Chus Iglesias: «La pobreza más grande que existe en este momento es la soledad»

Más de 200 personas pasaron por la carpa del Paluso en Nochebuena y otras tantas en Navidad

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Comida solidaria de Navidad en la Alameda Así fue la Festa do Paluso, que cumple ya 24 años

Santiago / la Voz

Son las cuatro y media de la tarde y María Jesús Iglesias Gómez, Chus, no ha tenido respiro para sentarse un minuto. Mucho menos para comer. Eso vendrá después, cuando los últimos comensales de la Festa do Paluso abandonen la carpa instalada en la Alameda que encarna el verdadero espíritu navideño. La jornada anterior, Nochebuena, acabó de madrugada. Las horas de trasiego se acumulan a las espaldas de esta mujer. Todos reclaman su atención. Solo verla ir de un lado para otro resulta estresante. Pero ella no pierde la sonrisa. Curtida en la hostelería y sus duras lidias, asegura que no le pesa el cansancio físico. «Acabo satisfecha», dice conteniendo las lágrimas. La motivación que la mueve es como un motor de alta cilindrada.

Cada año, ininterrumpidamente desde 1995, la Festa do Paluso sirve una cena el día 24 y una comida el 25 para la que no hace falta invitación. En ellas no solo se llena el estómago, también encuentran el calor de una familia aquellos que carecen de compañía en estas fechas. «La pobreza más grande que existe en este momento es la soledad», destaca Chus Iglesias, alma máter de esta iniciativa solidaria, quien insiste en que «la gente no viene por comer. En Santiago tenemos una institución maravillosa que es la Cocina Económica. Aquí tratamos de paliar un poquito esa soledad».

Calcula que pasaron por la carpa más de 200 personas el lunes y otras tantas ayer, «porque cuando unas salían otras entraban». El ambiente, señala, fue «especialmente emotivo este año porque había muchos niños, más de lo previsto». La noche del 24 llegaron a juntarse una veintena. Dibujaron, cantaron, bailaron y arrancaron las sonrisas de aquellos a los que más les cuesta encontrar un regocijo. Así lo cuenta Chus cuando los últimos comensales se sirven el café o el chocolate de la sobremesa. Suena de fondo un tema de Hot Chocolate (coincidencias de la vida) y el All I Want Is Christmas de Mariah Carey da paso al sorteo de regalos que puso la guinda, animado por Simone Negrín (colaborador entregado desde hace más de 15 años).

Desde Francia a Japón

Prácticamente la mitad habían compartido mesa la noche anterior. «Hay algunas personas que llevan viniendo desde el principio», apunta Chus. Pero siempre hay caras nuevas. Tanto unos como otros se van de allí con unos calcetines o una prenda polar. El lunes se unieron a la Festa do Paluso algunos de los que llegaron a Santiago a través del Camino desde Francia, Italia o Japón. Y ayer hubo «muchísimos peregrinos. Cuando se encuentran con todo esto alucinan, máxime cuando le das su regalo, porque de aquí no se va nadie con las manos vacías», sentencia la compostelana.

En el menú de Nochebuena no faltó de nada: langostinos, mejillones, almejas con habas, jamón asado y bacalao con coliflor (nunca falla). Y, al día siguiente, volvió a haber marisco y pollo al horno. Eso sí, «aquí no se sirve alcohol». La bebida más fuerte que se podía encontrar era tinto de verano, para evitar subidas de tono.

Cerca de una docena y media de voluntarios colaboraron para atender a los comensales. Esta vez, incluso sobraron manos, indica Chus, orgullosa de la implicación vecinal. «El que más y el que menos aporta algo para esto. El domingo vinieron los empleados de Viaqua y nos trajeron de parte de los trabajadores cuatro cestas de Navidad. Para nosotros eso es el reconocimiento. No necesitamos otra cosa», cuenta. Y, si no fuera por el dinero que se recauda con las huchas y la gala benéfica que organiza el Coro da Ra y amigos, «no podríamos hacer esta fiesta, porque desde hace un tiempo no estamos en condiciones de asumir este gasto», indica.

«Para mí la Navidad es la época más emocionante del año, por lo que significa y por lo que puedo compartir. Lo más bonito es la cara de los niños cuando les das los regalos, se les ilumina», subraya Chus, quien puede presumir de tener más dibujos que un dentista.

El Paluso. Conocido bar del barrio de Conxo que regentaban Chus Iglesias y su marido, Serafín Varela, cuyo nombre rinde homenaje a sus tres hijos (Patricia, Luis y Soana). El establecimiento fue reabierto primero en Milladoiro y el año pasado en el Polígono del Tambre.

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