Santiago busca a 5.000 nuevos funcionarios

La capital gallega, que en los 80 y 90 consolidó miles de puestos de trabajo públicos, afronta un intenso relevo generacional por las jubilaciones, que serán masivas en la próxima década


Santiago / La Voz

Ni llegaron de golpe, ni se van a ir en desbandada, pero es indiscutible que Santiago ha iniciado un imparable proceso de renovación de su plantilla funcionarial que se va a ir intensificando en la próxima década. El negocio está asegurado para las academias de formación y también para los restaurantes donde se celebren las tradicionales comidas de despedida para celebrar las jubilaciones de empleados públicos, que se producirán a miles. Sí, a miles, porque solo en la Xunta está programada hasta el 2028 la salida de 8.500 funcionarios adscritos a la Administración Xeral, o sea, prácticamente la mitad de los que trabajan en las consellerías y organismos autonómicos y que tienen mayoritariamente su destino en la capital de Galicia, como sede de las instituciones.

Las cifras que maneja la Consellería de Facenda ?la que paga las nóminas? y los sindicatos son gruesas pero coincidentes. Entre las principales sedes autonómicas y centros de trabajo repartidos por la ciudad (San Caetano, San Lázaro, la Cidade da Cultura, A Barcia....) se pueden contabilizar 2.400 empleados públicos y cerca de novecientos laborales entre los que también se avecinan cambios, bien hacia la funcionarización o la jubilación.

Esta cascada de cambios en la Xunta no es casual. Mariano Rajoy fue el primer director xeral de Relacións Institucionais en 1982, y entonces le pusieron un despacho en un piso de la Rúa do Vilar. No existía San Caetano, que se inauguró tres años más tarde con Xosé Luís Barreiro de vicepresidente. El complejo se diseñó para 1.700 trabajadores, y se fue ampliando hasta los dos mil actuales. En 1988, la estructura ya había crecido hasta los 11.000 empleados, de los que solo 5.000 eran funcionarios de carrera, mientras que los restantes figuraban como contratados laborales que se fueron integrando en las sucesivas oposiciones y procesos de promoción interna.

La primera oposición amplia, la que marca un antes y un después, es la de 1993, que acaba de celebrar sus bodas de plata y en la que están, entre otros, el exalcalde de A Coruña, Carlos Negreira, que fue el número 1 de la promoción, y el actual presidente de la Xunta, que como muchos otros rondaba los 30 años de edad. Los números no fallan. A todas aquellas numerosísimas generaciones, que en algunos casos ya habían acumulado años como interinos, les va a tocar jubilarse como funcionarios de carrera relativamente pronto. La gran mayoría andan por los 55 años, pero también son muchos los que están más cerca de los 60, como el propio Feijoo, integrado en el Corpo Superior (los que se mueven entre los niveles 20 y 30).

Entre 1.500 y 2.000 puestos

Según la proporción de trabajadores de la Xunta que desempeñan su trabajo en los servicios centrales de Santiago o en las delegaciones autonómicas, el número de nuevos funcionarios que se incorporarán a sedes compostelanas se moverá entre las 1.500 y las 2.000 personas, siempre en una proyección a diez años e incluyendo a organismos que dependen de la Administración (CRTVG, fundaciones...). Y sin contar los empleados con nómina autonómica pero que están adscritos a las consellerías de Educación, Sanidade o Xustiza.

En total, el IGE identifica en Santiago 14.000 empleados públicos, con una destacada presencia de personal del Sergas, seguida de la Xunta, la Universidade, el personal de Educación, el Concello (bomberos, policías y administrativos), la comisaría y otras empresas públicas estatales como Aena, Renfe o Correos.

Casi trescientos profesionales del área sanitaria llegarán a 65 o más años a lo largo del 2019 

E. Á.

El empleo público tiene en el Servizo Galego de Saúde otro de sus destinos. La presencia de varios hospitales en la ciudad, además de los centros de salud, convierten a la sanidad en uno de los principales objetivos de los opositores compostelanos. Porque además la tasa de reposición en este ámbito es del cien por cien, lo que quiere decir que Sanidade se compromete a convocar todas las plazas que queden vacantes por jubilación. Hay actualmente en la EOXI de Santiago -que también incluye las áreas de Barbanza y Deza- 278 profesionales que cumplen 65 o más años en el 2019 y siguen en activo. De ellos, la mayoría se concentran en los hospitales, 193, y el resto trabajan en atención primaria. Es cierto que el Sergas permite prorrogar la jubilación hasta los 70 años, pero son muchos los que decidirán colgar la bata.

