Y es que toda la acusación se basa en el testimonio de esta mujer en contra de Adrián L. C., ya que el agredido admitió ante la sala que no vio nada, que solo recibió un empujón por detrás y que empezaron a darle patadas. El ministerio público mantuvo la acusación pese a que la declaración de los dos afectados estuvo llena de contradicciones e imprecisiones. Habrá que ver si el tribunal creyó su versión o si, por el contrario, considera que no hay pruebas suficientes para condenar al acusado.

Para empezar, los dos agredidos no se pusieron de acuerdo en si eran o no pareja. Él dijo que sí en el momento de los hechos pero que ahora eran amigos, mientras que ella afirmó ante los magistrados que seguían siendo novios. Además, ella primero dijo que aquella noche estaban en Ruta en compañía de otros amigos, pero cuando el fiscal le preguntó si nadie más había visto la agresión cambió de versión y aseguró que no porque «habíamos salido los dos solos». Él tampoco aclaró si quedó o no inconsciente por los golpes. Declaró que sí y que por eso no se acordaba de nada, pero el policía que le atendió le rebatió y dijo que estaba consciente y que estuvo hablando con él en la puerta mientras esperaban a que llegara la ambulancia.

El acusado presentó el testimonio de una amiga que le acompañaba aquella noche, que dijo que no hubo ninguna pelea. Su abogada, además, leyó la declaración en fase de instrucción del encargado de la discoteca, en la que negaba haber echado a Adrián L. C. del local o haber visto la agresión, argumentos también en contra de los denunciantes.

Adrián L. C. fue elocuente al afirmar que «había flipado» al recibir la citación de la Policía Nacional tras la denuncia. Y ofreció a la sala su teoría de por qué ha acabado sentado en el banquillo. Explicó que ya conocía a Nerea de antes porque fue novia de un amigo suyo y que ella le guardaba rencor porque él la había visto manteniendo relaciones sexuales con otro hombre y que se lo contó a su amigo, lo que hizo que rompiera la relación. Una animadversión que ella admitió y que habrá que ver hasta qué punto hace que los magistrados crean que pudo afectarle a la hora de imputar la agresión al encausado.

«No me llevaba bien con él», admitió Nerea a la sala, para después relatar que le había sentado mal «que él andara a hablar mal de mí» y que le dijera que «era una ligerita de cascos» por mantener relaciones con otros hombres cuando salía con el amigo del acusado.

Lo cierto es que este incidente ocurrido hace entre seis y siete años y un «roce» ?así lo calificó el agredido? hace unos dos años son los únicos hechos que conectaban a denunciante y denunciado. Aquel roce fue, según José Ignacio, un puñetazo en la barbilla que no quiso denunciar para no meterse en líos, pero nuevamente su testimonio fue difuso porque no fue capaz de explicar a la sala el motivo que generó aquella disputa previa.

Misterio sin resolver

El misterio lo tendrá que resolver ahora la sección compostelana de la Audiencia. Tendrá que decidir si, pese a las contradicciones e indefiniciones, el testimonio de Nerea A. A. les resulta creíble hasta el punto de condenar a Adrián L. C. con sus palabras como única prueba de cargo.

Pase lo que pase, todo apunta a que el misterio de la brutal agresión que nadie vio en una discoteca llena de gente quedará sin resolverse. ¿Cómo es posible que un acto tan violento no haya sido percibido por nadie más y que solo haya declarado como testigo en el juicio una amiga del acusado? ¿Por qué nadie llamó a testificar al encargado de la discoteca? ¿Por qué los dos denunciantes se contradicen en algo tan fácil de responder como si son pareja o no? ¿Están denunciantes y acusado contando todo lo que saben o se han callado detalles para evitar que el tribunal conozca asuntos que quieren ocultar? Son preguntas que seguramente quedarán sin respuesta decida lo que decida la Audiencia. Habrá que esperar a la sentencia para saber a quién creyeron más los magistrados.

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