Adiós a la panadería más antigua de Santiago

San Luis, un negocio que abrió en 1885, cerró sus puertas el pasado día 15


santiago / la voz

En el número 76 de la calle Rosalía de Castro estaba, hasta ahora, la panadería más antigua de Compostela: San Luis. Así reza en el pequeño toldo morado que hay encima de la puerta de entrada, donde está escrito el nombre, y el año en el que el establecimiento echó a andar: 1885. Una fecha de nacimiento que evoca un tiempo lejano, inimaginable para muchos, y que convierte a este establecimiento en un negocio extraordinariamente longevo, con 134 años de vida, lo que supone sobrevivir a tres siglos diferentes, un récord al alcance de muy pocos. Desde hace nueve años, la familia propietaria tenía alquilado el local a otra panadera, Ana Beiras, que lleva más de tres décadas en el sector y que, previamente, había estado al frente de otra panadería en Fontiñas, Farandullas, muy cerca del instituto de enseñanza secundaria. San Luis cerró sus puertas el pasado día 15.

Es media tarde del lunes, el día que arranca la semana, y el establecimiento se encuentra cerrado justo a la hora en la que las madres y sus hijos compran algo para la merienda, un ritual que siguen los universitarios que pasan del callejón de Derecho. En el escaparate hay un cartel que dice: «A partir de marzo encontrarás nuestros productos en O Pan de Leis panadería». Es un establecimiento que está en Frei Rosendo Salvado, y al que esta panadera ha decidido llevar sus recetas.

Dentro del viejo local de Rosalía de Castro se aprecia una luz al fondo. Al llamar a la puerta, sale Ana Beiras. «Este es un negocio muy duro, que requiere estar de pie, y yo no puedo seguir por recomendación médica: tuve una trombosis en una pierna, el trombo no ha desaparecido, y el médico me ha dado una serie de consejos que son incompatibles con continuar con esta actividad», detalla. La hasta ahora arrendataria explica que su adiós no es por motivos económicos, que el negocio iba tirando para los tiempos que corren, aunque admite que dentro había que hacer algunas reformas para adecuar el interior del local a lo que estipula la licencia. En estos nueve años, Ana Beiras ha seguido las recetas tradicionales del negocio.

«La de la rosca me la dio Maruja, una señora mayor ya, que está por encima de los ochenta años, y cuyo marido creo que era el nieto de los fundadores de la panadería, de la familia San Luis», explica. Estos días, Ana Beiras se encuentra recogiendo y limpiando todo, con mucha paciencia. Y sobre todo, dando explicaciones a los clientes que, al ver negocio cerrado, llaman a la puerta para interesarse. Vecinos que iban a buscar los productos de siempre: las cocadas, las magdalenas, los bizcochos, las pastas. «Bueno, ellos lo van entendiendo, pero les entristece, porque es su establecimiento de toda la vida», explica esta mujer.

Ana Beiras desconoce qué sucederá con este establecimiento y si la familia propietaria, finalmente, podrá encontrar otro panadero que se haga con las riendas. Tal vez San Luis haya cerrado por un tiempo, o quizá sea para siempre.

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