La renovación afecta principalmente a médicos y enfermeros, ya que sobre todo en la primera de las categorías Galicia tiene una plantilla muy envejecida de galenos. Según los datos de la gerencia, de los 85 trabajadores que este año cumplen 65 o más años en primaria, 49 son médicos y 22 enfermeras. En los hospitales, de los 193, 67 son facultativos y 38 personal de enfermería.

Una OPE de 1.400 puestos

El Sergas ha convocado una oferta pública de empleo de unas 1.400 plazas, aunque las oposiciones de Sanidade no detallan qué puestos irán a cada hospital o centro de salud, sino que se estructuran por categorías. La OPE del 2018 incluye 512 plazas de licenciados sanitarios, de las que casi medio millar son de médicos. De ellas, 112 reforzarán la primaria, tanto en pediatría como en medicina de familia. También se ofertan 659 puestos de diplomados sanitarios y técnicos de FP; y 229 de gestión y servicios.

Doscientos profesores de la USC se jubilarán y el 12 % de los PAS sobrepasan los 60 años 

t. M.

La USC tiene también que iniciar un proceso de renovación acelerado a corto plazo. Según los cálculos de la Universidade compostelana, al menos 200 profesores deberán jubilarse en los próximos cinco años. Al menos 200, porque esa es la cifra de retiros forzosos y la única que se puede predecir con tiempo. Eso significa que al menos 200 docentes cumplirán los 70 años entre este año y el 2022, pero puede que a lo largo del próximo lustro haya otros muchos que decidan dejar la docencia antes de llegar a la edad tope de jubilación. En los últimos cinco años, de las aulas compostelanas han salido unos 230 docentes que ya han completado su vida laboral.

Con una tasa de reposición que en los últimos años ha alcanzado el 100 % y que podría incluso superarse a partir de ahora, la institución académica compostelana quiere abrir un proceso amplio de contratación que palíe el salto generacional que se ha dado en la plantilla, con un número importante de trabajadores por encima de los 60 años y un excesivamente pequeño de menores de 35 años. Para este año, por ejemplo, prevén una oferta pública de unas cincuenta plazas. Un proceso que habrá que combinar también con la promoción interna de su profesorado.

A la plantilla docente hay que sumar la de trabajadores de administración y servicios. La Universidade no ha podido dar cifras concretas de la previsión de jubilaciones, pero la estadística del Ministerio de Educación deja entrever también que el envejecimiento pasa factura. Según las cifras del último anuario estadístico de indicadores universitarios, el 12 % de los trabajadores no docentes de la institución académica compostelana están en proceso de jubilación, o lo que es lo mismo: tienen una edad comprendida entre los 60 y los 66 años.

Solo el Concello genera entre 12 y 15 plazas anualmente 

p. c.

La plantilla del Concello de Santiago, como la de la mayoría de las Administraciones, está envejecida. Muestra de ello es que, de media, cada año está habiendo entre 12 y 15 jubilaciones y toda esa bolsa de plazas vacantes acaba cubriéndose íntegramente, ya que «cumprimos todos os requisitos: superhábit, débeda baixa, a regra de gasto, etcétera», indican desde el Ayuntamiento. Al margen de este proceso de renovación, está sobre la mesa la jubilación anticipada de 18 policías y el gobierno local prevé sacar la oferta de empleo para darle relevo este mismo mes.

Si las tasas de reposición estatal siguen como hasta ahora, incluso se podría ganar una plaza más cada año por la tasa adicional, siempre y cuando se cumplan los requisitos económicos. Compostela Aberta insiste en que «a taxa de reposición é un ERE encuberto das Administracións locais, e urxe que o Goberno do Estado revise a lei».

