Cerca de seis mil opositores llaman a la puerta del empleo público en la ciudad

Las academias han notado un repunte en la matrícula en las últimas semanas, tras el anuncio de nuevas convocatorias


Santiago / la voz

Solo en Compostela hay cerca de una veintena de academias donde prepararse para el concurso público y en ellas hay más de 5.500 alumnos matriculados actualmente, sin contar con aquellos que estudian por libre. En los centros confirman que las matriculaciones se han disparado en las últimas semanas, tras el anuncio de nuevas convocatorias.

«Estamos en cifras de alumnos similares ás de antes da crise», indican en la academia para fuerzas y cuerpos de seguridad Atel. Lo confirma también el jefe de estudios de Adams, Francisco Merlán: «Cuando más gente tuvimos fue en torno al 2006. Unos tres años más tarde fue cayendo, pero estamos en un momento de recuperación, llegando al nivel que había antes». En el centro del barrio de Pontepedriña, el grupo mayoritario son opositores de la Xunta que, junto a los del Sergas, suponen el 60 % del total.

«No podemos abrir más grupos y los profesores trabajan a un ritmo altísimo», dicen en Centro Estudio. Y en Cesforem, cuya metodología apuesta por una formación individual, explican que en los últimos meses no paran de recibir llamadas demandando información, desde que salieron las convocatorias de la Xunta y el Sergas. Apuntan que cada vez hay más gente pendiente de los procesos selectivos, debido a la precariedad e inestabilidad laboral, y «hay un efecto llamada en las convocatorias que no requieren título, como para el C1 y C2 de la Xunta, porque además no es un temario muy largo».

Superando a alguna facultad

En algún caso, como en Premir, el volumen de alumnos ya supera al de muchas facultades. Rondan los 2.500 opositores, incluyendo a los que se preparan a través de su campus virtual: «Cada vez más optan por él, porque ya no es esa herramienta anacrónica de antes y la flexibilidad que ofrece es brutal, tanto para quien trabaja como el que está fuera».

En Premir está Lorena Barreiro, teense de 26 años. Ya se presentó a las oposiciones de Secundaria el año pasado, mientras preparaba un máster, para «ver en que consistía e ir este ano aos exames de Xeografía e Historia máis preparada. Psicoloxicamente o máis difícil é pasar tanto tempo encerrada e soa, estando acostumada antes a ir cada día a clase e ver xente». Nada más acabar sus estudios se embarcó en las oposiciones, como sus compañeros de Primaria Laura Insua, Adrián Sueiro y Antía Varela. Los tres responden al perfil habitual para esta etapa educativa, la mayoría de entre 22 y 27 años sin experiencia laboral, o con poca.

La noiesa Laura Insua, hija de dos profesores, repara en «la seguridad» que da un empleo público frente a la enseñanza privada. Adrián Sueiro, de Lousame, se presentó en septiembre por primera vez al proceso selectivo, pero no alcanzó la nota: «Non me dubidei en facelo de novo porque anima que vaian saíndo prazas». Antía Varela, también repite. Ella trabaja como dependienta para «manterme e como unha vía de escape, porque cando o tomas en serio é algo que chega a obsesionar», aunque reconoce que tener una pareja y amigos que opositan es un gran apoyo.

Comparten academia con Vanesa Liñares Acebedo. La dezana ya trabajó de enfermera en la privada y actualmente lo hace con el Sergas, en el área sanitaria de Santiago, al tiempo que estudia. «Son Pull e levo catro anos na lista de corta duración, na que te chaman nos días soltos, mesmo podes empezar o turno nun sitio e acabar noutro. Os contratos que están saíndo son malos e buscas algo de estabilidade», cuenta, pero «traballar e opositar ao mesmo tempo é moi duro, as horas non chegan a nada».

Roberto Taboada, con experiencia tanto en la empresa privada como en la docencia e investigación pública, hará en junio el examen de Física y Química. Dice que tras probar suerte en las distintas áreas tiene clara su vocación y «el hecho de saber las plazas que hay es una motivación». Minia Bermúdez De la Puente, por contra, tuvo desde el comienzo claro que lo suyo era la educación pública: «Desde pequeña quise ser profe de Mate y el sector privado es muy afín a mí».

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