Todoterrenos gallegos que conquistan el mundo

Mario Beramendi Álvarez
Mario Beramendi SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

MARTINA MISER

Urovesa ya genera en el exterior el 67 % de sus ventas. A los usos militares se suman las unidades civiles, de alto valor y adaptadas al cliente, algo que los distingue de la competencia

12 feb 2019 . Actualizado a las 19:11 h.

Malasia, Indonesia, Singapur, Omán, Baréin, Kuwait, Rumanía o Portugal son algunos de los países en los que, recientemente, Urovesa ha colocado sus productos. Con sedes en Santiago de Compostela y Valga, esta empresa, dedicada a la fabricación de vehículos especiales, se ha convertido en un referente en el mercado de unidades adaptadas tanto para usos militares como civiles. Con una facturación de 58 millones y 110 empleos directos, la firma trabaja ahora en nuevos proyectos, como la incorporación de nuevos sistemas de motorización más eficientes y que permitan asumir los retos que se plantean a nivel de emisiones contaminantes.

Urovesa ya ha empezado a comercializar vehículos basados en soluciones con gas natural y combinaciones híbrido-eléctricas. El objetivo es estar en disposición de ofrecer a los clientes un abanico muy amplio que permita cubrir cualquier necesidad que planteen a nivel de motorización. La empresa gallega también está trabajando para desarrollar aplicaciones urbanas muy especializadas, producidas en series cortas pero con un alto valor tecnológico, que cubran necesidades que a día de hoy los grandes fabricantes de camiones no cubren. Es el caso, por ejemplo, de vehículos para recogida de residuos urbanos y servicios municipales en general, en zonas de la ciudad donde se requieran dimensiones muy reducidas y una alta capacidad de carga.

Urovesa está presente en 30 países de cuatro continentes. Le falta conquistar Oceanía. La compañía vendió en el 2018 a Argentina sesenta camiones contraincendios que servirán para proteger sus parques naturales. Se trata de vehículos con doble cabina, tracción cuatro por cuatro, con 4.500 litros de capacidad de carga para agua y espuma y que poseen además un sistema de autoprotección térmica y de aire respirable en la cabina para la tripulación. Una tecnología de la que disponen también las unidades que compró la Xunta para los servicios de extinción de incendios.