Los turistas dejan en Santiago catorce euros al día menos que en el 2005

Prefieren los albergues a los hoteles y su estancia no suele superar las dos noches


santiago / la voz

La crisis económica, pero también la globalización del turismo y la posibilidad de elegir ofertas para todo tipo de bolsillos, ha hecho mella en el sector en Compostela, que está viendo cómo cada vez más crece el número de turistas y, sin embargo, baja el beneficio que dejan. Es un fenómeno global que afecta, sobre todo, a las grandes ciudades, y que es una de las causas de esa moda conocida como turismofobia o saturación por turismo. La capital de Galicia acaba de celebrar un nuevo récord de peregrinos, con 327.342 en el 2018, pero ese éxito indiscutible del Camino de Santiago se traduce en un perfil de visitante con menor poder adquisitivo o que, si lo tiene, no se plantea grandes dispendios en su viaje a Compostela, que no encaja en los paquetes turísticos de lujo.

El Centro de Estudios Turísticos, un organismo vinculado a la Universidade de Santiago al que pertenece el Observatorio Turístico de Santiago de Compostela, realiza desde hace doce años el estudio Perfil de la demanda turística de Santiago de Compostela, y en esos informes se puede ver cómo, poco a poco, va cambiando el modelo de visitante, ya sea por las propias circunstancias del turismo compostelano, ya sea por cuestiones que afectan al fenómeno turístico en general. El caso es que hay costumbres, variables y modelos entre los que escogen Santiago para sus vacaciones que se han mantenido a lo largo del tiempo y otros que han cambiado sustancialmente. Entre los segundos, el gasto que hacen los turistas en su estancia en la ciudad, que ha bajado considerablemente en ese tiempo, de 71,6 euros diarios que se dejaban de media en el 2005 a los 57,7 del 2017. Son 14 euros menos por persona cada día, y la cifra ni siquiera es la más baja de la serie, porque en el 2016 fueron 56,2 euros de media, y en el 2014 fueron 54,2 euros.

El estudio también analiza el gasto diario de los excursionistas -los que pasan el día en la ciudad pero no pernoctan- aunque en este caso apenas hay diferencia entre los 38,7 euros de media del 2005 a los 38 euros del 2017. Eso sí, si se detiene la vista en los años en los que más apretó la crisis, sí se puede comprobar cómo, en el 2014, los que llegaban de excursión ajustaban al máximo sus gastos, con unos 23,9 euros de media que se dejaban en su visita a Compostela.

El auge del albergue

Hay otros apartados del estudio que van en la misma línea y que constatan el interés del turista por elegir, entre la oferta de la ciudad, la más barata. El establecimiento elegido para pernoctar, por ejemplo. Hace doce años se preferían los hoteles, con un 44,1?% de visitantes que se alojaban en esos establecimientos. A mucha distancia estaban los hostales (19,9 %), las casas de amigos y familiares (9,9 %) y los albergues (10,1 %). Ahora, en cambio, el hotel lo eligen solo el 36,6 %, se mantienen las pernoctas en los hostales y el uso de las casas de amigos y familiares baja al 5,7 %. Pero lo que crece sobre todo es el uso de los albergues, hasta un 22,3 % en el 2017, y el auge, sube.

Los turistas compostelanos también ahorran acortando su estancia. En el 2005, el 61 % pasaba en la ciudad una o dos noches, mientras que el 39 % restante alargaba sus vacaciones hasta tres, cuatro noches o más. Ahora, los que no superan las dos noches son el 70,5 %, y solo un 29,5?% se queda más tiempo. Es una tendencia contrastada por otros estudios que va a más.

El visitante llega en avión

Algunos aspectos que van cambiando en el informe de año en año tienen que ver con las nuevas formas de hacer turismo. Frente a lo que ocurría hace doce años, cuando el coche particular era todavía el medio de transporte elegido por la mayoría (37,1?%), mientras que el avión lo tomaban un 26,6 % de los visitantes a Compostela, en la actualidad desembarcan en el aeropuerto un 49 % de los turistas y solo un 22,8?% llegan a la ciudad en coche. En esa tendencia influye también que cada vez son más los extranjeros que llegan a la ciudad. En el 2005, el 50,4 % eran de Galicia o de otras comunidades españolas, y el 49,6 % restante eran europeos o de otras partes del mundo. La tendencia se invirtió: ahora el 51 % son extranjeros y el 48,9?%, españoles.

Por encima de otras muchas cosas, su interés se centra en la Catedral. Visitar el tempo y su entorno era el objetivo principal del 95 % de los turistas en el año 2005; en el 2017, ese porcentaje subió al 99 %.

Hostelería dice que «hai que recuperar a cidade como destino e non como lugar de paso»

A la directiva de la asociación Hostelería Compostela no le sorprende el dato, es algo que viene constatando desde hace tiempo: «Sempre se está a falar de que chegan milleiros de persoas pero nós non o vemos, porque o beneficio non queda aquí», dice Rita Sobrado, vicepresidenta de la asociación Hostelería Compostela. Para ser exactos, Sobrado reconoce que no es un hecho que se dé solo en Santiago, que es un fenómeno global porque está cambiando el modelo turístico, pero que en la ciudad tiene unas características propias que acentúan más esa tendencia. Los hosteleros se quejan de la escasa promoción de los atractivos de la ciudad, que ya no es un destino ni siquiera para los peregrinos. «Quedan unha noite e ao día seguinte marchan para Fisterra, non paran nin a cear». Cree la vicepresidenta de la asociación que es necesario potenciar el turismo cultural y «recuperar a cidade como destino e non como lugar de paso». Que el visitante se quede y que gaste.

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