El infierno de aparcar en el Clínico

Los coches invaden cada día el recinto del hospital, ocupando pasos de cebra, rotondas y hasta las aceras, en las que hasta 200 vehículos impiden el tránsito a los peatones

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Coches mal aparcados en el Hospital Clínico Coches mal aparcados en el Hospital Clínico

Santiago

Una visita al hospital genera (casi) siempre angustia. En el caso del Clínico de Santiago, la congoja prende en el ánimo tanto por lo que sucede en el interior del edificio como en su exterior. Y es que aparcar en el recinto se convierte cada día en una odisea para los miles de usuarios que acuden al centro médico. Un infierno que se prolonga cuando ya se ha dejado el vehículo y, convertidos en peatones, se encuentran con que el tránsito a pie es dificultoso, a menudo imposible y siempre peligroso porque el interior de las rotondas, las zonas verdes, los pasos de cebra y hasta las aceras están atestadas de coches que se agolpan por todas partes sin dejar espacio para ambulancias o sillas de ruedas.

Una mañana cualquiera hasta doscientos vehículos aparcan en las aceras del Clínico. Y no en puntos alejados, no. En todo el perímetro del edificio principal, con casos tan indignantes por la falta de civismo de algunos conductores como la acera que conecta el párking subterráneo con el hospital, que está siempre invadida por vehículos en toda su extensión haciendo que los peatones tengan que caminar por el asfalto.

No menos insoportable es recorrer la acera de la fachada principal. Los vehículos no solo se encaraman a ella con descaro, sino que llegan incluso a bloquear los pasos de cebra sin piedad ni consideración para las personas que tienen que acceder al hospital en silla de ruedas. Lo mismo sucede en la bajada hacia Urxencias, que también está repleta de turismos y es frecuente ver a los enfermos bajar en silla de ruedas por el asfalto.

El caos se apodera cada mañana de todo el recinto. No se respeta nada. Ni la zona reservada para las ambulancias se libra del incivismo generalizado y siempre hay algún vehículo que estaciona en ella encendiendo los intermitentes de avería como si con ello obtuviese patente de corso. Y la maniobra no es ni tan siquiera una acción rápida. Un llegar, dejar al enfermo y reemprender la marcha, sino que los hay que pueden estar allí parados durante horas.

El descontrol diario incluye escenas de descaro absoluto como la de un conductor que, haciendo la maniobra de estacionamiento para ocupar una plaza en la zona exclusiva para ambulancias, colisionó contra un vehículo del 061 y ni tuvo la delicadeza de bajarse. La buena voluntad del sanitario evitó el conflicto y él mismo reparó el parachoques del vehículo a puñetazo limpio.

Un único vigilante de seguridad intenta frenar el desmadre apostado desde la isleta central del vial de la fachada del edificio, pero solo actúa ante casos extremos. Cuando el descaro de los conductores sobrepasa ya todos los límites y compromete el trabajo de las ambulancias o que los taxis puedan dejar en la puerta del hospital a los enfermos con dificultades de movilidad.

El Clínico es un lugar sin ley. La Policía Local solo acude en caso de accidente, porque el recinto es propiedad del Servizo Galego de Saúde (Sergas) y no existe un convenio con la gerencia del hospital que permita que los agentes municipales controlen el tráfico y multen a los infractores.

A la escasez de plazas en los aparcamientos gratuitos que rodean el edificio ?no hay espacio suficiente ni para los trabajadores en los que tienen reservados? hay que añadir que el párking de A Choupana es carísimo. Nada menos que 2,10 euros la primera hora ?4,35 dos y 6,60 tres?, lo que hace que muchos quieran ahorrarse el atraco. Y por eso es más fácil encontrar un hueco libre en el subterráneo que en las aceras. Desesperante.

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