Las primeras variedades de olivo gallego llegarán a los viveros después del verano

Brava gallega y Mansa gallega son resultado de investigaciones de la Misión Biológica de Galicia, del CSIC, que estudió 120 ejemplares centenarios para fijar su ADN y características


Santiago / La Voz

Las dos primeras variedades de olivo autóctono gallego, Brava gallega y Mansa gallega, estarán disponibles en los viveros gallegos previsiblemente después del verano, avanza Santiago Ramos, director técnico de la Asociación de Viveristas del Noroeste (Asvinor), que las comercializarán. Dos viveros, A Revolta, del lugar de A Mosca, en Sergude (Boqueixón), y Costa de Lóngaras, de Abadín recibieron ayer los primeros ejemplares, para proceder a su multiplicación y comercialización posterior. Tendrán una licencia no exclusiva, mediante un contrato de tres años de duración, que podrá prorrogarse.

Las primeras plantas para conseguir ese objetivo las recibieron en Santiago, en la sede autonómica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Un centro de ese organismo público de investigación, la Misión Biológica de Galicia, investigó en Pontevedra, en su grupo de viticultura, para establecer ambas variedades. Fue el resultado del trabajo del último sexenio, en el que estudiaron el ADN y fijaron las diversas características de esas dos variedades, tras indagar en 120 olivos centenarios, afirmó Carmen Martínez Rodríguez, jefa de ese grupo de investigación. Destacó que entregan las plantas libres de virus y que ahora se procederá al proceso de certificación pertinente, en colaboración con la Xunta y el Gobierno central, como marca la normativa legal, y que tiene una duración mínima de cuatro años.

«Galicia volve ter oliveiras. Hoxe é un día histórico»

«Galicia volve ter oliveiras. Hoxe é un día histórico, despois de varios séculos pelexando», manifestó en el acto Enrique Sáez Ponte, presidente de la Fundación Juana de Vega, que financió en exclusiva la investigación. Además de Asvinor, también colaboró en el proceso la Asociación de Productores de Aceite de Oliva y Aceitunas de Galicia (APAG), de la que acudió Elvira Blanco, su portavoz y directiva. Estas dos variedades fueron reconocidas oficialmente en octubre del 2017. Desde que se conoce su existencia, en Asvinor, APAG, Fundación Juana de Vega y Misión Biológica reciben continuadas llamadas de personas particulares y agricultores profesionales con interés en poder plantarlas, afirmaron los representantes de estas entidades. Una vez que se planten se prevé que a partir del quinto año se podrá empezar a obtener rendimiento de su producción, y al décimo año estarán a pleno rendimiento.

La Misión Biológica de Galicia detectó 19 variedades de olivos que se pueden considerar autóctonas. Las 17 restantes se perfilarán y presentarán próximamente, avanzó. Detectaron que, como Brava gallega y Mansa gallega están identificados árboles que no pertenecen a esas variedades. En Pontevedra determinaron su forma característica, color, forma del fruto, tamaño del hueso, sabor y otras características que las identifican bien; afirmó. Para indicar que algún olivo de los plantados en la comunidad pertenece a esas variedades habría que analizar su ADN y realizar los estudios correspondientes, indicó Carmen Martínez Rodríguez.

En busca del oro verde de Galicia Fueron los artífices de la D.O. Rías Baixas que disparó la demanda del Albariño. Ahora, la Misión Biológica del CSIC tiene una nueva meta: descifrar el ADN de los olivos gallegos. Después han dado ya con 8 variedades autóctonas

Denominación de origen

Este trabajo abre la puerta a una posible denominación de origen de las olivas y del aceite que produzca a partir de ellas en Galicia, resaltó la investigadora. Aunque es un paso que deberá hacerse «se vale a pena», matizó Enrique Sáez Ponte. El presidente de la Fundación Juana de Vega manifestó que esta es una iniciativa más de los esfuerzos de la entidad para recuperar el patrimonio biológico de Galicia, como ocurrió con la uva de Betanzos; o un proyecto que promueven, con cofinanciación europea, para recuperar variedades de huerta autóctona. Estas variedades pueden suponer los inicios para desarrollar en Galicia un sector con personalidad propia, como ya ocurre con el vino, defendió Sáez Ponte.

El presidente del CSIC en Galicia, Eduardo Pardo de Guevara y Valdés, relató que recientemente, en una comida en un palacio, en Roma, les sirvieron aceite en pequeños envases, indicando que era el mejor del mundo, y se enfatizó que había sido producido en el sur de la provincia de Ourense.

En España hay unoas 1.200 variedades de olivo descritas. Representan la mayor diversidad del mundo en este cultivo y dispone también de la mayor superficie cultivada, de la que el 62 % se concentra en Andalucía. En Galicia, el cultivo de olivos se extiende sobre todo por el sur de las provincia de Lugo y A Coruña y por distintos puntos de las de Ourense y Pontevedra, señala el CSIC. El organismo público de investigación estuvo también representado en el acto por Ángela Ribeiro Seijas, vicepresidente adjunta de transferencia del conocimiento, quien se desplazó desde Madrid.

«O aceite ten moito pasado aquí, pero tamén futuro»

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Quiroga simboliza la resistencia de unos olivos que ya pueden presumir de pasaporte gallego. La tradición abre paso al negocio

Las talas se extienderon y dejaron prácticamente huérfana de olivos a una comunidad con lugares bautizados como Oliveira y Olveda. Hay quien señala a los Reyes Católicos, también al Conde-Duque de Olivares. Unos cuantos siglos después, los productores ya no piensan en culpables pasados, sino en las perspectivas que se dibujan en el horizonte. «Son parte de nós. Non sei se dende os fenicios, pero aquí facemos o noso propio aceite dende sempre», explica Julio Quiroga. Como si estuviera marcado por su apellido, la comarca lucense con la que comparte apelativo concentra buena parte de los ejemplares más antiguos que sobreviven hasta hoy, es el responsable de la almazara Ouro de Quiroga. La versión actualizada e industrial de los molinos con los que sus antepasados elaboran cada otoño su propio aceite. «Ten moito pasado aquí -insiste Julio-, pero tamén presente». En su planta trabajan hasta ocho personas en la época de la recogida. Quedan por delante aún dos semanas de vareado. «Seguimos a ‘muxir’ as oliveiras coa man, pero tamén introducimos novas técnicas, coma os vareadores a batería». Tratan los frutos de sus plantaciones, cerca de tres hectáreas en parcelas de entre 2.000 y 3.000 metros cuadrados en su mayoría, pero también de los miembros de la Asociación de Productores de Aceite y Oliva de Galicia (Apag). Un colectivo del que también forman parte y que pasó de los seis socios en el 2014, cuando arrancó, a los cien actuales. «A maioría son pequenos agricultores que querían aproveitar con novos usos as súas terras», explica el presidente, José Antonio García.

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