«Nos da pena no haber visto en la Catedral la misa del peregrino»

Un grupo de coreanos que acudió a la basílica en el primer día de interrupción del culto por obras se llevó una pequeña decepción


Santiago / la voz

«Nos da pena no haber visto en la Catedral la misa del peregrino». Con esta franqueza se expresaba Jennifer Liu, guía de un grupo formado por 11 coreanos de entre 17 y 72 años que llegó -por los pelos- a la primera misa del peregrino celebrada ayer en la iglesia de San Francisco. «Nadie nos había avisado de que era aquí, hasta que entramos en la Catedral. Es una pena, porque casi la mitad son católicos y les hacía ilusión, pero por lo menos pudieron verla aquí», añadía la responsable del viaje jacobeo que partió este mes desde Pamplona, quien se ha encargado de traer ya a 25 grupos a Compostela.

Otros se enteraron con un poco más de margen del cambio de ubicación de la misa del peregrino, como un matrimonio de Gijón que ya había presenciado en visitas anteriores la celebración en la Catedral hace años. Juan Manuel Fierro y Ana Isabel Fonseca eran dos de los turistas que, junto a religiosos y peregrinos, asistieron ayer a la iglesia franciscana. En su caso, coincidiendo con un viaje de ocio y devoción. «Quería venir a agradecer que cumplí los 70 años», indicaba él.

En total, se llegaron a juntar cerca de 40 personas en San Francisco, si bien es cierto que al comienzo de la misa había poco más de 15 personas, dispersas entre dos hileras de bancos desoladas, en un lunes invernal y laborable (salvo para los universitarios, al coincidir con Santo Tomás de Aquino) y en un espacio distinto al habitual.

Más de 40 años en la basílica

La misa del peregrino lleva celebrándose en la Catedral desde que en 1976 el arzobispo Ángel Suquía la instauró tal. Desde entonces siempre ha sido así, salvo en contadas excepciones, como durante las multitudinarias misas del peregrino presididas por el papa Benedicto XVI en el Obradoiro (2010) o por Juan Pablo II en el Monte do Gozo (1982).

A diferencia de lo que sucede en la Catedral, los peregrinos sí pudieron acceder a la iglesia franciscana con sus mochilas, que amontonaron junto a las columnas de la nave central, aún empapadas por el chaparrón que cayó por la mañana. El canónigo Salvador Domato se encargó de oficiar esta liturgia. Destacó cómo «los padres franciscanos, con exquisita amabilidad, nos acogen». Una orden que, además, añadió, lleva alentando el espíritu de la peregrinación a Compostela a través de la figura de San Francisco de Asís. De hecho, nada más entrar, en uno de los tablones, las imágenes de varios viajeros que emprendieron el Camino de Asís recibían a los asistentes.

Aunque sin la pompa del imponente altar mayor de la Catedral, que sigue abierta visitas, el templo de San Francisco da la bienvenida a los peregrinos en un espacio mucho más humilde, aunque con numerosos tesoros por descubrir. El primero de ellos, el órgano restaurado que suena desde la parte alta durante la celebración de la misa del peregrino. Esta se mantendrá en la iglesia franciscana previsiblemente, hasta entrado el 2020, cuando se culminen las obras en la basílica dedicada al Apóstol, cuya figura sigue recibiendo los abrazos en el altar mayor y su sepulcro las visitas, a pesar del parón en el culto.

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