Cerca de seis mil opositores llaman a la puerta del empleo público en la ciudad

Las academias han notado un repunte en la matrícula en las últimas semanas, tras el anuncio de nuevas convocatorias

p. Calveiro

Solo en Compostela hay cerca de una veintena de academias donde prepararse para el concurso público y en ellas hay más de 5.500 alumnos matriculados actualmente, sin contar con aquellos que estudian por libre. En los centros confirman que las matriculaciones se han disparado en las últimas semanas, tras el anuncio de nuevas convocatorias.

«Estamos en cifras de alumnos similares ás de antes da crise», indican en la academia para fuerzas y cuerpos de seguridad Atel. Lo confirma también el jefe de estudios de Adams, Francisco Merlán: «Cuando más gente tuvimos fue en torno al 2006. Unos tres años más tarde fue cayendo, pero estamos en un momento de recuperación, llegando al nivel que había antes». En el centro del barrio de Pontepedriña, el grupo mayoritario son opositores de la Xunta que, junto a los del Sergas, suponen el 60 % del total.

«No podemos abrir más grupos y los profesores trabajan a un ritmo altísimo», dicen en Centro Estudio. Y en Cesforem, cuya metodología apuesta por una formación individual, explican que en los últimos meses no paran de recibir llamadas demandando información, desde que salieron las convocatorias de la Xunta y el Sergas. Apuntan que cada vez hay más gente pendiente de los procesos selectivos, debido a la precariedad e inestabilidad laboral, y «hay un efecto llamada en las convocatorias que no requieren título, como para el C1 y C2 de la Xunta, porque además no es un temario muy largo».

Superando a alguna facultad

En algún caso, como en Premir, el volumen de alumnos ya supera al de muchas facultades. Rondan los 2.500 opositores, incluyendo a los que se preparan a través de su campus virtual: «Cada vez más optan por él, porque ya no es esa herramienta anacrónica de antes y la flexibilidad que ofrece es brutal, tanto para quien trabaja como el que está fuera».

En Premir está Lorena Barreiro, teense de 26 años. Ya se presentó a las oposiciones de Secundaria el año pasado, mientras preparaba un máster, para «ver en que consistía e ir este ano aos exames de Xeografía e Historia máis preparada. Psicoloxicamente o máis difícil é pasar tanto tempo encerrada e soa, estando acostumada antes a ir cada día a clase e ver xente». Nada más acabar sus estudios se embarcó en las oposiciones, como sus compañeros de Primaria Laura Insua, Adrián Sueiro y Antía Varela. Los tres responden al perfil habitual para esta etapa educativa, la mayoría de entre 22 y 27 años sin experiencia laboral, o con poca.

La noiesa Laura Insua, hija de dos profesores, repara en «la seguridad» que da un empleo público frente a la enseñanza privada. Adrián Sueiro, de Lousame, se presentó en septiembre por primera vez al proceso selectivo, pero no alcanzó la nota: «Non me dubidei en facelo de novo porque anima que vaian saíndo prazas». Antía Varela, también repite. Ella trabaja como dependienta para «manterme e como unha vía de escape, porque cando o tomas en serio é algo que chega a obsesionar», aunque reconoce que tener una pareja y amigos que opositan es un gran apoyo.

Comparten academia con Vanesa Liñares Acebedo. La dezana ya trabajó de enfermera en la privada y actualmente lo hace con el Sergas, en el área sanitaria de Santiago, al tiempo que estudia. «Son Pull e levo catro anos na lista de corta duración, na que te chaman nos días soltos, mesmo podes empezar o turno nun sitio e acabar noutro. Os contratos que están saíndo son malos e buscas algo de estabilidade», cuenta, pero «traballar e opositar ao mesmo tempo é moi duro, as horas non chegan a nada».

Roberto Taboada, con experiencia tanto en la empresa privada como en la docencia e investigación pública, hará en junio el examen de Física y Química. Dice que tras probar suerte en las distintas áreas tiene clara su vocación y «el hecho de saber las plazas que hay es una motivación». Minia Bermúdez De la Puente, por contra, tuvo desde el comienzo claro que lo suyo era la educación pública: «Desde pequeña quise ser profe de Mate y el sector público es muy afín a mí».

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